Alexander Zverev conquista el US Open 2024
Nueva York se preparó para una fiesta americana y acabó aplaudiendo, a regañadientes, el año consagratorio de Alexander Zverev.
El alemán, número uno del cuadro por primera vez en un Grand Slam, se coronó campeón del US Open al derrotar a Ben Shelton por 6-3, 7-6(2), 5-7, 6-2, firmando su segundo título grande de la temporada y prolongando una sequía que ya se hace pesada: ningún tenista estadounidense levanta un major desde 2003.
El año de Zverev, por fin
Zverev ya había roto su techo en Roland Garros. Allí se quitó un peso histórico. En Nueva York, lo confirmó. Ganó el título que se le escapó de forma traumática en 2020, cuando dejó ir dos sets de ventaja ante Dominic Thiem y se convirtió en el primer jugador desde 1949 en perder una final de Grand Slam tras ir dos sets arriba.
Aquellos fantasmas ya no están. En este 2024, el alemán ha pisado todas las grandes citas: final en Wimbledon, donde cayó ante Jannik Sinner, campeón en París y ahora rey en Flushing Meadows. Heredó el primer puesto del cuadro cuando Sinner, número uno del mundo, se bajó por una lesión de rodilla, y no desperdició el privilegio.
En la Arthur Ashe, jugó como lo que decía el ranking: el hombre a batir.
Shelton, el sueño que no llegó… todavía
Shelton cargaba con el peso de dos historias. Quería convertirse en el primer campeón estadounidense desde Andy Roddick en 2003 y, al mismo tiempo, en el primer jugador negro en ganar el título masculino desde Arthur Ashe en 1968. La grada lo sabía. Lo sentía. Lo necesitaba.
El estadio se levantó en bloque cuando apareció por el túnel. Rugió. Pero el partido arrancó y el joven de 23 años no encontró el ritmo. Sirvió primero, perdió los dos primeros puntos y terminó regalando el juego inicial con una doble falta. Mal presagio.
Zverev olió la sangre y no soltó el control del primer set. Lo cerró, irónicamente, con otra doble falta de Shelton. El público, que había llegado dispuesto a empujar a su nuevo héroe nacional, se quedó sin material para encenderse.
El estadounidense venía de firmar una noche épica: había eliminado al defensor del título, Carlos Alcaraz, en un maratón a cinco sets que terminó a las 3:33 de la madrugada, el final más tardío en la historia del torneo. En la final buscaba otra hazaña: ser el primer jugador desde 1975 en derrotar al primer y al segundo cabeza de serie camino del título.
No lo consiguió. El número 8 del cuadro cayó a un 0-6 absoluto en su cara a cara con Zverev, aunque al menos arrancó un set por segunda vez en sus duelos.
Silencio, manda Zverev
La batalla no fue solo de golpes. También de tiempos, de silencios, de nervios. Zverev, con su rutina eterna al saque —botes y más botes, a veces diez, otras doce, otras cerca de veinte—, adormeció el ambiente y redujo al mínimo la influencia de la grada. Cada servicio se convertía en una pausa larga, en una tregua obligada.
En tenis, se espera que el público se calle antes del saque y mantenga el silencio hasta que termine el punto. La Ashe lo respetó a regañadientes. Cuando el alemán fallaba el primer servicio, algunos se desahogaban con gritos y celebraciones, un gesto que el juez de silla tuvo que frenar. A Zverev, que ya había avisado antes del partido de que le gustan los ambientes hostiles, no pareció afectarle.
El momento clave llegó en el segundo set. Shelton se había asentado, conectaba con la grada y olía la posibilidad de igualar el duelo. El tiebreak decidiría si el partido se abría o si Zverev clavaba el puñal.
Lo que vino fue un desempate casi perfecto del alemán con el servicio. Shelton devolvió largo el primer saque, encajó luego un passing soberbio y perdió después un peloteo de 16 golpes. 3-0. Golpe al ánimo.
Zverev soltó entonces un cañonazo de 147 mph, seguido de otro servicio a 124 mph que Shelton ni tocó. El estadounidense recortó hasta el 5-2 y por fin logró poner una devolución en juego, pero el punto también cayó del lado del número uno. Un último saque a 139 mph cerró el desempate y dejó al alemán a un set de la copa.
Shelton reaccionó con orgullo y se llevó el tercer set, empujado por una grada que se negaba a rendirse. Pero la remontada se quedó ahí. En el cuarto parcial, Zverev volvió a subir el nivel, cortó de raíz cualquier intento de rebelión y cerró el encuentro con autoridad.
Un título que pesa y una espera que se alarga
El 6-2 del cuarto set no solo le dio a Zverev su segundo Grand Slam del año. También alargó a más de dos décadas la espera del tenis masculino estadounidense, que sigue sin encontrar al heredero de Roddick en las grandes finales.
Shelton, con 23 años y un techo aún por descubrir, parece destinado a volver. Ya ha demostrado que puede tumbar a campeones como Alcaraz y sobrevivir a las noches más largas de Nueva York. Pero el domingo, en la primera gran final de su carrera, se topó con un jugador en plena madurez competitiva.
Zverev, el hombre que un día dejó escapar un major con dos sets de ventaja, se ha convertido en el campeón que ahora sabe cerrar las puertas cuando huele el título. Y en un circuito que busca nuevas jerarquías tras el dominio de una generación histórica, su año empieza a sonar a algo más que una buena racha.






