Zheng Qinwen avanza en el US Open tras un año difícil
Zheng Qinwen se tira a la pista, se quedó unos segundos boca arriba y luego saltó como un resorte, puño al aire, grito contenido. No era solo el pase a tercera ronda del US Open. Era la sensación, por fin, de volver a ser ella misma.
La campeona olímpica de oro en París 2024 sobrevivió a un duelo lleno de altibajos ante Yulia Putintseva, resuelto por 6-4, 2-6 y 6-1, que la mete en el cuadro principal de las grandes historias del torneo. El resultado cuenta una parte. El contexto, otra muy distinta.
De top-4 del mundo a jugar la previa
Hace poco más de un año, Zheng era número cuatro del mundo, un ciclón en el circuito. Luego llegó el frenazo: problemas físicos, una operación de codo y una recuperación mucho más larga de lo previsto. El 2025 se le hizo eterno.
Se perdió el Australian Open, perdió ritmo, perdió ranking. Y, lo que más le dolió, perdió el instinto de campeona.
“Antes de la cirugía, para mí ganar era como beber agua, todo salía natural, todo fluía”, explicó después del partido, todavía con la adrenalina a flor de piel. La frase retrata a la perfección la brecha entre la Zheng de antes y la de estos últimos meses.
Regresó al circuito, se midió con las mejores, estuvo cerca… pero no cerraba. “Tuve partidos duros contra las mejores jugadoras del mundo y estoy cerca, pero no los saco. Perdí totalmente la dinámica de cómo competir”, reconoció.
En un deporte en el que la confianza vale casi tanto como el saque, Zheng se encontró de golpe fuera del top, fuera de los grandes escenarios… y dentro de la fase previa del US Open. De top-4 a número 125 del mundo. Del glamour de los estadios principales al cemento anónimo de las pistas exteriores.
Le costó digerirlo. Mucho.
“Me llevó un tiempo aceptar que mi ranking había bajado al 125 y que, vale, tenía que jugar la qualy”, admitió. Aceptar no significa disfrutarlo. Pero ahí, en ese trago amargo, empezó a recuperar algo que había extraviado: el filo competitivo.
La qualy como purgatorio… y como chispa
Clasificarse desde la previa no es solo sumar partidos. Es pelear por cada punto con la sensación de que no hay red de seguridad. O entras o te vas. Zheng no lo esconde: no le gustó nada verse ahí. Pero ese recorrido, a regañadientes, la endureció.
Tres rondas de qualy, dos partidos ya en el cuadro principal y, por primera vez en mucho tiempo, la sensación de reconocerse en su propio tenis.
“Ahora, después de dos, tres meses, sentí por primera vez en este torneo que me encontré a mí misma, que recuperé mi fuego durante la competición”, confesó. No hablaba solo del drive ni del revés. Hablaba de esa mirada que no se rinde, de esa energía que no negocia.
Ante Putintseva, ese fuego se vio en el tercer set. Tras ceder la segunda manga y con el duelo en un punto incómodo, Zheng subió una marcha. Atacó, mandó, ajustó las líneas. El 6-1 final fue la expresión numérica de una superioridad mental y física que no había tenido hace unos meses.
Cuando la última bola se fue fuera, el cuerpo le pidió suelo. Luego salto. Luego puño. No era una celebración cualquiera.
De las pistas exteriores a la gran escena
El viaje de Zheng en este US Open ha sido, hasta ahora, casi en la sombra. Qualy, pistas alejadas de los focos, dos primeras rondas lejos de los grandes estadios de Flushing Meadows. Para alguien acostumbrada a los focos, el contraste ha sido brutal.
“Antes siempre jugaba en la pista grande”, recordó. Hay una mezcla de nostalgia y desafío en esa frase. Sabe dónde ha estado. Sabe dónde quiere volver.
La oportunidad llega ya en la siguiente ronda. Le espera Madison Keys, antigua campeona del Australian Open y una jugadora con pedigree en los grandes escenarios. Un duelo que huele a pista central, a sesión estelar, a luces fuertes.
Zheng lo ve como una prueba… y como un escenario ideal para su relato de regreso. “Necesito pelear para recuperar todo”, lanzó. No es una declaración vacía. Es un plan.
La campeona olímpica que hace meses no encontraba ni su juego ni su fuego competitivo vuelve a caminar entre las favoritas, aunque el ranking aún no lo diga. Viene desde abajo, desde la qualy, desde el número 125.
La pregunta, ahora, ya no es qué perdió Zheng Qinwen. Es hasta dónde puede llegar si ese fuego que dice haber recuperado sigue creciendo ronda a ronda en Nueva York.






