Rybakina remonta ante Gauff y se enfrenta a Sabalenka en la final del US Open
Elena Rybakina sobrevivió a una noche abrasadora en el Arthur Ashe Stadium y terminó imponiendo su ley: 3-6, 6-4, 6-4 ante Coco Gauff para meterse en la final del US Open y mantener vivo el sueño de su tercer grande. La espera ahora es clara y cargada de historia reciente: le aguarda Aryna Sabalenka, campeona defensora en Nueva York y rival a la que ya derrotó en la final del Australian Open de este año.
Primer Set
Durante un buen tramo, la pista fue de Gauff. La estadounidense, empujada por un público ensordecedor en el que se dejaba ver incluso la ex primera dama Michelle Obama, respondió al bombardeo inicial de Rybakina con temple desde el fondo. Devolvió todo, alargó peloteos, provocó errores y rompió en el sexto juego para tomar el mando del primer set. Cerró el parcial con autoridad, con la sensación de tener el partido en su mano.
Cambio de Dinámica
La historia cambió cuando la número cuatro del cuadro empezó a aflojar. Algunos juegos imprecisos, un par de decisiones dudosas y Rybakina olió sangre. Ajustó miras, encontró más primeros saques y castigó sin piedad cada bola corta. La kazaja se adueñó del segundo set, se llevó el 6-4 y apagó el ruido del estadio de golpe. El duelo, de repente, ya no era un vendaval local, sino una batalla abierta.
Tercer Set
En el tercero, la potencia de Rybakina terminó inclinando la balanza. Su derecha empezó a dictar el ritmo y el marcador lo reflejó: rompió para adelantarse 5-3 y colocarse a un solo juego de la final. Gauff, orgullosa y combativa, se negó a rendirse. Recuperó el break y encendió de nuevo a la grada. Parecía lista para otra remontada de las suyas.
Pero el último giro fue de Rybakina. Cuando más lo necesitaba, volvió a imponer su servicio, se plantó firme en la devolución y rompió de nuevo para cerrar el partido. Sin titubeos. Sin concesiones. Una victoria trabajada, sufrida y con sabor grande en la pista central más imponente del mundo.
El domingo, horario AEST, la final repetirá el cartel de Melbourne: Rybakina contra Sabalenka, con la kazaja intentando volver a golpear en tres sets como ya hizo en Australia.
Sabalenka vs. Pegula
Antes de que Rybakina completara su remontada, Aryna Sabalenka había enviado un mensaje contundente al cuadro femenino: 7-5, 6-2 a Jessica Pegula y a un solo triunfo de un inusual tercer título consecutivo en Nueva York.
La número uno salió tensa, incómoda, casi hirviendo por dentro. Pegula salvó una bola de break temprana con un derechazo impecable, y la frustración de Sabalenka se hizo visible: raquetazo contra la pista tras una doble falta en el noveno juego, otro lanzamiento de la raqueta al suelo cuando la estadounidense sostuvo el servicio en el décimo. Parecía atrapada en su propio volcán.
Justo ahí cambió todo. En el momento clave del set, Sabalenka encontró su mejor versión desde el fondo. Ajustó la dirección, subió la intensidad y rompió a Pegula en la bola de set, dominando el punto desde la línea de base. Desde entonces, ya no levantó el pie.
Con el primer parcial en el bolsillo, la bielorrusa se desató. Acabó el partido con 29 golpes ganadores y 7 aces, un vendaval que Pegula no pudo contener. La tercera cabeza de serie, finalista en 2024, se vio superada en cada intercambio largo y permitió que los errores se colaran en su juego en el segundo set, justo cuando más necesitaba precisión.
Sabalenka, que venía de perder su último cruce ante Pegula en las semifinales de Berlín en junio, habló de una sensación de control absoluto sobre sus decisiones en pista. Esta vez, su nivel fue claramente superior al de esos enfrentamientos previos, y el marcador lo reflejó sin margen para la duda.
Pegula, otra vez frenada en su intento de conquistar su primer grande, admitió la realidad de la noche: se encontró delante a una rival en un nivel altísimo y dudó incluso de si su mejor versión habría bastado para cambiar el desenlace.
Ahora todo converge en una final con peso histórico: Rybakina persiguiendo su tercer título de Grand Slam, Sabalenka a un paso de encadenar tres coronas en Nueva York. Poder contra poder, pasado reciente como prólogo y una pregunta inevitable: ¿quién se atreverá a soltar primero la raqueta en la Arthur Ashe Stadium cuando el último punto ya esté escrito?






