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Smith y Cox mantienen viva a Inglaterra en Lord’s

Bajo un cielo plomizo, con los focos encendidos en pleno día y la lluvia marcando el ritmo, Inglaterra encontró dos hombres dispuestos a resistir. Jamie Smith y Jordan Cox no firmaron una obra maestra, pero sí un total que mantiene a los locales dentro de la pelea en el segundo Test en Lord’s: 248-9, con Pakistán aún por batear.

En un contexto así, cada carrera pesa más de lo que dice el marcador.

Smith, necesitado de una entrada sólida, respondió con 61 trabajados. Cox, apenas en su tercer Test, volvió a dejar huella con 55. Entre ambos levantaron una alineación tambaleante y construyeron una asociación de 67 carreras por el sexto wicket que cambió el tono de la jornada.

Hasta entonces, el día apuntaba a desastre.

Un Lord’s distinto, una misma tensión

El terreno de juego en Lord’s se presentó mucho más digno que el criticado campo del triunfo ante New Zealand en junio. La superficie ofrecía algo para los bowlers, pero sin el carácter casi lotérico de aquel Test. Aun así, con humedad en el ambiente, luz pobre y lluvia intermitente, las condiciones pedían disciplina y paciencia.

El valor real de esas 248 carreras se conocerá con el paso de los días. El pronóstico anuncia más agua y la sensación es que este puede ser un partido de márgenes estrechos, decidido por sesiones, no por avalanchas de runs.

En medio de una semana enrarecida por la polémica de Brydon Carse, Inglaterra necesitaba una respuesta competitiva. No fue un golpe de autoridad, pero sí una declaración de resistencia.

Pakistán reacciona y se agarra a Abbas

Después de ser arrollados en Headingley en el primer Test del regreso de Joe Root como capitán, era imposible imaginar a Pakistán tan irreconocible otra vez. Esta vez, el equipo visitante llegó con otro aire, reforzado por el regreso de su capitán Babar Azam, recuperado de una lesión en la mano y de vuelta en lugar de Salman Ali Agha, que había ejercido como skipper en Leeds.

El primer impacto de Babar fue inmediato: ganó el sorteo y decidió que Inglaterra bateara. Con el inicio retrasado hasta las 12:20 BST por la lluvia, el trío de seamers de Pakistán encontró un escenario ideal.

Muhammad Abbas fue sencillamente magnífico. En un tramo devastador, se llevó tres wickets por apenas cuatro carreras en 16 bolas: Emilio Gay, Ben Duckett y el propio Root. Una ráfaga que silenció Lord’s y expuso, otra vez, la fragilidad del top order inglés.

A su lado, Mohammad Ali aportó veneno desde la otra punta. Sus tres wickets llegaron con bolas que se escurrían por la pendiente de Lord’s hacia el lado de leg, colándose entre bat y pad. Harry Brook, Smith y Ollie Robinson cayeron ante esa misma trampa.

Pakistán, sin embargo, dejó escapar la oportunidad de dominar por completo.

Catches que pesan y errores que se pagan

Tres veces ofreció Inglaterra una vida extra. Tres veces Pakistán la desaprovechó.

Imam-ul-Haq dejó caer a Root en el tercer slip cuando apenas tenía una carrera. El capitán inglés no llegó mucho más lejos, se fue por cuatro, pero el fallo marcó la pauta de una jornada en la que los fielders, sobre todo en el cordón de slips, parecieron demasiado retrasados. Varias edges murieron delante de ellos; la de Mohammad Rizwan fue la más costosa, síntoma de un posicionamiento poco agresivo.

Shan Masood protagonizó el otro capítulo llamativo: primero dejó ir un catch sencillo en mid-wicket con Dan Lawrence en 10, luego se redimió con un certero tiro que acabó con Lawrence por 17, corriéndose él mismo el run out.

Entre regalos y rectificaciones, Inglaterra fue encontrando aire.

Smith y Cox, un respiro en mitad del vendaval

Cuando más falta hacía, Smith encontró fluidez. Sin alardes, sin golpes desmedidos, pero con una serenidad que contrastó con la inquietud general del vestuario. Su medio siglo era algo más que una cifra: era una respuesta a las dudas que le rodeaban.

Cox, por su parte, sigue actuando como si el cricket de Test fuera su hábitat natural. En solo su tercer partido, volvió a mostrarse compacto, paciente, con la madurez de quien ya entiende que en días así la estética vale menos que la supervivencia. Sus 55 fueron oro en un marcador que amenazaba con derrumbarse.

Entre ambos, tejieron una entrada que cambió el pulso del día. No borró los errores —el run out de Lawrence, el drive apresurado de Brook, el atrapado de Gay por el lado de leg—, pero sí evitó que Pakistán se marchara al hotel con la sensación de haber sentenciado el Test en el primer día.

El cameo de Atkinson y una noche que llegó demasiado pronto

Cuando el innings se acercaba a su final, apareció otra pieza clave: Gus Atkinson. Su 34* fue un cameo, sí, pero uno de esos que pueden pesar mucho en un partido de baja anotación. Golpeó con libertad cuando la bola ya estaba más blanda, castigó cualquier error de longitud y empujó el total inglés cerca de la frontera de las 250.

Pakistán, pese a todo, siempre encontró la manera de volver al partido. Abbas terminó con 4-56, Ali con tres wickets, y el ataque visitante mantuvo el control que había faltado en Leeds.

Bajo los focos y con el cielo cada vez más oscuro, Inglaterra habría deseado lanzar al menos un par de overs antes del cierre, aprovechar esa misma penumbra que había complicado tanto su propia tarde. La luz, sin embargo, se desplomó y el umbral de seguridad obligó a los árbitros a mandar a todos al vestuario.

Un Test abierto en una semana agitada

Todo esto ocurre mientras el ruido fuera del campo no cesa. Carse fue apartado de la convocatoria tras una noche de fiesta en Derby el sábado, con la policía investigando una presunta agresión. Mientras Inglaterra trata de cerrar su primera serie de Test ganada desde 2024, el foco vuelve a desviarse hacia la conducta extradeportiva.

En lo estrictamente deportivo, el guion se mantiene abierto. El total de 248-9 es, como mínimo, defendible. Si el ataque inglés encuentra el mismo swing y la misma disciplina que mostró en Headingley, Pakistán tendrá que batir con una concentración absoluta para ganar la iniciativa.

Los visitantes, por su parte, saben que esta es su oportunidad para regresar a la serie. Con Babar al mando y una bola aún nueva esperándoles, la pregunta es clara: ¿aprovecharán el terreno que sus bowlers han ganado o dejarán que otra jornada inglesa les vuelva a pasar por encima?