logo

Katerina Siniakova y Taylor Townsend ganan el US Open 2023

NUEVA YORK – En Arthur Ashe Stadium no solo se coronaron campeonas. Se cerraron círculos, se escribieron capítulos de historia y se completaron carreras.

Katerina Siniakova y Taylor Townsend, primeras cabezas de serie, conquistaron su primer título de dobles femenino del US Open como pareja, remontando para derrotar a las jóvenes estadounidenses Ashlyn Krueger y Robin Montgomery por 5-7, 6-0, 6-2 este viernes 11 de septiembre.

Una remontada con sello de campeonas

El inicio fue un susto. Townsend y Siniakova se vieron 0-3 abajo y terminaron cediendo el primer set. Dudas, nervios, miradas hacia el box. El plan no funcionaba.

A partir de ahí, cambiaron el tono del partido.

La reacción fue brutal: 6-0 en el segundo set, un correctivo incontestable a unas invitadas que habían irrumpido en el cuadro como “wild card” y que hasta entonces habían jugado sin complejos. Desde el fondo, Townsend empezó a castigar con su derecha, Siniakova ajustó las devoluciones, y el marcador se convirtió en un reflejo fiel del nuevo guion.

El tercer set ya tuvo aroma de sentencia. Con confianza, agresivas en la red y mandando desde la línea de fondo, cerraron con un 6-2 que no dejó lugar a dudas sobre quién mandaba en el escenario más grande del tenis estadounidense.

El Grand Slam de una y el doble Grand Slam de la otra

Para Townsend, estadounidense de 30 años, el título tiene un peso especial: completa el Grand Slam de dobles en su carrera. Lo mismo para Siniakova, también de 30 años, nacida en Chequia. Juntas levantaron su primer grande en Wimbledon 2024, luego sumaron el Abierto de Australia 2025, Roland Garros 2026 y ahora este US Open.

Pero la historia de Siniakova va aún más lejos. Es la segunda vez que completa el Grand Slam de dobles. Ya lo había logrado junto a Barbora Krejcikova cuando ganaron el US Open 2022. Entre medias, también se adjudicó el título de dobles en Roland Garros 2024 con Coco Gauff.

No son solo trofeos; es un currículum que empieza a tener olor a leyenda en la disciplina.

“Había muchos nervios”, admitió Siniakova tras el encuentro. “Realmente estábamos luchando por este, así que estoy muy orgullosa. Lo hicimos”.

El sueño de las invitadas

Enfrente, Krueger y Montgomery se marchan sin el trofeo, pero con una campaña que se ganó el respeto del torneo. Llegaron con una invitación y se fueron habiendo derribado a las defensoras del título, Erin Routliffe y Gabriela Dabrowski, aunque en esta edición ambas compitieron con distintas compañeras.

Su carrera en Nueva York tuvo algo de reencuentro y de viaje en el tiempo. Cuatro años antes, en 2021, Krueger y Montgomery habían ganado el título de dobles junior del US Open. Esta final fue la versión adulta de aquel sueño adolescente.

“Creo que lo que acabamos de hacer ha sido increíble”, dijo Montgomery. “Creo que se nos olvidó que entramos con una invitación, así que me alegra que la hayamos aprovechado, y me alegra que hayamos podido volver a jugar juntas aquí, especialmente después del éxito que tuvimos en juniors”.

Un marcador… y un mensaje

Para Townsend, la noche tuvo un significado que fue mucho más allá del resultado. Sobre la pista, micrófono en mano, recordó a los aficionados que en esa final de dobles había dos mujeres negras estadounidenses –ella misma y Montgomery– el mismo día en que dos hombres negros estadounidenses se enfrentaban en semifinales individuales por un lugar en la final del domingo.

Después, en la sala de prensa, desarrolló esa idea. Este US Open, explicó, ha tenido un peso especial para la comunidad negra en el tenis estadounidense.

“Estoy muy orgullosa de poder encender la televisión y ver a Frances (Tiafoe) y Ben (Shelton), y saber que uno de ellos va a estar en una final de Grand Slam, y eso es algo hermoso”, dijo Townsend. “Robin, yo, ha sido Coco, ha sido un US Open fenomenal para la gente de color, y poder mostrar a la gente que es posible, ¿sabes?

“Pero no somos las primeras; definitivamente no vamos a ser las últimas”.

En Nueva York, el trofeo fue para Siniakova y Townsend. El eco, sin embargo, va mucho más allá del vestuario: habla de legado, de representación y de un deporte que, poco a poco, empieza a parecerse más a la gente que lo mira desde las gradas y desde la pantalla.