Ryan Garcia noquea a Conor Benn y desafía a Terence Crawford
Ryan Garcia debía salir de Las Vegas como el gran estandarte de Zuffa Boxing. Salió con el cinturón, con un nocaut brutal y con un incendio mediático que ya no se pelea solo en el ring, sino también en despachos, plataformas y redes sociales.
La noche del 12 de septiembre, en el T-Mobile Arena, fue perfecta sobre el papel: victoria por detención en el segundo asalto ante Conor Benn, defensa exitosa del título mundial wélter del WBC y un lleno absoluto de 18.855 aficionados. Zuffa Boxing anunció una recaudación en taquilla superior a los 8 millones de dólares, mientras Paramount+ distribuía la velada dentro de su acuerdo global de ‘streaming’ con la promotora.
Todo encajaba. Hasta que dejó de hacerlo.
De la fiesta al fuego cruzado
Garcia no se permitió una larga celebración. Su obsesión tiene nombre y apellido: Terence Crawford. El pique venía de lejos, alimentado durante meses por las críticas de Garcia a las decisiones de carrera del excampeón indiscutido, especialmente su elección de alejarse del boxeo profesional en lugar de seguir enfrentando a la nueva élite.
Tras la demolición de Benn, el tono subió varios grados. En una charla con Ariel Helwani, Garcia disparó sin filtro hacia Crawford, al que acusó abiertamente de envidia y le lanzó un desafío directo, con insultos incluidos, prometiendo “sacarle” esos celos a golpes.
Crawford respondió con sorna, recordándole que está retirado y sugiriendo que se concentre en rivales en activo. Garcia, lejos de recular, redobló la apuesta: le propuso arreglarlo “dentro o fuera del ring”, listo —según él— para llevar la disputa más allá de las cuerdas.
Ese intercambio no solo tensó la cuerda deportiva. Abrió también una grieta en el negocio.
Jake Paul entra en escena
En ese clima apareció Jake Paul. Y no entró de puntillas.
Con una publicación en redes sociales —ya borrada— se dirigió directamente a Garcia, atacando primero su criterio deportivo y luego su credibilidad como figura comercial. En el mensaje, Paul aseguraba que Crawford “lo destrozaría en dos segundos” y que él mismo también lo haría “en la calle”.
El golpe más duro, sin embargo, fue económico. Paul acusó a Garcia de haber hecho perder a Paramount “decenas de millones de dólares” y remató con una frase incendiaria sobre su supuesto rol como “cara” de un determinado discurso racial. La cifra que lanzó Paul no cuenta, hasta el momento, con respaldo en los datos públicos disponibles, por lo que se mantiene como una acusación, no como un hecho verificado.
La crítica no es solo deportiva ni solo moral. Es una estocada directa a la imagen de Garcia como activo comercial en plena fase de expansión de Zuffa Boxing y de la apuesta de Paramount+ por el boxeo.
Un triunfo que valía mucho más que un cinturón
La victoria de Garcia sobre Benn no era una pelea cualquiera. Conor Benn había sido presentado como una de las grandes apuestas iniciales de Zuffa Boxing. Según informó The Ring, el británico firmó primero un acuerdo por una sola pelea en torno a los 15 millones de dólares, antes de comprometerse con una extensión de cinco combates hasta 2028.
Garcia no solo arruinó el plan deportivo de Benn. Golpeó el relato: el evento había sido promocionado como una gran carta de presentación del proyecto boxístico de Zuffa y como un hito para Paramount+, que definió oficialmente la velada como un evento global “sin precedentes” dentro de su plataforma, disponible para suscriptores sin coste adicional en la mayoría de mercados.
En ese contexto, la tesis de Paul es clara: la fijación de Garcia con Crawford podría enturbiar las opciones comerciales que se abren ahora para su próxima defensa. Que eso se traduzca en las “decenas de millones” que él menciona es otra historia, aún sin sustento objetivo.
Viejas heridas y cuentas pendientes
La intervención de Paul tiene un trasfondo personal. No siempre estuvieron enfrentados. Hubo un tiempo en que Ryan Garcia y Jake Paul mantenían una relación cordial, hasta el punto de contemplar la posibilidad de verse las caras en un ring.
Paul llegó a señalarlo como rival potencial cuando se cayó un combate de exhibición entre Garcia y Gervonta “Tank” Davis. Sobre la mesa, según se filtró, hubo una oferta en torno a los 20 millones de dólares, que Garcia rechazó.
Más tarde, en una conversación con Shannon Sharpe, Garcia explicó que eligió pelear por un título mundial —ante Mario Barrios— en lugar de perseguir el cheque más grande. Aseguró que ya había aprendido la lección de “perseguir el dinero” y que esta vez prefirió el camino del boxeador tradicional, con cinturón en juego. Paradójicamente, el propio Garcia admitió que el negocio terminó saliéndole bien: también cobró muy bien por esa vía.
Ese episodio, sumado al actual éxito deportivo de Garcia, añade una capa de resentimiento a las palabras de Paul. No es solo un youtuber reconvertido en boxeador opinando sobre el campeón del WBC. Es un antiguo aliado frustrado, que ve cómo el hombre que rechazó su propuesta se consolida ahora como una de las caras más vendibles del boxeo.
El pasado que no se borra
Mientras crece su figura, el historial de Garcia sigue teniendo una mancha reciente. En 2024, la Comisión Atlética del Estado de Nueva York lo suspendió un año tras dar positivo por ostarina, una sustancia prohibida.
La victoria sobre Devin Haney se transformó en ‘no contest’, perdió su bolsa declarada y recibió una multa de 10.000 dólares. Un golpe duro a su reputación, del que ha intentado rehacerse a base de actuaciones contundentes.
Desde entonces, Garcia ha reconstruido su camino hasta coronarse campeón mundial wélter del WBC al vencer a Mario Barrios y defender el título con autoridad frente a Benn. En Las Vegas, el árbitro detuvo la pelea a 1:25 del segundo asalto, una demostración de poder que parecía destinada a cerrar debates, no a abrir otros nuevos.
Un campeón rodeado de opciones… y ruido
Hoy, Terence Crawford no muestra intención de romper su retiro solo para atender los desafíos de Garcia. En su última respuesta, le instó a centrarse en nombres activos como Devin Haney, Keyshawn Davis, Shakur Stevenson, Richardson Hitchins o Teofimo Lopez.
Garcia, por su parte, también ha mencionado a Lopez y a otros grandes rivales como objetivos inmediatos. Todo indica que, al menos a corto plazo, la rivalidad con Crawford seguirá siendo material de redes sociales, entrevistas y titulares, más que una pelea real en el calendario.
En medio de ese cruce de caminos, la irrupción de Jake Paul añade otra capa a un escenario ya complejo. Lo que empezó como el típico reto de un campeón a una leyenda retirada se ha transformado en un pulso mucho más amplio, donde se mezclan egos, contratos millonarios, intereses de plataformas globales y el futuro comercial de uno de los campeones más vendibles del boxeo actual.
La pregunta ya no es solo a quién quiere enfrentar Ryan Garcia. Es quién se atreverá a arriesgar su inversión en medio de este torbellino.






