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Zuffa y su estrategia para conquistar a Ryan Garcia y David Benavidez

Ryan Garcia y David Benavidez están a una pelea de la agencia libre. Y Zuffa Boxing ya ha colocado el tablero a su gusto. La jugada maestra no empezó con ellos, sino con dos nombres que, sobre el papel, parecían el centro del proyecto: Conor Benn y Jai Opetaia. En realidad, eran la apertura de partida.

Ryan Garcia, un ídolo sin hogar fijo

La relación entre Garcia y su promotor, Oscar De La Hoya, lleva años rota por dentro. El vínculo se mantiene por contrato, no por confianza. El californiano lleva tiempo buscando, casi de forma instintiva, a otro promotor: alguien que lo trate como la estrella que siente que es y que construya su carrera a esa escala.

La referencia la tiene muy clara. Su pelea de abril de 2023 contra Gervonta “Tank” Davis fue su mayor éxito comercial: un evento de PBC en Showtime que generó 1,2 millones de compras de pago por visión y una taquilla de 22,8 millones de dólares. Después de saborear esa maquinaria, Garcia demandó a Golden Boy para intentar romper el contrato.

No lo consiguió entonces. Estaba atado. Hoy solo le queda una pelea con Golden Boy y el escenario ha cambiado por completo.

Zuffa Boxing y TKO han puesto sobre la mesa más de 30 millones de dólares para Conor Benn en dos combates, en parte para poder construir un duelo con Garcia. Y cuando ese combate llegó, Ryan volvió a sentir lo mismo que con “Tank”: gran evento, promoción agresiva, foco total sobre su figura. Se vio, otra vez, como una superestrella.

El lunes, en una charla con Uncrowned, Garcia no escondió su felicidad trabajando con la estructura de Dana White. Y el momento no podía ser mejor para que Zuffa le enseñara lo que puede ofrecerle a largo plazo.

Un evento de Ring Magazine… que olía a Zuffa por los cuatro costados

Hubo un intento muy claro, nada disimulado, de presentar Garcia–Benn como un evento Zuffa y a Garcia como un peleador de la casa. Oficialmente, el show estaba financiado por Ring Magazine. Pero cualquiera que siguiera la promoción o viera la velada en Paramount+ habría jurado que se trataba de una noche TKO/Zuffa.

Dana White ejerció de promotor visible, dentro y fuera del ring. Fue la cara del evento… y, en la práctica, la cara del futuro que se le quiere vender a Garcia.

De La Hoya, en cambio, desaparecido. Ni en la previa, ni en la semana de pelea, ni en la noche grande. Nada. Y eso no fue casual. La estrategia era evidente: asociar en la mente del público a Ryan Garcia con Zuffa y Paramount+, ir construyendo la idea de que su casa natural ya no es Golden Boy. Zuffa se ha dedicado a mostrarle a él, y al mercado, que nadie monta grandes noches de boxeo con esa potencia.

Benn fue una pieza clave para eso. Y también un misil directo al corazón de Eddie Hearn.

El golpe a Matchroom y la lección más dura para Hearn

Arrebatar a Conor Benn fue un mazazo para Hearn y Matchroom. No solo en lo económico. También en lo emocional. Benn formaba parte, junto a Katie Taylor y Anthony Joshua, del grupo de estandartes de la promotora: peleadores nacidos profesionalmente con Matchroom, por los que Hearn se partía la cara y que, en teoría, nunca lo iban a abandonar.

Lo demostró cuando defendió a Benn durante dos años tras sus múltiples positivos por clomifeno, un fármaco de fertilidad femenina. Hearn se jugó su reputación por él. Y aun así, Benn se fue.

El mensaje fue demoledor: ya no hay intocables. Cualquier boxeador de Hearn —o de cualquier otro— está en el mercado. Todos recibirán llamadas cuando llegue el momento. Si los promotores tradicionales no pueden igualar el dinero, tendrán que despedirse.

Bob Arum lo advirtió hace años: “No te enamores de tus peleadores porque te romperán el corazón”. Suena frío, casi cruel, pero es la realidad del negocio. Arum lo aprendió a golpes. De La Hoya también. Ahora le tocó a Hearn.

