Alexander Zverev supera un duro debut en el US Open
Alexander Zverev llegó a Nueva York con una etiqueta nueva y pesada: campeón de Grand Slam. Y en su primer partido en el US Open, esa condición estuvo a un par de puntos de desmoronarse ante un Lorenzo Sonego desatado que obligó al alemán a sobrevivir casi cinco horas de tensión pura: 6-4, 3-6, 6-7(7), 7-5, 6-4, en un estreno que se estiró hasta la madrugada del miércoles.
No fue un debut. Fue una advertencia.
Un número uno del cuadro contra las cuerdas
Con el título de Roland Garros aún fresco y sin Jannik Sinner en el torneo, muchos miran a Zverev como el gran referente del cuadro, más aún con Carlos Alcaraz recién regresado de una lesión. Pero el italiano, número 89 del mundo, ignoró por completo el guion.
El primer set dejó ya una pista: Zverev mandaba, sí, pero no cerraba. Solo convirtió una de siete bolas de ‘break’. Suficiente para el 6-4, insuficiente para calmar los nervios. Sonego resistía, respondía agresivo, y no tardó en cambiar el tono del partido.
En el segundo parcial, el italiano pegó primero. Rompió pronto, tomó la iniciativa y empezó a mandar con el servicio. Cerró el set en blanco, con un saque directo, como una declaración de intenciones: no había venido a ser comparsa de la noche.
El giro en el ‘tie-break’ y la sombra del KO
El tercer set fue un tira y afloja constante. Ninguno cedía del todo, los juegos se alargaban, la tensión crecía. Todo se decidió en el ‘tie-break’, donde Zverev se disparó en el peor momento posible: una doble falta le abrió la puerta a Sonego, que no perdonó y se puso 2-1 arriba en sets.
En ese instante, el estadio olió la sorpresa. El primer cabeza de serie del cuadro al borde de un tropiezo histórico: nadie en su posición caía en primera ronda de un grande desde Lleyton Hewitt en Wimbledon 2003.
El cuarto set subió aún más la temperatura. Ambos se rompieron el servicio, el margen de error desapareció. Zverev se vio a dos puntos de la eliminación. Dos puntos. Con la presión clavada en la raqueta, sostuvo su saque en un juego clave y, acto seguido, le arrebató el servicio a Sonego para estirar la noche a un quinto set.
La reacción había llegado en el límite.
El físico decide, la cabeza remata
En la manga definitiva, la balanza empezó a decantarse. Sonego, después de más de cuatro horas de intercambio feroz, empezó a quedarse sin gasolina. Las piernas ya no acompañaban a la valentía. Zverev, que tantas veces ha sido cuestionado por su resistencia en partidos largos, olió la oportunidad.
El alemán apretó desde el resto, se hizo con el ‘break’ decisivo y ya no soltó el control del marcador. Cerró el 6-4 final con el alivio evidente de quien sabe exactamente lo que acaba de evitar: no solo una eliminación temprana, sino un golpe de autoridad perdido en un torneo que se le abre como una gran oportunidad.
“Estoy simplemente feliz por haber ganado, nada más”, admitió después, aún empapado de partido. Habló de “batalla increíble”, de “muchos altibajos” y de casi cinco horas que convierten este duelo en el estreno más largo de su carrera en un Grand Slam. Y dejó un reconocimiento claro: “Él habría ganado a muchos jugadores, pero estoy feliz de estar en la siguiente ronda”.
Sobrevivió el favorito. Sufrió, dudó, se tambaleó, pero no cayó. En un US Open sin Sinner y con Alcaraz buscando ritmo, Zverev ya sabe que el camino no será un paseo. Y que, a veces, el verdadero torneo empieza cuando uno está a dos puntos de irse a casa.






