Noche de guerra en la jaula: decisiones ajustadas y TKO
Desde el primer intercambio quedó claro que Rabindra Dhant y Kasib Murdoch no habían venido a especular. Centro de la jaula, campana y Murdoch va directo a la pierna: engancha el leg lock con firmeza y obliga a Dhant a trabajar a la defensiva. El indio responde con calma, a base de jabs constantes, picando, incomodando, sin dejar que Murdoch ajuste la sumisión.
La posición se transforma en un intento de estrangulación a pleno, pero Murdoch sale con oficio del choke. El británico responde intentando la suya: busca la estrangulación por la espalda, rear naked choke, que Dhant lee y evita con mucha sangre fría. El asalto se apaga con Dhant atrapado en el suelo, pero sin un ápice de pánico en el rostro.
Murdoch arranca el segundo round manteniendo el control superior. Domina la posición, pesa con todo su cuerpo, pero Dhant no se inmuta. Desde abajo, encuentra una rendija, un mínimo espacio, y lo convierte en oro: mete un codazo poderoso directo al rostro de Murdoch. El impacto retumba. El público reacciona. Y con ese golpe termina un primer tramo muy parejo.
En el último asalto, Murdoch vuelve a su plan A: caza la pierna de Dhant y lo arrastra hacia la jaula. Esta vez, sin embargo, el desgaste se nota. Dhant suelta una ráfaga de hooks, izquierda y derecha, que tambalean a Murdoch. El británico, herido pero no roto, responde con orgullo: recupera el top control y cierra el combate con una serie de jabs desde arriba.
Nada claro. Nada obvio. Tres asaltos de ida y vuelta. Al final, todo en manos de los jueces.
Decisión dividida. Y el nombre que se escucha es el de Rabindra Dhant. Victoria trabajadísima, ganada a codazos y paciencia.
Meng hace valer la casa y se impone a Fukuda
Meng tenía el público, pero no el ritmo. Arrancó fría, contenida, midiendo demasiado. Frente a ella, Fukuda aceptaba el intercambio sin complejos. En el tramo final del primer asalto, Meng por fin acorta la distancia y conecta un derechazo limpio que equilibra una manga muy pareja.
En el segundo asalto, la local sube una marcha. Empuja a Fukuda hacia la jaula, encadena un par de golpes y, con el momento a favor, atrapa el brazo de su rival y cierra un estrangulamiento firme. Fukuda, lejos de rendirse, sobrevive y se escapa con un temple admirable.
La tercera y última ronda llega con todo por decidir. Meng mantiene la presión y, cuando el reloj se acerca a los últimos 40 segundos, el combate se rompe. Fukuda se lanza a la desesperada, hook tras hook, pero no encuentra destino. Meng lee cada intento, se coloca por encima en el suelo y descarga un ground and pound contundente hasta la campana final.
Otra vez, decisión dividida. Otra vez, un combate que pudo ir a cualquier lado. Esta vez, el fallo se inclina hacia Meng, que se lleva la victoria entre los aplausos de su gente.
Suzuki, velocidad y castigo: TKO sobre Larcinese
El duelo entre Suzuki y Larcinese arrancó con promesa de caos. Larcinese abrió con patadas bajas de tanteo, pero quien marcó el tono fue Suzuki: rápido, punzante, un derechazo veloz que encontró destino y dejó claro quién tenía la chispa.
El japonés se movió sin parar, ágil, obligando a Larcinese a reaccionar siempre un segundo tarde. El italiano rozó el desastre cuando esquivó por milímetros una rodilla voladora que, de conectar, lo habría mandado a dormir. El primer asalto se fue con ambos intercambiando golpes, pero con la sensación clara de que Suzuki veía todo un poco antes.
En el segundo, Suzuki pisó el acelerador. Varió los golpes, cambió alturas, obligó a Larcinese a encerrarse en una guardia defensiva. Cuando por fin recibe un impacto, responde con instinto: entra, derriba y se coloca por encima. Desde ahí, desata una serie de golpes que no encuentran respuesta efectiva.
El árbitro observa, espera… y decide intervenir. TKO. Suzuki se lleva la victoria por detención, contundente, sin dejar espacio a la duda.
Tajima domina a distancia y se gana una cita con Dhant
Ryo Tajima y Chungreng Koren ofrecieron una pelea de ajedrez físico. Desde el inicio, Tajima explotó su ventaja de alcance. Jab, paso atrás, esquiva. Todo lo que Koren lanzó, el japonés lo vio venir y lo evitó sin excesivos problemas.
Koren intentó cambiar el guion con un derribo, pero Tajima plantó los pies y negó la proyección. El indio logró empujar a su rival contra la jaula, lo mantuvo ahí, pero un fallo de estabilidad cambió todo: Tajima cayó por encima y descargó una lluvia de jabs desde la posición superior para cerrar el primer asalto con autoridad.
En el segundo, Koren insistió con la misma receta: presión contra la jaula, clinch, desgaste. Tajima, sin embargo, encontró un hueco, se giró y lanzó un derechazo limpio que desorientó claramente al indio. Aun así, el round terminó como empezó: Koren empujando a Tajima contra la reja y conectando un par de golpes cortos.
La tercera ronda siguió el patrón. Koren, más expresivo, más suelto, buscando volumen. Tajima, más frío, seleccionando mejor sus momentos. Al sonar la campana final, nadie podía cantar victoria con seguridad.
Los jueces sí. Decisión unánime para Ryo Tajima, que se gana el derecho a enfrentarse al ganador del duelo entre Rabindra Dhant y Kasib Murdoch. Ya sabe que será Dhant el que le espere.
Park se adueña del tramo final y castiga la valentía de Abduveva
El cruce entre Bohyun Park y Abduveva fue una guerra de desgaste. El primer asalto dejó un combate equilibrado, con ambas encontrando huecos puntuales, sin que ninguna lograra imponer un dominio claro.
Todo cambió en el segundo. Abduveva tomó la iniciativa en el clinch, lanzó varias patadas al torso de Park y trató de imponer su físico. Pero la surcoreana, paciente, fue leyendo los tiempos. En el tramo final del round, Park encontró el hueco perfecto: un jab sólido, directo a la nariz, que dejó a Abduveva sangrando y cambió la inercia del combate. Park cerró la manga con varios golpes potentes que inclinaron la balanza a su favor.
Antes del último asalto, los médicos revisaron a Abduveva para decidir si podía seguir. La respuesta fue sí. Y volvió a la jaula con el rostro marcado, pero con la misma determinación.
Park olió la oportunidad. La surcoreana la llevó contra la jaula, la mantuvo allí, insistió una y otra vez con el intento de derribo. Abduveva se negó a rendirse. Se defendió, resistió, sangró más. Tiempo muerto: la hemorragia obligó a otra pausa. Y aun así, regresó de nuevo.
Cuando sonó la última campana, la sensación era clara: el trabajo constante de Park, su presión y su precisión en los momentos clave habían pesado más. Los jueces coincidieron: decisión unánime para Bohyun Park.
Una noche de decisiones ajustadas, sangre, técnica y carácter. Y la certeza de que varios de estos nombres volverán a cruzarse más adelante, con algo todavía mayor en juego.






