Alexander Zverev alcanza la final del US Open 2023
Nueva York – Alexander Zverev ya está donde se siente más cómodo últimamente: en una final de Grand Slam. El alemán se metió en el partido por el título del US Open del 11 de septiembre tras imponerse a Karen Khachanov por 6-3, 7-6 (9-7), 7-6 (8-6), una victoria trabajada, tensa y que refuerza la sensación de que atraviesa el tramo más sólido de su carrera.
Zverev acelera en los grandes
Campeón de Roland Garros esta temporada, Zverev llegó a Nueva York con dudas físicas y de desgaste tras dos estrenos maratonianos a cinco sets. Desde entonces, ha cambiado el guion por completo: cuatro triunfos seguidos sin ceder un solo set y tercera final consecutiva de Grand Slam. Números de dominador. Números de candidato a todo.
En Flushing Meadows regresa a un escenario que conoce bien. En 2020 se quedó a un paso del título ante Dominic Thiem. Cuatro años después, vuelve al mismo estadio con más madurez, más oficio y un tenis que aguanta la presión de los momentos calientes.
Golpe inicial y respuesta de Khachanov
El partido arrancó con Zverev marcando territorio. Se adueñó de la línea de fondo, castigó con el servicio y se llevó el primer set por 6-3, imponiendo un ritmo que parecía demasiado alto para un Khachanov sin cabeza de serie pero siempre peligroso.
Impulsado por esa inercia, el alemán arrancó el segundo parcial con un quiebre temprano. Parecía que el duelo se le escapaba al ruso. Parecía, hasta que Khachanov empezó a encontrar profundidad y peso en sus golpes, especialmente con el revés, y quebró para cortar una racha impresionante: 37 juegos consecutivos al servicio de Zverev sin ser roto.
Ese break cambió el tono del encuentro. Khachanov se soltó, empezó a arriesgar más con la derecha y llevó el set a un desempate de alto voltaje.
Dos tie-breaks, un mismo dueño
El segundo set se decidió en un tie-break de 14 minutos que condensó todo: nervios, alternativas y errores al límite. Khachanov llegó a rozar el golpe anímico que podía haber girado el partido, pero cuando la tensión subió, Zverev aguantó mejor. El ruso falló en los puntos clave; el alemán, no. 7-6 (9-7) y un golpe psicológico directo.
El tercer parcial calcó el guion. Igualdad, pocas concesiones al saque y otra vez el desempate como juez. Khachanov volvió a adelantarse en el marcador del tie-break, volvió a insinuar una remontada y, de nuevo, se topó con un Zverev firme, preciso y con un punto más de temple. El alemán remontó y cerró el choque por 7-6 (8-6), firmando su séptima victoria en diez enfrentamientos directos ante el ruso.
Un gigante en los Grand Slams
La estadística habla por sí sola: Zverev presenta ahora un balance de 24-2 en partidos de Grand Slam esta temporada. Solo dos derrotas en los cuatro grandes en todo el año. Una regularidad que muy pocos pueden exhibir en el circuito actual.
También confirma su idilio reciente con las grandes citas: tres finales seguidas de Grand Slam, dos finales de US Open en su carrera y la sensación de que, a diferencia de 2020, esta vez llega con un plan claro y una confianza mucho más asentada.
En la final del 12 de septiembre le espera el ganador de la semifinal íntegramente estadounidense entre Frances Tiafoe y Ben Shelton. Sea cual sea el rival, el decorado ya está listo: Zverev vuelve al gran escenario de Nueva York, a un paso de su segundo título de Grand Slam y con una pregunta flotando en el aire del Arthur Ashe: ¿estamos viendo el año en el que el alemán se instala definitivamente en la cima del tenis?






