Samson y Sooryavanshi: rivalidad que impulsa el cricket en India
En el verano en que medio país se aprendió de memoria el nombre de Sooryavanshi, el chico tenía 14 años y una puerta abierta en la élite: la lesión del capitán de Rajasthan Royals en la IPL 2025. Entró como emergencia, se quedó como fenómeno. En apenas su tercer partido, respondió con un siglo. De golpe, ya no era solo el niño del futuro, era el abridor del presente.
Cuando Sanju Samson regresó de la lesión, el escenario había cambiado. El veterano, capitán y referente, bajó al número 3. El adolescente se quedó arriba. A partir de ahí, la relación dejó de ser solo mentor–protegido. Se convirtió en algo más incómodo: competidor–competidor. Y ahora, con ambos en la selección india, el duelo se traslada al escaparate más grande posible: el puesto de apertura en el equipo nacional.
Delhi, un guiño del destino
En el Arun Jaitley Stadium, contra Afganistán, la moneda cayó del lado de Samson. El cuerpo técnico eligió su experiencia por delante del brillo reciente de Sooryavanshi. El contexto no era sencillo: el propio Samson venía de fallar en el primer partido de la serie.
Su respuesta fue brutal. Un 57 de 22 bolas, innings desatado, de los que cambian partidos y también conversaciones. Mientras tanto, el adolescente veía todo desde el banquillo por segundo encuentro consecutivo, apenas semanas después de haber sido elegido Jugador de la Serie en Zimbabue.
La narrativa fácil hablaría de tensión. Samson la desmonta de raíz.
“Podemos ser competidores para el mundo exterior, pero somos un equipo, jugamos por un país y queremos ganar el partido primero”, explicó tras el 2-0 que dejó la serie sentenciada con un duelo por jugar. No son palabras vacías: en el vestuario, los dos pelean por el mismo sitio, pero la prioridad sigue siendo el resultado.
El peso de la elección
Samson sabe bien de qué habla cuando se refiere a decisiones duras. Ha llevado el brazalete en la IPL, ha tenido que elegir, sentar, rotar. Por eso no se victimiza.
“Es un lugar muy exigente. Para todo el cuerpo técnico, para el capitán, el entrenador, los seleccionadores… es muy difícil. Lo entiendo totalmente, habiendo liderado una franquicia. Sé lo duras que son estas decisiones cuando todos están rindiendo muy bien”, admite.
Su propio historial reciente refleja lo cambiante del formato. Fue Jugador del Torneo en el Mundial T20 en casa a principios de año. Empezó en el banquillo, reaccionó con una semifinal de 97* en 50 bolas y un 89 en la final. India defendió su corona, primera selección en hacerlo. Samson, en el momento clave, apareció.
Mientras tanto, en la IPL, el foco mediático se desplazaba hacia el chico que él mismo había impulsado. Sooryavanshi firmó una temporada de 776 carreras, promedio de 48,5 y un estratosférico strike-rate de 237,3. Cifras casi irreales. Samson, en Chennai Super Kings, vivió un curso de extremos: días de festín, días de sequía.
El vaivén de un lugar en el XI
Llegó el inevitable ajuste. Samson encadenó tres fallos: dos en Irlanda, en una serie que India perdió 0-2, y otro en el primer T20I en Inglaterra. El factor Sooryavanshi se hizo imposible de ignorar. El adolescente tuvo tres partidos seguidos, un bautismo duro ante un rival de alto nivel, antes de que Samson regresara para el último encuentro de una serie que acabó 0-4 para los visitantes.
Luego, otro giro. Samson descansó en la gira por Zimbabue. Sooryavanshi explotó: Jugador de la Serie y la sensación de haber adelantado a su antiguo capitán en la carrera por la apertura. En Delhi, la silla musical volvió a girar. Esta vez, a favor de Samson. Y con ella, una nueva oleada de debate público sobre las decisiones de selección.
El bate del guardián de Kerala habló por él. Y su cabeza, también.
“Intento apagar el Wi-Fi”, bromeó, arrancando carcajadas en la sala de prensa. Detrás del chiste, hay una realidad que no esconde.
“Al principio, duele. No soy una máquina. No somos robots a los que no les afecte nada. Claro que importa y te afecta un poco”, reconoció.
El precio de ser opener en la India moderna
Los años le han enseñado algo más valioso que cualquier técnica nueva: cómo vivir con el ruido. Entiende ya las exigencias peculiares de ser un jugador indio, el escrutinio constante, el juicio inmediato. Y asume también lo que implica ser abridor en el T20 moderno: riesgo alto, recompensa alta, y una relación complicada con la palabra “consistencia”.
No piensa cambiar su forma de jugar para maquillar estadísticas.
“Creo en la consistencia de mi proceso. En cómo me preparo, cómo entreno, cómo meto las horas duras. Ahí es donde intento poner el foco. No puedes controlar la consistencia del resultado en este formato… La consistencia tiene que estar en el marco mental, y luego lo que pase, pasa. Eso es una mentalidad sin miedo”.
Ese enfoque explica por qué puede convivir con un talento generacional que apunta al mismo sitio del orden de bateo. Su aceptación del contexto y su confianza en su método son el pegamento que permite que la rivalidad no rompa el vestuario.
Competencia sí, drama no
No hay garantías para nadie. Ni para el veterano ni para el prodigio. Nadie sabe quién abrirá el próximo partido, ni quién tendrá la cuerda más larga. Lo curioso es que Samson, uno de los dos grandes afectados, parece estar en paz con esa incertidumbre.
“Ver a un chico de 15 años hacer 700-800 carreras… Mi premio al Jugador del Torneo en el Mundial 2026 fue antes de eso. Después, él ha rendido tan bien que tenía que entrar tarde o temprano en el equipo. Yo no rendí en 2-3 partidos y él estaba en forma, y queríamos ganar partidos en esa serie en Inglaterra”.
La comunicación interna, subraya, ha sido constante.
“Hubo mucha comunicación en medio de la serie en Inglaterra. Él habló mucho conmigo antes de esta serie también… Es muy fácil tomar decisiones populares. Pero, como grupo de liderazgo, hemos estado tomando decisiones muy duras poniendo al equipo por delante. Ahí es donde hay que dar crédito al grupo de liderazgo”.
En su mente, la ecuación es sencilla: el ascenso meteórico de Sooryavanshi no tiene por qué significar su caída. El fracaso puntual de uno no debe ser la única puerta para el otro. No es un juego de suma cero, por más que el debate público lo presente así.
En Delhi, Samson volvió a presentar su candidatura con el bate. La próxima oportunidad, sin embargo, bien puede llevar el nombre de Sooryavanshi en la tarjeta de equipo. Y quizá ahí, en esa tensión permanente entre dos aperturas de lujo, se esconda la verdadera ventaja de India: un puesto, dos hombres, y ningún espacio para la complacencia.






