Semana negra para árbitros: el gol anulado de Reading ante Brentford
Ha sido una semana para olvidar en el gremio arbitral. Apenas se había apagado el ruido del caos con el VAR en el derbi de Manchester cuando otro escándalo estalló, esta vez en la Carabao Cup, con Reading como víctima en el SCL Stadium.
En la tercera ronda ante Brentford, los colegiados decidieron anular un empate que lo tenía todo para ser portada… salvo la aprobación de Tom Nield y su asistente. Paudie O'Connor se inventó una volea acrobática impecable, un remate de central convertido por un instante en delantero de élite. El balón terminó en la red. El estadio celebró. Y entonces llegó el silbato.
Gol anulado. Juego peligroso. La bota del defensa, según el criterio del árbitro, había subido demasiado.
La reacción fue inmediata. En el banquillo de Reading, Leam Richardson no se lo podía creer. “Estuvo en el ‘top 3’ de las peores decisiones que he visto”, sentenció el técnico, visiblemente molesto. En el césped, Charlie Savage fue aún más contundente: “Fue una de las peores decisiones que he visto en toda mi vida”. En la grada, solo quedaba asentir.
El problema es que la polémica no terminó ahí. Más tarde, ya con el partido maduro, llegó una mano clarísima dentro del área de Brentford. Penalti evidente, reclamado con rabia por los jugadores de Reading. Nada. Ni revisión, ni concesión. Pero nadie habla de esa acción, sepultada por la indignación que generó el gol anulado.
Al final, 2-1 para Brentford y eliminación. Lo que podía haber sido una noche de orgullo para el equipo del SCL Stadium se convirtió en otro capítulo de frustración contra el estamento arbitral, en una semana especialmente delicada para los colegiados en Inglaterra.
Y el enfado no se quedará solo en lo deportivo.
Caos en la carretera, nervios en la grada
Los aficionados de Reading salieron del estadio con la sensación de haber sido castigados dos veces: en el marcador y en las decisiones arbitrales. El sábado, cuando llegue el duelo de liga ante Notts County, el mal humor puede empezar incluso antes de que vean el césped.
Scottish and Southern Electricity Networks (SSEN) ha elegido precisamente este fin de semana para sustituir una torre eléctrica y cerrará la salida 11 de la M4, justo al lado del estadio. Una decisión de planificación que amenaza con convertir el acceso al partido en una prueba de resistencia.
El impacto se extenderá más allá del fútbol: hinchas de Reading, seguidores de Notts County, aficionados que se dirigen a las carreras en Newbury y al Newbury Show, todos atrapados en el mismo embudo de tráfico. El atasco está casi garantizado.
Sobre el campo, el escenario es muy distinto al de la autopista.
Un equipo tocado, pero en alza
Reading llega de dos derrotas consecutivas: caída en liga ante Cambridge y eliminación copera frente a Brentford. Sin embargo, el juego deja motivos para el optimismo. El equipo asustó a un rival de Premier League, obligándole a recurrir a Igor Thiago para intentar cerrar el partido. No es poca cosa.
Ese tipo de actuación suele dejar huella en un vestuario. Refuerza la idea de que el plan funciona, de que el nivel está ahí, aunque el resultado no acompañe. Y Reading, que en las últimas temporadas ha sufrido por falta de alternativas, ahora presume de algo que había echado de menos: competencia real por los puestos.
En casi todas las líneas hay pelea por entrar en el once. Nadie se siente intocable. El mensaje es claro: el que se relaje, se queda fuera.
Entre el ruido de los árbitros, las quejas por la M4 y el sabor amargo de la Carabao Cup, el club se asoma a un fin de semana extraño. El ambiente será tenso, el acceso al estadio, complicado, y la paciencia de la afición, corta.
Pero sobre el césped, donde no hay desvíos ni obras, Reading tiene la oportunidad perfecta para transformar la rabia acumulada en puntos ante Notts County. La pregunta es sencilla y decisiva: ¿convertirá el enfado en impulso… o en otra noche de frustración?






