logo

Transformación de City bajo Jeglertz: de aspirantes a campeones

Lo que ha hecho Jeglertz en su primera temporada al mando de City no admite matices: ha cambiado el techo del club. Durante años, el equipo tuvo talento de sobra para ganar la WSL. Era la apuesta recurrente de muchos analistas para romper la hegemonía de Chelsea. Siempre se quedaba corto. A veces en desenlaces dramáticos en las últimas jornadas, otras con tropiezos difíciles de explicar.

Esta vez, no.

Un cambio de chip que se nota en cada pasillo

Alex Greenwood lo definió como un “cambio de cultura”. No solo se entrenan de otra manera, también se hablan de otra manera. La “lengua” del vestuario, como explicaba la capitana, se ha ido ajustando a un grupo que ya no aspira a competir: se exige ganar. Ese pequeño paso incómodo, esa sensación de salirse de la zona de confort, ha recolocado muchas cabezas dentro del edificio.

El resultado es tangible. El título de la WSL y los primeros trofeos en cuatro años han roto una barrera psicológica. Mary Fowler lo resumía con claridad: antes, el equipo dudaba de si realmente era capaz de ganar. Ahora ya no hay condicionales. Ya lo han hecho. Y cuando sabes que puedes, repetirlo deja de parecer una quimera.

Lo más significativo para Jeglertz es lo que se ha encontrado al volver tras el breve descanso veraniego. No ve un grupo relajado, saciado por fin de gloria doméstica. Ve un grupo inquieto. Jugadoras que llegan con una confianza serena, sí, pero con preguntas constantes: “¿Cuál es el siguiente paso? ¿Qué hacemos para ser un poco mejores?”. El técnico insiste en que esa curiosidad competitiva debe durar toda la temporada. Es el nuevo estándar.

Charles y Mead: campeonas que saben de qué va esto

Para apuntalar ese ecosistema ganador, City ha añadido dos perfiles con una relación íntima con los títulos. Niamh Charles aterriza desde una máquina de ganar como Chelsea, donde ha encadenado cinco WSL y siete copas domésticas en seis años. Esa trayectoria no solo deja medallas. Deja hábitos. Deja liderazgo.

Jeglertz lo tiene claro: en Charles hay una líder natural, alguien que sabe cómo se sostiene un ciclo ganador de un año a otro. Su experiencia no se medirá solo en minutos, sino en cómo empuja las sesiones, en cómo eleva el listón invisible del día a día.

Beth Mead llega con un bagaje similar. Parte de la Inglaterra que conquistó dos Eurocopas consecutivas y pieza clave del Arsenal que tumbó al Barcelona en la final de la Champions League 2025. Su mirada, dice el entrenador, sigue siendo la de alguien hambriento, con ganas de aprender, no la de una futbolista que viene a vivir de lo que ya hizo.

En lo intangible, City parece blindado para defender su corona. La gran pregunta se traslada al césped y al calendario.

El reto que faltaba: Champions y una plantilla más corta

Hay un matiz que nadie pudo pasar por alto durante el título de la pasada campaña: City no tuvo que lidiar con la Champions League. Mientras Chelsea, Arsenal y Manchester United repartían esfuerzos, el campeón vivió semanas más limpias. Esta vez, el torneo europeo vuelve a escena y el nivel de exigencia se dispara.

Ahí aparece la primera duda seria. Más allá de Mead y Charles, solo ha llegado Carlotta Wamser, una incorporación pensada para dar profundidad en los dos laterales. Nueve salidas del primer equipo, tres fichajes. Para un campeón que afronta más partidos, la ecuación no encaja con lo que muchos imaginaban, aunque desde dentro nunca se contempló una revolución.

Al final de la pasada temporada, O’Neill defendía que la profundidad existía y que no se trataba de transformar la plantilla, sino de ajustar posiciones clave. El problema es que las lesiones tempranas ya están tensando esa teoría. El caso más grave, el de Vivianne Miedema, que no regresará hasta 2027 según se entiende desde dentro del club, deja un vacío prolongado en la punta del proyecto. El intento fallido de reforzar el equipo en el último día de mercado revela que la preocupación no es ajena a la directiva.

