Shafali Verma brilla en la derrota de Pakistán en la Asia Cup
En el Dubai International Stadium, el India–Pakistán del Asia Cup femenino dejó una imagen que corrió rápido por las redes: Fatima Sana, capitana de Pakistán, celebrando con fuego el wicket de Shafali Verma… después de que su equipo se hubiera derrumbado por apenas 55 carreras.
La escena llegó en la tercera bola del segundo over. Fatima, de ritmo medio pero siempre agresiva, levantó ligeramente la longitud. La pelota se levantó un poco más de lo que Shafali esperaba. La abridora india intentó trabajarla hacia el lado de la pierna, pero el bate se le cerró a destiempo: leading edge, globo manso de regreso a las manos de la propia lanzadora.
Fatima no falló con el agarre. Y tampoco con el gesto. Mirada fija, brazo señalando el camino al vestuario, un send-off tan vehemente como inesperado para el contexto del marcador. Al otro lado, ninguna respuesta. Shafali se dio la vuelta y caminó en silencio hacia el vestuario, 12 carreras en 6 bolas a su nombre, con un cuatro y un seis, y un partido aún completamente inclinado hacia India.
El comentario en televisión fue tan directo como el gesto en el campo. Vivek Razdan soltó al aire: “Ok, le estás mostrando la salida. Tu equipo acaba de anotar 55 carreras, y ahora estás despidiendo a Shafali Verma”. Una frase que capturó el contraste de la noche: orgullo, frustración y un clásico cargado de emociones.
Un récord histórico en medio del fuego cruzado
Más allá del send-off, el día pertenecía a Shafali por un motivo mucho más grande. En ese duelo ante Pakistán, la abridora india se convirtió en la bateadora más joven en superar los 3.000 runs en T20I femeninos. Lo hizo con 22 años y 220 días, rebajando la marca de Gaby Lewis, que había llegado a esa cifra con 24 años y 347 días.
No solo eso: también se transformó en la más rápida en alcanzar el hito en términos de bolas enfrentadas. Necesitó 2.182 envíos para romper la barrera, superando el registro de la leyenda australiana Alyssa Healy, que lo había hecho en 2.321. Números que explican por qué, aun con ese wicket temprano, el partido nunca dejó de parecer bajo control para India.
El colapso de Pakistán y la respuesta india
El choque había arrancado con una decisión valiente de Fatima Sana: ganar el sorteo y elegir batear. La apuesta pedía carácter y solidez en la parte alta del orden. No llegó ni una cosa ni la otra.
La alineación paquistaní se desplomó. 55 all out en 18.1 overs, sin asociaciones largas, sin respuesta al control del ataque indio. Shree Charani y Prema Rawat se repartieron el protagonismo con la bola, tres wickets cada una, mientras Deepti Sharma aportaba dos más para rematar la faena. Cada over parecía una trampa distinta para unas bateadoras que nunca encontraron el ritmo.
Cuando India salió a perseguir el pequeño objetivo, lo hizo con un mensaje inequívoco. Primera bola del innings, Shafali Verma se adelantó a la línea y lanzó un seis que casi selló el tono de la cacería. Agresiva, sin miedo, como si el clásico necesitara un recordatorio de quién mandaba en el duelo.
La reacción de Fatima llegó rápido. La capitana de Pakistán se negó a dejar que el partido se esfumara sin pelea. Se cobró el wicket de Shafali con ese envío que se levantó un poco más de la cuenta. Luego derribó también a Smriti Mandhana y a Pratika Rawal, intentando meter nervios donde el marcador apenas ofrecía margen para la duda. Tres wickets, orgullo intacto y un liderazgo que, al menos con la bola en mano, sí dio la cara.
Pero el daño del primer acto era demasiado profundo.
Harmanpreet y Deepti cierran la puerta
Con la parte alta tocada, India recurrió a la calma de su núcleo duro. Harmanpreet Kaur y Deepti Sharma entraron sin estridencias, pero con una claridad absoluta: terminar el trabajo sin abrir resquicios a la épica rival.
Harmanpreet firmó 18*; Deepti, 12*; juntas guiaron la cacería hasta la línea con siete wickets en mano y 68 bolas todavía por jugar. Un paseo en el marcador, una lección de control emocional en el contexto.
Mientras Pakistán buscaba consuelo en el esfuerzo de su capitana con la bola, India salía del estadio con algo más que una victoria contundente en un clásico. Se llevaba la confirmación de que su estructura resiste incluso cuando su estrella de inicio cae temprano. Y Shafali, pese al send-off y a la caminata silenciosa de regreso al vestuario, abandonaba Dubai con un registro histórico a su nombre.
En un torneo corto y exigente como el Asia Cup, esos contrastes suelen decidir más que un simple resultado: ¿será este el día que recuerden como el del gesto encendido de Fatima Sana, o como la noche en que Shafali Verma empezó a reescribir los récords del formato corto a velocidad de vértigo?






