Tory Burch deslumbró en New York Fashion Week con su colección primavera/verano 2027
NUEVA YORK – Lista o no, Tory Burch volvió a irrumpir en escena.
Cuando parece que ya se le ha descifrado el siguiente paso, la diseñadora gira el timón, rompe expectativas y consolida su lugar como una de las voces más interesantes de la moda estadounidense actual. Esta vez descendió, literalmente, para volver a elevarse.
Su desfile de New York Fashion Week se celebró el jueves 10 de septiembre en el Sunken Garden de Isamu Noguchi, en el bajo Manhattan. Un espacio hundido, casi subterráneo, para una colección que apuntó muy alto. En primera fila, una constelación de nombres propios: Lauryn Hill, flanqueada por su hija Sara Marley y su sobrina Kymora Marley, la actriz Amanda Seyfried, la ex integrante de "Saturday Night Live" Chloe Fineman y la todopoderosa Anna Wintour, entre otras figuras.
También se dejó ver Alex Eala, la joven irrupción del US Open que arrasó hasta caer ante su mejor amiga y también promesa, Iva Jovic. A su lado, la cantante Ravyn Lenae y rostros ya consolidados como Padma Lakshmi y la directora Janicza Bravo. La pasarela de Burch, una vez más, funcionó como punto de encuentro entre generaciones y disciplinas.
Lauryn Hill y el Front Row
Lauryn Hill se convirtió en imán de flashes. Gafas de sol sobredimensionadas, top verde oliva ceñido, falda de volantes y un pañuelo de seda colocado con delicadeza sobre la cabeza. En su regazo, y en las manos de casi todo el front row, el nuevo objeto de deseo de la casa: el bolso Bunny Knot. El de Hill, en un amarillo mantequilla, lucía el característico nudo oscuro que, visto a cierta distancia, parecía un estampado de lunares.
Banda Sonora y Referencias
La banda sonora volvió a ser declaración de intenciones. Burch, que ya había sorprendido en febrero con "9 to 5" de Dolly Parton para su colección otoño/invierno 2026, abrió el desfile con "Bad Moon Rising" de Creedence Clearwater Revival. La energía cambió después con "Boadicea" de Enya, el mismo tema instrumental que Lauryn Hill y The Fugees samplearon en "Ready or Not" de su álbum de 1996 "The Score". Una coincidencia curiosa: apenas una hora más tarde, en un recinto de Chelsea, el desfile de Public School utilizó la misma pieza en su pasarela.
Un Nuevo Enfoque
No era la primera vez que Burch explotaba un espacio escultórico y circular. En septiembre de 2023, en el Gilder Center del American Natural History Museum, inició lo que muchos ya llaman la “Tory-ssance”: un reposicionamiento de la marca hacia una sensibilidad más cool, con filo, menos complaciente.
En esta ocasión, en el primer día oficial de la semana de la moda neoyorquina, Burch se atrevió con un territorio manido y lo hizo vibrar de nuevo: las flores para primavera. Las volvió realmente rompedoras. Apostó por combinaciones de color inesperadas —lavanda, teal, berenjena, verde esmeralda— en bordados florales y guirnaldas que recordaban a las gajra, rodeando el cuello o llevadas en la mano junto al bolso.
El amarillo mantequilla dialogó con grises profundos. El verde kelly se cruzó con un morado berenjena intenso. De ese cruce nació una de las piezas más comentadas: una chaqueta marrón dorada, de textura rica, que parecía una planta en pleno brote. La clásica caída y drapeado de Burch en los cuerpos de los vestidos dejó paso a faldas fluidas, con un movimiento casi hipnótico al caminar.
Emily Ratajkowski en la Pasarela
Emily Ratajkowski, una de las modelos fetiche de la firma, irrumpió en la pasarela con un conjunto que resumía el nuevo pulso de la casa: una camiseta ligeramente translúcida en azul marino con detalles rojos, falda midi plisada a juego y cinturón marrón con medallón. Sensualidad controlada, precisión americana, un guiño a la practicidad sin renunciar al impacto visual.
Declaración de Intenciones
En las notas del desfile, Burch definió la propuesta con una frase clara: “Opulent femininity meets American pragmatism, seen through the collector's eye”. Y explicó que su colección primavera/verano 2027 “explora la psicología de cómo las mujeres lo encajan todo. Quieren belleza, utilidad y humor: la alegría de vestirse”.
Esa alegría se palpó en el jardín hundido de Noguchi. Entre flores que sí dijeron algo nuevo, una banda sonora cargada de memoria y un front row que parecía un manifiesto cultural, Burch dejó otra pregunta flotando en el aire neoyorquino: hasta dónde puede llegar esta nueva era de la diseñadora que, cuando baja al subsuelo, siempre termina en las alturas.






