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Sandeep Patil advierte a Abhishek Sharma y Vaibhav Sooryavanshi

India acaba de barrer 3-0 a Afganistán en la serie de T20I. Vestuario relajado, sonrisas, elogios para los jóvenes. En medio de ese clima festivo, Sandeep Patil eligió ir a contracorriente.

El exseleccionador y campeón del mundo en 1983 no quiso subirse al tren del triunfalismo. Prefirió poner un foco incómodo sobre dos de las grandes promesas del bateo indio: Abhishek Sharma y Vaibhav Sooryavanshi.

Su mensaje fue claro, casi crudo: en casa parecen leones; fuera, mucho menos.

El contexto del golpe: un siglo brillante, una herida abierta

Abhishek Sharma acaba de firmar una de esas entradas que marcan titulares. Cien carreras en apenas 30 bolas en el tercer T20I ante Afganistán, juego natural, agresión desde la primera pelota, y el premio de Jugador de la Serie.

Pero detrás del brillo reciente hay una estadística que explica el tono de Patil.

Antes de Afganistán, Abhishek había encadenado una gira dura: Irlanda, Inglaterra y Zimbabue. Tres series, diez entradas, solo 191 carreras. Un promedio de 19,1. Un único medio siglo. Para un bateador llamado a liderar la nueva generación, esa cifra pesa.

Patil no se dejó deslumbrar por el siglo en Delhi. No le sorprendió, de hecho. Recordó que tanto Abhishek como Vaibhav tienen de forma natural ese instinto de atacar desde la primera bola. Ese talento nunca estuvo bajo sospecha. La pregunta es otra: ¿qué pasa cuando la pelota se mueve?

La crítica de Patil: del rugido al maullido

En declaraciones a SportsNext, Patil apuntó sin rodeos al punto débil que ha detectado en ambos.

“Con el debido respeto a Abhishek Sharma y Vaibhav Sooryavanshi, hemos notado que cuando viajaron fuera de India y la pelota empezó a moverse un poco, tuvieron algunas dificultades. Estos dos jóvenes también tendrán que prestar atención a ese aspecto y trabajar en ello”, señaló.

Y entonces dejó la frase que encendió el debate: “Solo porque seas un león en casa en India, no deberías convertirte en un gato cuando vas al extranjero”.

No fue una ocurrencia al vuelo. Patil subrayó que el siglo de Abhishek frente a Afganistán no borra la preocupación. El duelo se jugó en Delhi, en condiciones familiares, ante un ataque que no ofreció el tipo de costura y swing que se encuentra en las giras por Irlanda o Inglaterra. El examen que le interesa a Patil no se rinde en casa.

Sooryavanshi, en el banquillo y en el centro del debate

El caso de Vaibhav Sooryavanshi es todavía más delicado. No jugó un solo partido en la serie contra Afganistán. Observó desde el banquillo cómo Sanju Samson y Abhishek se adueñaban de los puestos de apertura.

Su ausencia no fue casual. Sus dificultades previas frente a la pelota en movimiento en condiciones más exigentes han dejado huella en el cuerpo técnico. Gautam Gambhir, actual seleccionador jefe, ya le pidió públicamente paciencia mientras se define su rol exacto en el equipo.

Patil, por su parte, no cuestionó el techo de ninguno de los dos. Los defendió en lo esencial: tienen el juego para atacar, tienen la osadía, tienen el repertorio. Lo que no tienen todavía son respuestas consolidadas cuando el swing y la costura se combinan con superficies desconocidas. Y el cricket de franquicias, por muy glamuroso que sea, rara vez exige resolver ese tipo de rompecabezas con tanta frecuencia.

Datos que respaldan el aviso

El comentario de Patil pudo sonar duro al producirse justo después de un siglo deslumbrante. Pero los números sostienen su tesis.

El bajón de Abhishek en Irlanda, Inglaterra y Zimbabue no es una simple racha corta. Tres países, condiciones menos amigables para el golpeo de poder, un patrón repetido de caídas tempranas. No se trata de una mala semana, sino de un síntoma que merece ser nombrado.

Con Sooryavanshi el ejemplo es todavía más claro. Su ascenso ha sido acelerado, casi vertiginoso. Esa promoción exprés le ha dado exposición, pero no tiempo suficiente para construir soluciones contra el movimiento real de la pelota en el cricket internacional. En ese terreno, la experiencia cuenta más que cualquier reputación en ligas privadas.

Una advertencia a tiempo para la nueva generación

Patil insistió en que su señalamiento es constructivo. No se trata de derribar, sino de avisar. India está apostando fuerte por una camada de bateadores agresivos, capaces de cambiar un partido en cinco overs. Pero el calendario global no perdona: las giras a condiciones frías, húmedas, con nubes y costura viva, siguen marcando la diferencia entre figuras domésticas y verdaderas estrellas mundiales.

El rugido en Delhi ya lo han demostrado. La verdadera pregunta, la que Patil dejó flotando, es otra: ¿cuándo empezarán a rugir igual en Dublín, en Londres o en Harare?