Mientras tanto, Zuffa se quedó con una de las grandes estrellas del boxeo británico y aprovechó la ola: con Benn en su plantilla, cerró un jugoso acuerdo de televisión en el Reino Unido con Sky Sports y reforzó su presencia en un mercado clave.

Opetaia, la llave hacia Benavidez y el pulso con los organismos

En la misma velada de Garcia–Benn, Jai Opetaia no perdió el tiempo. Detuvo a Noel Mikaelian en nueve asaltos y, todavía caliente, llamó a David Benavidez desde el micrófono. Benavidez, sentado a pie de ring, subió al cuadrilátero para el cara a cara.

Benavidez tiene solo una pelea más con PBC y el promotor Sampson Lewkowicz. Y Dana White no ha escondido que “The Mexican Monster” está en su lista de objetivos prioritarios.

El recorrido de Benavidez habla por sí solo. Fue el aspirante más sólido en las 168 libras, pero nunca llegó a compartir ring con Saul “Canelo” Álvarez. Subió a las 175 libras buscando a los grandes nombres, pero tampoco se cruzó con Dmitry Bivol ni con Artur Beterbiev. Ahora, en el peso crucero, por fin tiene delante la opción de pelear con el número uno de la división y reclamar, sin discusión, el título simbólico de mejor libra por libra del planeta.

Benavidez ya ha demostrado que piensa en legado. Quiere a los mejores, quiere probar que es el número uno y se lanza a retos que muchos consideran imposibles. Si mañana le ofrecieran a Oleksandr Usyk en peso pesado, su respuesta sería un sí casi instintivo. Es ese tipo de peleador.

Con Opetaia en su escuadra y una montaña de dinero preparada, Zuffa ya ha colocado la zanahoria delante de Benavidez. Y hay más: Garcia y Benavidez ya han hablado de compartir cartel en mayo. Si Zuffa consigue atar a Garcia, tendrá una autopista abierta para seducir también a Benavidez, al menos para una noche. Y una sola noche, bien armada, puede bastar para que “The Mexican Monster” vea hasta dónde puede llegar su carrera bajo el paraguas de Zuffa. Ya funcionó con Garcia.

Opetaia, además, es mucho más que un rival atractivo. Es el arma perfecta para el otro frente de batalla de Zuffa: la guerra contra los organismos sancionadores.

Un campeón sin cinturones y una guerra silenciosa

Dana White ha rebajado el tono público de su cruzada contra los cuatro grandes organismos, pero el objetivo de fondo no ha cambiado. Y la historia reciente de Opetaia encaja como un guante en ese relato.

El australiano siempre ha dejado claro que quiere unificar todos los cinturones y convertirse en campeón indiscutido. Pero los organismos parecen empeñados en torpedear ese camino. En marzo, la IBF lo despojó de su título. Este sábado derrotó al campeón del WBC, Noel Mikaelian, y menos de 48 horas después, el cinturón fue declarado vacante.

Para el aficionado medio, la situación roza el absurdo: el considerado mejor crucero del mundo no tiene en sus manos un solo título de los grandes organismos. La IBF y el WBC quedan señalados.

Opetaia no es solo una prueba de la disfunción de los organismos. Es ahora el vehículo con el que Zuffa puede desafiar su autoridad. Tras ser despojado por la IBF, el australiano presentó una demanda acusando a la organización de retirarle el título de forma ilegal, en represalia por su decisión de firmar con Zuffa.

Benn y Opetaia fueron fichajes mayúsculos, pero nunca fueron el destino final. Benn abrió la puerta al universo de Garcia y, de paso, asestó un golpe directo a Hearn. Opetaia ofrece una ruta directa hacia Benavidez y se ha convertido en un ariete contra los organismos sancionadores.

El tablero del post-Canelo

Ryan Garcia y David Benavidez están llamados a ser dos de los grandes rostros del boxeo estadounidense en la era posterior a Canelo. Zuffa todavía no ha firmado a ninguno. Todavía.

Pero antes de que entren oficialmente en la agencia libre, Dana White ya ha colocado todas las piezas para seducirlos: dinero, escaparate, rivales y narrativa. TKO ha declarado la guerra al modelo tradicional del boxeo y apenas estamos en los primeros compases.

La pregunta ya no es si Zuffa quiere dominar el boxeo. La pregunta es cuántos de los generales más valiosos del deporte acabarán cruzando al otro lado del ring.