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Joshua Van defiende su título en UFC 331: una guerra épica

Joshua Van solo tiene 24 años, pero la discusión se ha terminado: ya es uno de los mejores peleadores del planeta.

Nueve meses después de aquel desenlace anticlimático que le dio el título mosca en UFC 323, el campeón y Alexandre Pantoja se regalaron una segunda oportunidad a la altura del rencor acumulado. En UFC 331, en el Crypto.com Arena de Los Ángeles, firmaron una guerra de cinco asaltos candidata a Pelea del Año. Esta vez no hubo dudas: Van se impuso por decisión unánime (49-46, 49-47, 50-45), defendió por segunda vez su cinturón y se asentó como el nuevo rey de las 125 libras.

“Muchos dijeron que la primera vez fue accidental. Dúdenme ahora”, lanzó Van tras el combate, con el rostro aún marcado por la batalla. Luego, respeto absoluto para su rival: “Shout out to Pantoja, nothing but respect from me. He's a tough motherf***er, man”.

De “campeón de accidente” a soberano de los 125

Van (18-2) y Pantoja (30-7) se habían cruzado en diciembre, en UFC 323. Aquella noche, una lesión fortuita en el brazo dejó al brasileño fuera a los 26 segundos y terminó con su reinado de dos años. Van se convirtió en el segundo campeón más joven en la historia de la compañía, pero la etiqueta le pesó: para muchos, había sido un golpe de suerte.

La previa de la revancha lo reflejaba todo. Pantoja llegaba todavía catalogado como el número 2 libra por libra en el ránking de Uncrowned; Van, bastante más abajo, en el 10. Nueve meses de pullas, miradas cruzadas y tensión. Nueve meses de escuchar que el cinturón no era realmente suyo.

La respuesta llegó en forma de infierno a cinco asaltos.

Pantoja marca el ritmo, Van aprende a nadar en aguas profundas

El ex campeón, 36 años, experiencia de sobra y un historial de guerras en la división, salió a imponer jerarquía desde el primer segundo. Tackle limpio, derribo y control sobre el joven monarca. Fue uno de los cinco takedowns que consiguió en los 25 minutos, una declaración de intenciones: Pantoja quería ahogar a Van en el suelo.

Pero el Van de mayo, el que había derrotado a Tatsuro Taira, no era el mismo de diciembre. Su defensa de lucha exhibió un salto de nivel evidente. Neutralizó 11 de los 16 intentos de derribo de Pantoja, se levantó una y otra vez, se negó a ser amarrado contra la lona. Cada vez que encontraba los pies, el combate cambiaba de color.

En el intercambio de pie, el campeón brilló. Ritmo endiablado, manos en ráfaga, combinaciones al cuerpo y a la cabeza sin descanso. Tras ceder varios minutos de control en el primer asalto, Van pisó el acelerador en el segundo y el tercero. Abrió cortes en el rostro de Pantoja, empezó a marcarlo con volumen, a castigarle el cuerpo, a desordenar la guardia del brasileño a base de insistencia.

El orgullo del ex campeón y el quinto asalto de un rey

Pantoja no vino a entregar nada. Cuando parecía que el joven monarca había tomado el control definitivo, el veterano respondió con su mejor tramo de la noche. En el cuarto asalto lo llevó al suelo, lo encerró abajo y lo castigó con golpes y codos desde la posición superior. Minuto tras minuto de presión, de maña, de experiencia. Un recordatorio de por qué fue campeón y por qué muchos seguían viéndolo como el hombre a batir en la categoría.

Van salió del cuarto asalto magullado, pero no quebrado.

El quinto fue su declaración definitiva. El campeón salió como si la pelea estuviera empatada. Volumen alto, manos pesadas, una cadencia que ya no podía seguir Pantoja. El brasileño, ensangrentado y tambaleante, empezó a irse hacia atrás. La presión, esta vez, venía del lado del joven.

La acción culminó con la única caída oficial del combate: un uno-dos perfecto al mentón que mandó a Pantoja al suelo. No hubo final antes de la campana, pero el mensaje quedó grabado: el chico al que llamaban campeón de accidente había dominado la pelea más grande de su vida.

Las cifras lo cuentan a su manera. Van conectó 259 de 392 golpes lanzados; Pantoja, 159 de 300. Entre ambos, casi 700 intentos de golpe en cinco asaltos. Un ritmo que muy pocos pueden sostener.

Para Van, primer campeón nacido en Myanmar en la historia de UFC, fue la actuación que necesitaba tras casi un año de dudas y críticas. El cinturón ya no se discute: lo ganó en el caos, lo confirmó en la guerra.

Para Pantoja, uno de los grandes nombres de siempre en el peso mosca, la derrota deja una marca incómoda: la primera racha de dos caídas consecutivas de toda su carrera. A los 36, con tanto castigo acumulado, la gran incógnita es cuántas batallas más le quedan al ex rey.

El resto de la noche en UFC 331

La cartelera principal dejó también momentos contundentes. En el peso ligero, Arman Tsarukyan no esperó demasiado: noqueó a Mauricio Ruffy con codos a los 4:56 del primer asalto. En pluma, Patricio Pitbull necesitó apenas 3:28 del primer round para vencer por TKO a Doo Ho Choi.

El peso pesado entregó una sacudida monumental: Sean Sharaf fulminó a Gable Steveson con un solo puñetazo a los 12 segundos del primer asalto, un batacazo histórico. En semipesado, Alonzo Menifield se llevó una apretada decisión dividida sobre Iwo Baraniewski (29-28, 28-29, 29-28).

En las preliminares, Marlon Vera se impuso a Charles Jourdain por TKO a los 2:02 del tercer asalto en gallo, mientras que Robelis Despaigne derrotó por decisión dividida a Tai Tuivasa en pesado (29-28, 28-29, 29-28), en una noche amarga para el australiano, que igualó el récord histórico de derrotas en UFC. Michael Aswell Jr. ganó por decisión dividida a Joo Sang Yoo en pluma, y Ryan Gandra finalizó a Ozzy Diaz por TKO a los 2:04 del primer asalto en peso medio.

En los primeros combates, Edmen Shahbazyan venció por decisión unánime a Brunno Ferreira (29-28, 29-28, 30-27) en medio, Casey O'Neill sometió con llave de brazo a Eduarda Moura a los 3:22 del primer asalto en mosca femenina, y Joanderson Brito noqueó a Giga Chikadze a los 1:57 del primer asalto en pluma.

La noche dejó muchos nombres propios, pero uno por encima del resto. Joshua Van entró a UFC 331 con un cinturón cuestionado. Sale con algo más pesado que el oro: la validación de haber sobrevivido y dominado una de las guerras más feroces que se recuerdan en la división mosca. La pregunta ya no es si merece el título. Es quién se atreve ahora a ir a quitárselo.