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El US Open 2023: emociones y sorpresas en Flushing Meadows

En una jornada cargada de emociones en Flushing Meadows, el presente, el pasado y las polémicas del tenis se cruzaron en un mismo escenario: jóvenes australianos desafiando el ranking, una leyenda despidiéndose entre lágrimas y una vieja voz crítica enfrentada ahora a su propio escándalo.

Hijikata sacude al número 4 del mundo

Rinky Hijikata saltó a la pista como teórico invitado de reparto ante el número 4 del mundo, Felix Auger-Aliassime. En minutos, el guion parecía el esperado: el canadiense arrancó como un huracán y se colocó 2-0 arriba, marcando territorio con autoridad.

Pero el australiano no se dejó intimidar.

Sereno al servicio, rápido de piernas y con una energía que contagió a la grada, Hijikata fue devolviendo golpe por golpe hasta darle la vuelta al set. Sin aspavientos, sin gestos grandilocuentes, fue construyendo su reacción juego a juego hasta tomar una ventaja inesperada: 5-3 arriba en la primera manga y el favorito, de repente, en alerta máxima.

En la pista Grandstand, el ambiente se cargó de ese murmullo especial que aparece cuando el público empieza a creer que el “underdog” puede ir en serio.

Popyrin sufre ante un Dimitrov afinado

En las pistas exteriores, Alexei Popyrin se topó con un Grigor Dimitrov muy enchufado desde el inicio. El búlgaro, fino de manos y preciso al resto, tomó pronto el control del marcador y se adelantó 4-2 en el primer set, imponiendo su ritmo y obligando al australiano a remar desde atrás.

Mientras la atención se repartía entre pistas, el día empezaba a dibujar un patrón: nada sería sencillo para los australianos, pero ninguno estaba dispuesto a marcharse sin dejar huella.

Maya Joint, remontada y despegue

La historia más luminosa del día, de momento, la firmó Maya Joint.

La joven australiana arrancó su debut en el US Open con un set adverso: 3-6 ante Liudmila Samsonova, tras una primera manga de intercambios largos, intensidad alta y buen nivel por ambas partes. Joint se movía bien, competía cada punto, pero la rusa se llevaba los momentos clave.

Entonces cambió el partido.

Impulsada por una grada que empezó a volcarse con ella, Joint subió una marcha en el segundo set. Más agresiva, más suelta, leyó mejor los tiempos del encuentro y se adueñó de la pista. El 6-2 devolvió el duelo a la casilla de salida y, en lugar de conformarse, la australiana pisó aún más el acelerador.

En el tercero, no dejó dudas. Dominó, mandó y cerró con otro 6-2 que certificó la remontada: 3-6, 6-2, 6-2. Al convertir la bola de partido, no pudo esconder su alegría. Grito, sonrisa amplia y una mezcla de alivio y euforia. Primera ronda superada, y la sensación clara de que no será la última vez que su nombre resuene en Nueva York.

Antes de ese desenlace, ya había dado señales de vida. Pese al 3-6 inicial, había reaccionado en el segundo set con un 3-1 rápido que encendió al público y empezó a inclinar la energía del lado australiano. Esa inercia ya no se detuvo.

Wawrinka se despide: 20 años de grandeza y un último abrazo

Mientras las nuevas caras pedían paso, una leyenda bajaba el telón. Stan Wawrinka disputó su último partido de Grand Slam en el US Open, el escenario donde en 2016 firmó una de sus obras maestras derrotando a Novak Djokovic en cuatro sets.

El suizo, que este año ya había anunciado que esta temporada sería la última en el circuito ATP, recibió un homenaje a la altura de su carrera. Un vídeo con sus mejores momentos se proyectó en las pantallas de Flushing Meadows. El público se puso en pie. Matteo Berrettini, su rival del día, se quedó en la pista aplaudiendo con respeto genuino.

El partido, eso sí, no tuvo final feliz para Stan. Cayó en primera ronda, en sets corridos: 7-6, 7-6, 6-0 para Berrettini. El italiano se mostró más fresco en los momentos decisivos y terminó por imponer su físico y su pegada.

Hubo incluso espacio para la polémica y el humor. En el inicio del tercer set, Wawrinka ejecutó un golpe cerca de la red en el que pareció impactar la bola dos veces. Berrettini reclamó de inmediato.

