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Zheng Qinwen logra una remontada histórica en el US Open

Zheng Qinwen necesitó solo una frase para describir lo que había ocurrido en la pista: “partido muy dramático”. Se quedó corta. Lo que vivió ante Madison Keys en la tercera ronda del US Open rozó lo inverosímil.

La campeona olímpica, obligada a pasar por la fase previa para entrar en el cuadro principal, estaba 5-0 abajo en el tercer set, con bola de partido en contra frente a la 22ª cabeza de serie y gran favorita del público. Todo apuntaba a una despedida silenciosa.

No se marchó.

Se aferró al partido, al torneo y, en cierto modo, a su carrera. Encadenó siete juegos consecutivos y selló un 1-6, 7-6 (7-3), 7-5 que levantó al estadio y dejó atónita a Keys, que ya veía el triunfo en el bolsillo.

De paseo a pesadilla para Keys

Madison Keys, campeona del Australian Open 2025, había arrancado el duelo como una jugadora lanzada hacia una victoria cómoda. Se llevó el primer set en apenas 23 minutos, dominando con autoridad, mandando con el servicio y dictando con la derecha. Zheng apenas encontraba pista ni ritmo.

La china, sin embargo, se negó a aceptar el guion. En el segundo parcial ajustó alturas, redujo errores y empezó a aguantar un intercambio más. Solo uno más. Punto a punto, fue estirando el set hasta el tie-break, donde se mostró más fría y se lo llevó por 7-3. El partido, de repente, se encendía.

Cuando la inercia parecía equilibrarse, llegó el golpe emocional: el 5-0 para Keys en el tercer set. El público ya celebraba cada punto de la estadounidense como preludio del final. Zheng caminaba por la cuerda floja, con el marcador y la lógica en contra.

Entonces cambió todo.

Siete juegos seguidos y una caída al suelo

Con match point en contra, Zheng se sostuvo en el saque, apretó con la devolución y empezó a encontrar líneas. Keys, que había manejado el encuentro con soltura, comenzó a encogerse. La mano ya no soltaba el brazo, el público murmuraba, el 5-0 se convirtió en 5-1, luego 5-2… y la presión se instaló en el lado de la estadounidense.

La china olió el miedo y no lo soltó. Igualó 5-5, rompió de nuevo y cerró el partido con una serenidad impropia de alguien que venía desde la clasificación y de una operación de codo. Cuando la última bola de Keys se marchó fuera, Zheng se dejó caer sobre la pista, exhausta, incrédula, aliviada.

“Por fin, un poco de suerte está de mi lado”, confesó después la jugadora de 23 años, todavía con la adrenalina en el cuerpo. “Solo me repetía a mí misma que nunca me rindiera. De alguna manera, poco a poco, ha sucedido”.

Un año entre dudas, quirófano y lágrimas

Su reacción tenía un trasfondo evidente. Los últimos 12 meses la habían llevado al límite. Zheng se operó el codo en julio de 2025 para corregir una lesión crónica provocada por pequeños fragmentos óseos sueltos en la articulación. Un problema traicionero que llegó justo después del mejor año de su carrera.

En 2024 había irrumpido a lo grande: final del Australian Open, oro olímpico y cuartos de final en el US Open. En 2025, antes de la lesión, mantuvo el impulso: cuartos en Roland Garros y un ranking que la elevó hasta el número 4 del mundo. Todo apuntaba a una consolidación en la élite.

El frenazo fue brutal. Nueve meses fuera, sin ritmo, sin competición. Su regreso en París este año, en Roland Garros, terminó en lágrimas: derrota en primera ronda ante Maja Chwalinska, que acabaría siendo finalista. La imagen de Zheng rompiéndose en la sala de prensa dio la vuelta al circuito.

“Después de volver de la lesión sentía que había perdido la energía y había olvidado cómo competir”, reconoció. Su ranking se desplomó hasta el puesto 160 y, por primera vez en cuatro años, tuvo que pasar por la fase previa en un Grand Slam.

De la previa al cuarto round, como Raducanu

El viaje de Zheng en este US Open tiene un peso histórico. Es la primera jugadora procedente de la fase de clasificación que alcanza la cuarta ronda del cuadro femenino desde Emma Raducanu en 2021, aquella edición que la británica terminó levantando el título.

El dato no es menor. Habla de resistencia, de capacidad para encadenar victorias cuando el margen de error es mínimo, de sobrevivir a días buenos y malos en una misma semana. Y de una jugadora que, pese a las dudas, mantiene intacto el instinto competitivo.

“Tennis a veces se siente como una montaña rusa”, dijo Zheng, mezclando reflexión y experiencia propia. “Muchas veces ves a alguien con bola de partido y al final hay remontada”. Esta vez, la protagonista de esa montaña rusa fue ella.

Su triunfo ante Keys no solo la mete entre las 16 mejores del torneo. La devuelve, sobre todo, al lugar donde quería volver: al centro del escenario, en los grandes días, con el público pendiente de cada golpe.

Después de todo lo que ha pasado, la pregunta ya no es si Zheng Qinwen puede competir otra vez con las mejores, sino hasta dónde está dispuesta a llevar esta nueva escalada.