En el lateral izquierdo, la salida de Leila Ouahabi ha quedado cubierta con Charles y Wamser. En la zona ofensiva, Mead llega para ocupar el espacio que deja Kerolin tras su marcha al Barcelona. El resto del plan de Jeglertz se apoya en un concepto claro: crecer desde dentro.

Apuestas internas y cuentas pendientes

Risa Shimizu, que estuvo cedida en Liverpool, tendrá un papel importante como alternativa en los laterales. Se espera mucho más de Sydney Lohmann y Grace Clinton, dos jugadoras que el curso pasado se quedaron lejos de las expectativas, frenadas por molestias físicas y por la incapacidad de agarrar con fuerza las oportunidades.

Fowler, en su primera temporada completa tras la rotura de ligamento cruzado, se presenta como una de las grandes historias a seguir. Sus destellos desde febrero dejaron la sensación de que, con continuidad, puede ser una de las futbolistas más determinantes del campeonato.

En la delantera, la palabra clave es versatilidad. Mead, Fowler, Lauren Hemp, Aoba Fujino e Iman Beney pueden ocupar varias posiciones, incluida la de ‘9’ en algunos casos. Esa polivalencia reduce la urgencia de fichar una delantera específica para ser suplente de Shaw todo el año. City prefiere una rotación fluida a una jerarquía rígida.

Detrás, la academia empieza a llamar a la puerta. Sacha Lewis, Amelia Oldroyd y Aoibhe Brennan han firmado su primer contrato profesional este verano. Mayzee Davies, internacional absoluta con Gales, ya lo hizo el año pasado y se perfila como una opción real para aportar profundidad en esta campaña.

En la cúspide de la estructura, los nombres siguen imponiendo respeto: Shaw, Greenwood, Hemp, Kerstin Casparij, Jade Rose y Yui Hasegawa componen uno de los once más potentes de la WSL. Y en algún punto del camino, cuando el calendario ya esté en plena ebullición, se sumará Miedema.

Una plantilla hecha para jugar más… con un margen fino

¿Alcanza todo esto para aguantar el golpe de la Champions y volver a pelear por todo? La temporada pasada, City disfrutó de un registro de lesiones casi impecable, algo poco habitual en los últimos años. Repetir ese nivel de fortuna, con más partidos y más viajes, es una apuesta arriesgada.

O’Neill sostiene que han aprendido la lección y que el equipo estará preparado. Jeglertz, por su parte, siempre consideró que el grupo anterior era demasiado grande para el número de encuentros que tenía. Por eso ve con buenos ojos la ampliación del calendario: más choques, más minutos para repartir entre un núcleo de jugadoras que, a su juicio, merecen protagonismo. “Tenemos demasiadas buenas jugadoras para tan pocos partidos”, dijo en mayo. “El año que viene será distinto porque habrá más. La plantilla está construida para eso”.

El matiz está en los puntos débiles. Hay posiciones en las que una lesión grave puede cambiar el tono de la temporada. Y hay otras en las que el riesgo crece si las llamadas a dar un salto —como Lohmann, recién operada de la cadera, o la propia Clinton— no alcanzan el nivel que se les presupone. Empezar el curso con varias dudas físicas y con Miedema fuera de combate no es el escenario ideal para un campeón.

Aun así, mientras otros clubes de la WSL presumen de una profundidad mayor, arrastran interrogantes sobre su cultura, su cohesión o su identidad futbolística. Ahí es donde City se siente fuerte. Construir una dinastía al estilo Chelsea en una liga cada vez más competitiva parece un objetivo lejano, casi utópico. Pero mantenerse año tras año en la mesa donde se reparten los grandes trofeos está al alcance de este grupo.

El año pasado, City fue el mejor equipo de Inglaterra con una diferencia abrumadora. Ahora, con la confianza que dan los títulos y el impulso de caras nuevas que ya saben lo que es ganar, la sensación es clara: el club ha dejado atrás para siempre la idea de esperar otra década para levantar de nuevo la WSL. La pregunta ya no es si pueden repetir. Es cuántas veces más van a intentarlo antes de que alguien consiga bajarles del trono.