“Se ha visto… fue como lo que hizo antes”, protestó al juez de silla, apelando al reglamento, que exige un solo movimiento continuo de la raqueta para considerar el golpe legal. Si se detiene y se vuelve a golpear, se considera ilegal.

La jugada fue revisada en vídeo a velocidad normal y declarada válida, para frustración del italiano. Wawrinka se lo tomó con calma y hasta bromeó con su rival en la red: “Tengo 41 años, por eso soy más lento que tú”. La escena arrancó una sonrisa de Berrettini y del público.

Más tarde, la exjugadora Jelena Dokic, analizando la acción con las cámaras de televisión a cámara lenta, señaló que en realidad el italiano tenía razón y que el suizo había golpeado dos veces la bola. Pero la revisión oficial no contempla el “slow motion” en el US Open, y el punto se mantuvo.

Wawrinka obtuvo la ventaja tras la revisión, aunque terminó perdiendo ese juego. Berrettini, firme, cerró el duelo con un contundente 3-0 en el tercer set y se llevó el pase a la siguiente ronda. Después, tomó el micrófono y rindió tributo:

Dijo que de niño veía a Wawrinka ganar Grand Slams y que compartir pista ahora con él era un sueño cumplido. Recordó que nunca se habían enfrentado y que, de repente, lo habían hecho dos veces seguidas en dos grandes. Un guiño perfecto a una rivalidad tardía que ya no tendrá tercer capítulo en un major.

Wawrinka, visiblemente emocionado, habló al público entre lágrimas contenidas. Recordó sus primeros pasos en Nueva York, hace más de 20 años, cuando jugó la fase previa. Confesó que una de las razones por las que se mantuvo hasta los 41 fue precisamente vivir noches como esta. Y remató con una declaración de amor: va a echar de menos el circuito, porque ama demasiado este deporte.

Su última imagen en un Grand Slam no fue un punto ganador, sino un agradecimiento prolongado, una ovación y la certeza de que su nombre no se borrará de la memoria del tenis.

Khachanov y el caso Kyrgios: “Cosechas lo que siembras”

Lejos de la pista, otro nombre ilustre del circuito volvió a escena, aunque no por sus golpes. Nick Kyrgios, suspendido tras dar positivo por cocaína en junio, sigue generando reacciones.

El australiano ya había utilizado sus redes sociales el mes pasado para asumir la responsabilidad, hablar de un “gran error” y anunciar que se tomaría un tiempo alejado del foco para ordenar su vida. Sin embargo, su historial de críticas públicas a otros jugadores en temas de dopaje ha dejado huella en el vestuario.

Karen Khachanov, que ya se había cruzado con él en pista en el pasado, no esquivó el tema cuando fue preguntado en el US Open. Recordó que Kyrgios, incluso sin competir, “siempre quería meterse con alguien, escribiendo cosas en Twitter y demás”. Y lanzó una frase que pesó en la sala de prensa: “Al final, cosechas lo que siembras”.

El ruso fue más allá. Aseguró que no se sentía sorprendido y que le resultaba difícil sentir demasiada lástima, porque lo que le ha ocurrido al australiano, remarcó, fue producto de sus propias decisiones. “Mira lo que ha pasado. Se le ha vuelto en contra”, sentenció.

Un mensaje duro, directo, que refleja el clima real en el circuito ante un caso que ha sacudido de nuevo la imagen de uno de los talentos más singulares del tenis reciente.

Australia, entre el relevo y la incógnita

Mientras el futuro de Kyrgios se cubre de interrogantes, la bandera australiana sigue ondeando en Flushing Meadows gracias a otros nombres.

Maya Joint ya está en segunda ronda, tras una remontada que puede convertirse en punto de inflexión para su confianza. Rinky Hijikata se planta sin complejos ante un top-5 como Felix Auger-Aliassime, marcando territorio desde el primer set. Alexei Popyrin pelea contra un Dimitrov afinado. Y en la pista 9, durante horas, el grito de “Aussie, Aussie, Aussie” se dejó oír con fuerza.

Entre el adiós de Stan Wawrinka, la firmeza de Matteo Berrettini, la valentía de Joint y el desafío de Hijikata, el US Open volvió a recordar su esencia: aquí no hay espacio para las despedidas tibias ni para los pronósticos cómodos.

La pregunta ya no es quién domina hoy, sino quién se atreve a escribir la próxima gran historia en estas pistas.