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Luchador defiende su nombre tras derrota y viejas acusaciones

El luchador, recién derrotado el sábado por la noche, decidió hablar cuando el ruido era más fuerte. No para discutir una táctica, ni para justificar un error en la jaula, sino para enfrentar de frente unas viejas acusaciones reabiertas en plena semana de combate por su rival.

Lo hizo con un mensaje directo: apela a su círculo más cercano, a quienes asegura conocen no solo al deportista, sino al marido y al padre de una niña pequeña. Desde ahí construyó su defensa. Recordó que el incidente al que se hizo referencia ocurrió en sus años universitarios y que, según su versión, fue utilizado como arma psicológica antes de la pelea. Esa maniobra, sin embargo, reactivó un caso que, insiste, ya había sido revisado y cerrado hace años.

El peleador fue tajante: afirma que no hizo nada de lo que se le acusó. Sostiene que nunca fue imputado por un delito, que la fiscalía decidió no presentar cargos y que el expediente quedó archivado. Subraya que las acusaciones no se pasaron por alto ni se minimizaron, sino que fueron “revisadas a fondo”, con su cooperación total con las autoridades, incluido un proceso separado bajo el marco de Title IX en el entorno universitario.

En su relato, recalca tres puntos clave: no hubo cargos penales, no hubo condena y no hubo una resolución oficial que lo declarara responsable. Añade que su propio abogado llevó a cabo una investigación independiente y dejó constancia de que, incluso con cambios posteriores en la legislación, el desenlace habría sido el mismo. Para el luchador, ese detalle es ahora su principal escudo.

También reconoce el peso del tema. Dice entender la gravedad de acusaciones de este tipo y que la gente pueda hacerse preguntas cuando solo escucha una parte de la historia. Aun así, marca una línea: a partir de ahora, asegura que centrará su energía en su esposa, su hija, su familia y el trabajo que tiene por delante en su carrera. Agradece a quienes se mantienen a su lado y repite una idea que se convirtió en el eje de su mensaje: él sabe quién es, su familia sabe quién es y quienes han caminado con él a lo largo de su vida también lo saben. Lo demás, deja entrever, queda fuera de su foco.

Después de defender su nombre, miró al otro lado de la jaula. Tuvo palabras para su rival, el hombre que lo derrotó y que sacó a relucir el episodio en la previa. Le dio la enhorabuena sin rodeos: “me atrapaste”, admite. Reconoce un error propio, concede que fue la noche de su oponente y se remonta a sus días de lucha colegial, cuando una derrota lo obligó a reconstruirse con una voluntad feroz que lo llevó a la cima de su deporte.

Esa es la imagen con la que quiere que se le recuerde tras la caída del sábado: no la de un hombre acorralado por el pasado, sino la de un competidor que ve en este tropiezo un trampolín. Está convencido de que el revés lo impulsará a regresar con más enfoque y hambre. Lo dice sin titubeos: volverá a ser grande y esta derrota, por dura que haya sido, no será la que lo defina.