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US Open: Sabalenka y Alcaraz avanzan con estilos opuestos

La noche en el Arthur Ashe Stadium tuvo aroma de coronación. Bajo los focos de Nueva York, las dos campeonas vigentes del US Open defendieron su trono con estilos opuestos: Aryna Sabalenka a mazazos, Carlos Alcaraz a base de reacción y carácter.

Sabalenka, 53 minutos de autoridad y tensión

El turno de apertura fue para la número 1 del mundo. Aryna Sabalenka saltó a la pista sabiendo que no solo defiende título en Flushing Meadows: también pelea por sostener un liderato del ranking que se le escurre entre los dedos.

Su respuesta fue brutal.

En apenas 53 minutos, la bielorrusa desarmó sin piedad a la debutante Polina Iatcenko: 6-1, 6-1 en segunda ronda, un marcador que refleja con suavidad lo que se vio sobre la pista. Tres roturas en cada set, golpes planos, secos, sin concesiones. Un vendaval.

La única grieta en el guion perfecto llegó en el cuarto juego del segundo parcial, cuando la rusa, procedente de la fase previa, logró un fugaz break. Un alivio mínimo en medio de una auténtica prueba de fuego en el mayor estadio del tenis mundial. Bautismo y escarmiento a la vez para la joven de 22 años, que aun así puede irse con algo entre las manos: su primera clasificación al cuadro principal de un grande y su estreno en una segunda ronda de Grand Slam.

Para Sabalenka, en cambio, el triunfo relámpago no disipó del todo las sombras. Necesita levantar el trofeo en Nueva York y, además, que Elena Rybakina caiga antes de semifinales para conservar un número 1 que ha mantenido durante 99 semanas consecutivas. Hace unos meses parecía un trono inamovible. Hoy, ya no.

Su temporada lo explica. Tras un inicio deslumbrante —tres títulos en los tres primeros meses del año y una final ajustadísima en el Abierto de Australia—, su nivel se ha desplomado. Eliminaciones tempranas en los grandes, derrotas sorprendentes en las primeras rondas de torneos donde antes arrasaba. Aquella ventaja casi insalvable de 3000 puntos sobre Rybakina a finales de marzo se ha reducido a apenas 434.

La tensión se nota. Y explotó, aunque fuera brevemente, lejos de la pista.

Un cruce tenso con la prensa

En la rueda de prensa posterior a la victoria, Sabalenka se encontró con una pregunta que no le hizo ninguna gracia. Un periodista sugirió que quizá no había estado del todo concentrada antes del torneo, aludiendo a varios actos promocionales y apariciones con marcas en los días previos al US Open.

La reacción fue inmediata.

“¿Qué clase de pregunta es esa?”, replicó. “¿Solo porque publiqué algunas actividades con marcas piensas que he estado de fiesta y sin entrenar?”.

El intercambio no se frenó ahí. Cuando le preguntaron si ahora sí se estaba “poniendo seria” con el torneo ya en marcha, la bielorrusa respondió con ironía cortante: “Oh sí, no estaba seria antes de esto. Siguiente pregunta”.

Más allá del chispazo con la prensa, su semana deportiva va sobre raíles: dos victorias contundentes, casi sin desgaste, y un cuadro que se le abre un poco. En tercera ronda evitará a Barbora Krejcikova, dos veces campeona de Grand Slam, y se medirá en su lugar a Kamilla Rakhimova, la verdugo de la checa, el viernes.

Sabalenka ya ha dejado claro que su tenis sigue ahí. Lo que está por ver es si su cabeza aguanta el peso de un número 1 amenazado y de un título que, esta vez, no puede permitirse perder.

Alcaraz pasa del susto al rodillo

Si el arranque de la noche fue un monólogo, el segundo acto comenzó con suspense. Carlos Alcaraz, vigente campeón del US Open, entró frío, agarrotado, como quien aún está midiendo cada gesto después de cuatro meses casi sin competir en individuales por una delicada lesión de muñeca.

Su rival, Jaime Faria, número 72 del mundo, lo olió enseguida. El portugués se aferró a cada intercambio, atacó el segundo saque, buscó la red cuando pudo y rompió en el séptimo juego del primer set. Se llevó el parcial con justicia. El Ashe, de pronto, empezó a preguntarse si estaba ante algo más que un susto pasajero.

Ahí se acabó el sueño de la sorpresa.

En el primer juego del segundo set, Faria dispuso de una serie de bolas de break que pudieron cambiar el partido. Alcaraz las salvó con valentía, apretando con su derecha, arriesgando, negándose a especular con la muñeca. Ese juego fue la bisagra del encuentro. A partir de ahí, solo hubo un dueño.

El español encadenó seis juegos seguidos para firmar un 6-0 que dejó el marcador en tablas y el ánimo del portugués tocado. En el tercer set, un intercambio de breaks al inicio dio la sensación de que Faria quería resistir, pero Alcaraz volvió a golpear para ponerse en ventaja y ya no miró atrás. El cuarto parcial fue un paseo controlado: 4-6, 6-0, 6-3, 6-2.

La buena noticia para él no está solo en el resultado, sino en las sensaciones. Tras su debut ante Roman Safiullin, ya había insistido en que no pensaba reservarse con su golpe estrella, esa derecha pesada y con efecto que define su juego. Ante Faria lo confirmó. No se protegió. No jugó con miedo.

“Sé que cuando entro a la pista tengo que ir a por ello cada vez. Tengo que sentirme normal”, explicó tras su victoria. “Tengo que pegar como pegaba antes de la lesión. Me siento genial. No hay razón para tener miedo y no golpear normal”.

También reconoció el bache inicial: “Fue un partido duro para mí. Me sentí bien en el primer set, pero no me tomé mi tiempo y eso me costó. Después intenté estar concentrado, mantener la calma y pensar que las cosas buenas iban a llegar”.

Llegaron.

Un cuento posible, pero con examen pendiente

Dos partidos, dos victorias sólidas, ninguna alarma física y un tenis que todavía no ha alcanzado su techo. Alcaraz puede permitirse empezar a soñar con algo grande en Nueva York. Un regreso de cuento, después de cuatro meses parado, no parece ya una fantasía.

Pero el cuadro todavía no le ha puesto a prueba de verdad. En el horizonte asoma un posible cruce de octavos con el cabeza de serie número 20, Tommy Paul, siempre incómodo en pista dura, siempre peligroso en cinco sets. Antes, el español tendrá que superar a Wu Yibing, talento chino de pegada agresiva y ritmo alto, un examen distinto al que le planteó Faria.

Queda otra incógnita: cómo responderán su cuerpo y, sobre todo, esa muñeca en el desgaste acumulado de un grande. Cinco partidos más, posibles maratones a cinco sets, noches largas en el Ashe. Ahí se sabrá si este regreso puede terminar con el trofeo en las manos o solo con un aviso de lo que está por venir.

Por ahora, misión cumplida para los dos campeones defensores. Sabalenka aplasta y se enfada; Alcaraz sufre un set y luego arrasa. Ambos avanzan, ambos sienten el peso del título que defienden. La pregunta es quién de los dos sabrá convivir mejor con ese peso cuando el torneo entre en su tramo más cruel.