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Samarawickrama guía a Sri Lanka a semifinales en la Women's Asia Cup 2026

En Dubái, en una tarde cargada de nervios y giros bruscos, Sri Lanka sobrevivió a un auténtico vaivén para imponerse a Bangladesh y asegurar su billete a las semifinales de la Women’s Asia Cup 2026. Tres victorias en tres partidos. Invictas. Pero esta vez, nada fue sencillo.

Bangladesh se quedó en un discreto 114/8, un total que parecía corto desde el papel, pero que pronto se convirtió en una montaña cuando la pelota empezó a hacer hablar a sus lanzadoras. El partido, que apuntaba a trámite, se transformó en un pulso tenso, casi asfixiante.

El colapso y la calma

La respuesta de Sri Lanka arrancó torcida. Muy torcida. El marcador se desplomó hasta un 44/5 que heló el vestuario asiático y encendió de golpe las opciones de Bangladesh. Las lanzadoras, lideradas por un hechizo de Marufa Akter, olieron el miedo y fueron a por él.

En medio del derrumbe, una figura se negó a ceder: Harshitha Samarawickrama. Sin apoyo real en el otro extremo, con el run-rate subiendo y los nervios mordiéndole el entorno, decidió no mirar el marcador, sino el siguiente balón. Aguantó. Esperó. Y cuando el partido se inclinaba peligrosamente hacia Bangladesh, atacó.

Al final del 17º over, Bangladesh parecía tener el control. Sri Lanka estaba en 86/6, todavía necesitaba 29 carreras, y Samarawickrama caminaba a 28 de 30 bolas, acabando de sortear el último over de una actuación brillante de Marufa Akter, que cerró con 3-21. El impulso, en apariencia, era verde y rojo.

El giro brutal

Dos bolas después, todo cambió. En el over siguiente, Samarawickrama encontró por fin el hueco: primero un cuatro, y en la bola siguiente, el primer seis del partido. Un golpe limpio, simbólico. El duelo, de repente, ya no era el mismo.

La ecuación se redujo a 13 en 12 bolas. Bangladesh, que había trabajado con rigor para mantenerse en la pelea, recibió otro golpe inesperado: sanción por slow over-rate. Para los dos últimos overs, solo tres jugadoras podían estar fuera del círculo de 25 yardas. En un final ajustado, esa restricción es casi una sentencia.

Samarawickrama olió la oportunidad y apretó el acelerador. Al final del 19º over, descargó otro seis, esta vez un derechazo recto, seco, casi definitivo. El gesto de quien ya ve la meta y no piensa levantar el pie.

Un final a puro nervio

El cierre tuvo la tensión que merecía el guion. Bangladesh rodeó a la bateadora con un campo cargado de nervios y esperanza. Cada bola era una posibilidad, cada bote un suspiro. Sri Lanka necesitaba rematar. Bangladesh buscaba un milagro.

Samarawickrama no se movió un centímetro de su plan. Llegó a 48* en 37 entregas, y las carreras decisivas llegaron en el último over. El punto final, paradójicamente, no salió del bate: un leg-bye, entre medias de un amago de apelación por lbw, selló la victoria. Sin fuegos artificiales, pero con un peso enorme. Partido ganado. Pase a semifinales asegurado. Racha invicta extendida a tres encuentros.

El trabajo previo: Prabodha y el dominio del spin

Antes de que la historia se escribiera con el bate de Samarawickrama, Sri Lanka había dejado su sello con la pelota. Chamudi Prabodha rompió la estructura del bateo de Bangladesh, abriendo grietas que el resto del ataque supo ensanchar.

Bangladesh había empezado con buenas sensaciones gracias a Dilara Akter, y Sobhana Mostary sostuvo la entrada con 34 desde el número 3. Pero ahí se frenó todo. El medio orden se atascó, atrapado en una red de spin que no les permitió liberar los brazos ni acelerar el marcador. Más que avanzar, Bangladesh deambuló hasta ese 114/8 que se quedó corto, pero nunca muerto.

Intentaron defenderlo con orgullo. Se metieron en el partido con el 44/5, lo llevaron al límite con el 86/6, y forzaron a Sri Lanka a jugar bajo presión hasta la última bola. No alcanzó. En noches así, una jugadora puede inclinar la balanza.

Esta vez, esa jugadora se llamó Harshitha Samarawickrama. Y su calma, en Dubái, valió una semifinal.