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Ryan Garcia transforma la rueda de prensa en un espectáculo surrealista

En Las Vegas, donde casi nada sorprende, Ryan Garcia encontró la forma de ir un paso más allá. El campeón del mundo WBC del peso wélter defendió su cinturón antes de lanzar un solo golpe: a base de gritos, insultos, un huevo duro y un espectáculo que convirtió una rueda de prensa rutinaria en un número de variedades. Al otro lado, Conor Benn, 29 años, ni se inmutó.

El combate se disputa el sábado en el T-Mobile Arena. La función, sin embargo, arrancó el jueves.

Un huevo duro, un chaleco antibalas y un campeón desatado

Garcia, 28 años, entró en modo “showman” desde el primer minuto. Se sentó, abrió una bolsa, sacó un huevo duro, lo peló con calma y se lo comió entero delante de todos. Sin pestañear. Después remató con una frase envenenada: “Él tiene mucha familiaridad con los huevos, así que pensé en comer algunos”. A pocos metros, Nigel Benn, padre del retador, negaba con la cabeza.

La alusión no era casual. Conor Benn dio positivo por clomifeno en 2022 y el WBC llegó a considerar que un consumo elevado de huevos podía ser una explicación razonable. En ese contexto, el gesto de Garcia fue algo más que una excentricidad: fue un dardo directo, envuelto en pantomima.

Para rematar lo absurdo del momento, el estadounidense añadió que el huevo estaba “un poco seco” y que le vendría bien “algo de miel”. La escena encajaba más con un segmento de WWE que con la previa de una pelea de campeonato. No por nada, Garcia apareció recientemente en Monday Night Raw y parece decidido a trasladar ese guion al boxeo.

Mientras tanto, Benn optó por otro registro. Chaleco estilo antibalas, gesto serio, nada de aspavientos. “Todo lo de hablar, tuitear, escribir y retransmitir se acabó. Estoy listo para pelear”, soltó, sin subir el tono, sin entrar en el juego de su rival.

Dardos cruzados y pasado manchado

El tema de los dopajes flotó en el ambiente, aunque ninguno lo mencionó para sí mismo. Garcia, que también cumplió una sanción tras dar positivo por ostarina después de su pelea de 2024 ante Devin Haney, se permitió bromear con los huevos. Ambos siempre han negado haber consumido sustancias prohibidas de forma consciente, pero el historial compartido añadió una capa de tensión a cada gesto.

La organización, escarmentada, actuó con reflejos. Antes del cara a cara, seguridad requisó otro huevo que Garcia llevaba en el bolsillo, quizá para evitar una reedición de la escena del año pasado, cuando Chris Eubank Jr abofeteó a Benn con uno en plena presentación.

Esta vez no hubo empujones ni amagos de pelea. En su lanzamiento en Nueva York, en julio, tuvieron que separarlos. En Las Vegas, el guion cambió: Garcia siguió hablando, subiendo el volumen, estirando el show. Benn, en cambio, se llevó un dedo a los labios, pidió silencio con una sonrisa, y terminó marchándose del escenario sin mirar atrás. Mensaje claro: el espectáculo, para el otro.

El T-Mobile, a medio gas pero encendido

La rueda de prensa se celebró dentro del propio T-Mobile Arena, con una parte del recinto cortinada para el público. No era una noche de Saul “Canelo” Álvarez ni se parecía al aluvión de aficionados británicos que en su día arrastraba Ricky Hatton, pero la respuesta fue más que respetable. Aficionados haciendo cola más de una hora antes de que se abrieran las puertas, pequeños grupos de británicos ruidosos y un recibimiento a Garcia tan fuerte como dividido.

El campeón, uno de los grandes fenómenos de redes sociales del boxeo, con más de 13 millones de seguidores en Instagram, sabe cómo manejar esa mezcla de aplausos y abucheos. Se alimenta de ella. La provoca. Benn, en cambio, jugó otra carta: cuando Garcia le acusó de haber “encendido un fuego” al cuestionar su herencia mexicana, el británico, que pasó 12 años de su infancia en Mallorca, respondió en un español fluido que sorprendió a más de uno.

La escena tuvo sabor a teatro. Y no fue la única. En un momento dado, un hombre con barba postiza se levantó entre el público para hacer una pregunta. Segundos después se reveló: era Teofimo Lopez, campeón mundial WBA “Super” del peso wélter. Se quitó el disfraz, sonrieron las cámaras, rugió la grada. Todo encajaba con la atmósfera de show continuo.

Peso, orgullo y una guerra psicológica sin guantes

Garcia, ya lanzado, disparó hacia todos los frentes. Se burló de la línea de cabello del mánager de Benn, Keith Connolly, y luego apuntó al tema más delicado en la semana de una pelea: el peso.

Benn no baja al límite de 10 st 7 lb del peso wélter desde hace más de cuatro años. Sus dos duelos ante Chris Eubank Jr fueron en el peso medio. Garcia le sugirió que, una vez cumplido el trámite del pesaje, se rehidratase hasta donde quisiera, pero cuestionó si su cerebro se recuperaría del esfuerzo del corte de peso.

La respuesta de Benn fue corta, seca, sin adornos: “Que se preocupe por él mismo. Ya tiene bastantes problemas. Yo no me fijo en él, solo me ocupo de mí y no recorto esquinas. Mañana veremos quién da el peso”. Frase de vestuario, de tipo que se siente cómodo en el sufrimiento silencioso del gimnasio.

En medio de tanta estridencia, el propio Garcia dejó caer un momento de lucidez. Admitió que buena parte de su actuación no dejaba de ser eso, actuación: “Todo esto es ruido, ya he hecho mi trabajo y soy el mejor boxeador. Esto es divertido, pero sabemos lo que hay que hacer”. Duró poco. En cuanto Benn abandonó el escenario, el campeón volvió al modo artista: se quedó sobre la tarima, posando, gritando, jugando con el público como si el ring ya estuviera montado.

El sábado, el ruido se apaga

La semana había transcurrido relativamente tranquila hasta este punto. El jueves, el campeón decidió pisar el acelerador y convertir una simple comparecencia ante la prensa en un capítulo más de su propia serie. Entre huevos, disfraces, pullas y frases en español, la pelea se fue cargando de narrativa.

El sábado, cuando suene la campana en el T-Mobile Arena, no habrá chalecos antibalas, ni barbas postizas, ni huevos duros. Solo dos hombres, un cinturón WBC del peso wélter en juego y una pregunta que ya no admite teatro: ¿aguantará el hielo de Benn cuando por fin se apaguen las luces del show de Ryan Garcia?