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Ryan Garcia fulmina a Conor Benn y apunta a reinar en el peso wélter

En Las Vegas bastaron menos de cuatro minutos para que Ryan Garcia convirtiera una pelea de alto voltaje en una ejecución. Dos asaltos, un derechazo brutal y un mensaje claro al resto del peso wélter: el campeón del WBC a 147 libras no está para juegos.

En la T-Mobile Arena, en un fin de semana de Independencia mexicana y con 18.855 aficionados volcados mayoritariamente con él, el estadounidense de 28 años demolió a Conor Benn y retuvo el cinturón con una frialdad de veterano y la electricidad de una estrella generacional.

Benn sale al fuego. Garcia espera… y descarga

Benn había prometido “tenacidad, ferocidad, rencor” y desde la campana inicial cumplió palabra. Salió disparado desde su esquina, decidido a ahogar al campeón a base de ritmo y presión. Marcó al cuerpo, apretó en los cruces y hasta conectó un golpe a la nuca que el árbitro Thomas Taylor dejó pasar.

Garcia, sin embargo, no se dejó arrastrar por el caos. En el primer asalto se dedicó a mirar, a “descargar” datos, como él mismo explicó después. Guardia alta, pasos cortos, lectura fría. Cada vez que Benn entraba, el estadounidense soltaba su gancho de izquierda, esa firma que anuncia peligro aunque no remate.

El británico, 29 años, llegaba con la carga simbólica de un apellido pesado. Su padre, Nigel Benn, fue campeón del mundo WBC del supermedio hace más de tres décadas. El hijo buscaba su propia historia dorada en el mismo organismo, pero en wélter, una categoría a la que no bajaba desde hacía cuatro años y medio. El propio Benn había descrito el regreso a las 147 libras como “pasar por los pozos del infierno”. En el pesaje del viernes dio 146, su cifra más baja en siete años. El sacrificio fue enorme. La recompensa, mínima.

Un derechazo que apaga todo

El combate se decidió en un instante. Arranque del segundo asalto, Benn intenta acortar la distancia de nuevo, fiel a su plan de presión. Esta vez, Garcia ya lo tiene medido.

El campeón planta los pies, no retrocede. Ve el hueco, suelta la derecha recta y la conecta limpia en la barbilla. Benn no la ve venir. Se derrumba de golpe, hecho un ovillo sobre la lona. La T-Mobile explota.

El británico se levanta, pero sus piernas cuentan otra historia. La mirada perdida, el equilibrio roto. Garcia lo detecta al instante: se abalanza y desata una ráfaga con ambas manos. Taylor observa un par de segundos, decide que ya es suficiente y detiene la pelea a los 1:25 del segundo asalto.

Garcia no admite debate sobre la detención. “Podrían haberla parado cuando estaba en el suelo”, dijo. “Estaba fuera. Le miré a los ojos y no estaba ni ahí. Si hubiera seguido, habrían visto a un hombre inconsciente en la lona. Es trabajo del árbitro parar la pelea cuando toca, para proteger al boxeador”.

Con el triunfo, Garcia defiende por primera vez el título que conquistó en febrero en el mismo escenario, cuando derribó y superó a los puntos a Mario Barrios. Su récord queda en 26-2, 21 KOs. Benn cae a 25-2, 14 KOs, y ve cómo se esfuma, al menos por ahora, la posibilidad de emular a su padre.

Dos carreras rehabilitadas… a golpe de millones

La noche en Las Vegas tenía un trasfondo incómodo: ambos protagonistas llegaban con recientes sombras de dopaje sobre sus espaldas.

Garcia dio positivo por ostarina, un agente anabólico prohibido, en torno a su victoria de abril de 2024 ante Devin Haney. El resultado se anuló, quedó como no contest y el californiano fue sancionado un año. Su equipo habló de suplementos contaminados.

El caso de Benn fue aún más enrevesado. Dos positivos por clomifeno antes de su pelea prevista en 2022 ante Chris Eubank Jr le dejaron dos años sin poder boxear en Reino Unido. Siempre defendió su inocencia y finalmente fue exonerado por el National Anti-Doping Panel.

Pese a todo, ahí estaban los dos, bajo los focos de Las Vegas, con bolsas cercanas a los 15 millones de dólares cada uno y en uno de los eventos del año. Un escaparate perfecto para la nueva aventura de Zuffa Boxing, el proyecto boxístico de Dana White, que co-promocionó la velada tras fichar a Benn en abril, rompiendo con la década del británico bajo el paraguas de Matchroom y Eddie Hearn. En el otro lado, Golden Boy, la promotora de Oscar De La Hoya, que sigue manejando la carrera de Garcia tras meses de tira y afloja con Zuffa para cerrar el combate.

Caos en el micrófono y un campeón sin miedo

El nocaut no fue el final del espectáculo, solo el principio de la siguiente función. La entrevista televisada posterior degeneró rápido en un circo controlado, muy en la línea del torbellino mediático que rodea a Garcia, uno de los primeros superestrellas Gen-Z del boxeo.

Desde el ring, el campeón localizó en primera fila a Teófimo López, monarca WBA del peso wélter, que le había estado provocando desde el ringside. Garcia lo llamó de inmediato: “Unified time. Where you at, Teo?”, gritó, invitándole a acercarse.

López respondió. El tono subió. Garcia no se echó atrás: “You want to get crazy, we going to get crazy. I’ll beat your ass right now”. Puro desafío en directo.

No fue el único nombre en su radar. Devin Haney, actual campeón WBO del peso wélter y observador muy interesado tras aquella primera pelea manchada por el positivo de Garcia, también estaba a pocos metros. El estadounidense no se contuvo: “Ojalá podamos volver a patearle el culo a Devin Haney por el indiscutido. Fuck the Haneys!”, lanzó, sin filtros.

En las gradas también estaba Shakur Stevenson, cuatro veces campeón del mundo en distintas divisiones y ahora instalado una categoría por debajo, en 140 libras, como parte del equipo de comentaristas de Paramount+. El zurdo dejó claro que un duelo con Garcia le seduce. Y el mercado, con un Garcia convertido en una de las figuras más vendibles del boxeo estadounidense, se frota las manos.

Un objetivo: unificar

Entre tanto ruido, Garcia dejó clara su prioridad inmediata. “Quiero unificar contra Teófimo”, afirmó. “Creo que ese es el movimiento. Es una pelea enorme, Teo es un tipo entretenido, va a ser una locura la promoción y además es un buen boxeador, así que hagámosla”.

La división wélter, durante años el territorio más feroz del boxeo, vuelve a oler a guerra abierta. Y tras una noche corta y brutal en Las Vegas, Ryan Garcia se ha colocado justo donde quería: en el centro del huracán, con el cinturón del WBC en la cintura y el resto de campeones en la mira.