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Ruben Aguilar brilla en la histórica victoria del Lens en Praga

RC Lens se agarró a la UEFA Champions League con uñas, dientes y corazón en el Fortuna Arena. Perdía 2-1 en el minuto 89 ante un Slavia Prague en inferioridad numérica, veía escaparse su primera victoria europea a domicilio desde 1998… y en tres minutos convirtió la angustia en una de esas noches que quedan tatuadas en la memoria del club.

El héroe final tuvo nombre y apellido: Ruben Aguilar. Pero antes de su derechazo ganador, el guion ya se había roto varias veces.

De la frustración al éxtasis

El equipo de Dino Toppmöller caminaba al borde del abismo. Slavia, con diez hombres, resistía, mordía cada balón y acababa de golpear donde más duele: Sturm ponía el 2-1 en el 89’ y el estadio explotaba. Para Lens, aquello olía a derrota cruel, de las que dejan cicatriz.

Entonces apareció Florian Thauvin. Minuto 91. El francés, que había peleado todo el partido, cazó su momento y firmó el 2-2 que devolvía la vida a los visitantes. El banquillo saltó, el partido se encendió de nuevo. El empate ya era un alivio, casi un pequeño milagro.

Pero este Lens no vino a Europa para conformarse.

Dos minutos después, en pleno caos emocional, Aguilar encontró su instante. Control, decisión y un disparo tenso, preciso, ajustado al palo. Gol. 3-2. Silencio atónito en buena parte del estadio, estallido de locura en el sector visitante. En apenas un suspiro, de la derrota a una victoria que rompe una sequía de 26 años lejos de casa en la máxima competición continental.

“Cuando llevas este escudo, tienes que dar el 100%”

Al término del encuentro, Aguilar todavía parecía procesar lo ocurrido. Ante las cámaras de Canal+, el lateral no escondió la incredulidad ante semejante desenlace, subrayando que nadie habría imaginado un final tan caótico. Para él, la explicación está en algo menos visible que los goles: el vínculo interno del vestuario.

Insistió en esa idea de sufrir juntos, de aceptar el dolor como parte de la identidad del grupo. Habló de orgullo, de representar al club en el mayor escaparate europeo y de la exigencia que implica defender esos colores.

“Cuando llevas este logo, tienes que dar el 100 por ciento”, recordó. Todo para la gente de Lens, para una afición que vive el fútbol como una cuestión casi íntima. No hay medias tintas en su discurso: entrega total o nada. Y noches como la de Praga son, para él, la recompensa a esa forma de entender el juego.

La complicidad con Thauvin, premio doble

En medio de la euforia, Aguilar se guardó un espacio para la amistad. No sólo marcó el tanto decisivo: compartió protagonismo con Thauvin, otro de los hombres de la noche. Los dos se conocen desde hace años, han compartido sesiones de entrenamiento en etapas anteriores y ahora se reencuentran en el escenario más grande.

“Nos formamos juntos y esta noche los dos marcamos en Champions League”, recordó con evidente satisfacción. Su “amigo Flo”, como lo llama, se llevó el premio al mejor jugador del partido, algo que Aguilar celebró casi como si fuera propio.

Esa complicidad resume bien el espíritu del grupo: se divierten, se exigen, sufren y, cuando la suerte por fin gira, sienten que todos cobran su parte de recompensa. No sólo los titulares. El defensa tuvo palabras para los suplentes, para los que empujan desde la banda y sostienen la intensidad en cada giro del encuentro.

De la noche europea al reto doméstico

El triunfo en Praga no es sólo un resultado. Es un mensaje. Lens demostró que sabe sobrevivir al límite, que puede levantarse incluso cuando el reloj y el marcador se le ponen en contra. Esa resiliencia, esa capacidad de no bajar la cabeza, será ahora puesta a prueba en un contexto distinto.

El domingo espera la Ligue 1 y la visita de Le Mans FC. Sin tiempo para recrearse demasiado, Toppmöller debe transformar la emoción en combustible competitivo. Mantener la energía, evitar la resaca emocional y trasladar esa fe inquebrantable al campeonato doméstico.

Porque si algo dejó claro esta noche en Praga es que este Lens, cuando se aferra al partido hasta el último segundo, es capaz de escribir guiones que nadie se atreve a predecir. Y la temporada, apenas en sus primeros capítulos, ya les ha regalado una escena digna de las grandes noches europeas.