Qinwen Zheng desafía a Iga Swiatek en el US Open
Qinwen Zheng ya no es solo una historia bonita de superación. En Nueva York se ha convertido en un problema muy serio para las grandes campeonas. La china, salida de la fase previa y con el ranking desplomado hasta el 121 del mundo tras un año roto por una lesión de codo, volvió a desafiar la lógica en el US Open: remontó de nuevo un 0-5 en un set y eliminó a la seis veces campeona de Grand Slam Iga Swiatek para meterse en los cuartos de final.
Lo hizo, además, con un eco muy claro: ya la había derrotado en el partido por el oro olímpico en París hace dos años. Esta vez, el escenario fue Arthur Ashe Stadium, el mayor escaparate del tenis. Y Zheng no se encogió. Se levantó del abismo y acabó imponiéndose por 7-5 y 6-3 a la octava cabeza de serie y antigua campeona del torneo.
De la previa al Ashe: una semana de siete vidas
Su torneo ya era notable antes de tocar a Swiatek. Zheng llegó a Nueva York sin privilegios, obligada a pasar por la clasificación para ganarse un hueco en el cuadro principal. El codo la había tenido apartada largos tramos de la temporada 2025, el ranking se había desplomado y su nombre, durante meses, dejó de aparecer en las rondas importantes.
En cuanto pisó el cemento del US Open, todo cambió.
Superó la previa, enlazó victorias hasta la tercera ronda y allí firmó la primera gran locura de la semana: contra Madison Keys, antigua campeona del Australian Open y 22ª cabeza de serie, perdía 0-5 en el tercer set y afrontó bola de partido en contra. Estaba a un punto de hacer las maletas. Respondió ganando siete juegos seguidos para cerrar un 1-6, 7-6 (7-3), 7-5 que sonó a aviso.
Dos días después, repitió el truco frente a una campeona del US Open. Y frente a una jugadora, Swiatek, que suele cerrar la puerta en cuanto huele la mínima debilidad al otro lado de la red.
Otro 0-5, otra remontada imposible
El inicio ante Swiatek fue un baño frío. Zheng no encontraba sensaciones, el saque no la sostenía y la polaca, agresiva desde la devolución, se marchó 5-0 en el primer set. El guion parecía escrito: una ex número 1 del mundo, asentada, contra una jugadora aún en reconstrucción tras la lesión.
La historia dio un giro brusco.
Juego a juego, Zheng empezó a entrar en el partido. Ajustó las direcciones, apretó con la derecha, se soltó al resto. Swiatek, en cambio, comenzó a acumular errores. La ventaja de 5-0 se fue encogiendo hasta desaparecer. Siete juegos consecutivos más tarde, el set era de la china: 7-5. Arthur Ashe, incrédulo, se volcó con la remontada.
Zheng contó después que, con 4-5, incluso se olvidó del marcador, tan metida estaba en cada punto. No sonó a frase hecha, sino a explicación lógica de lo que se veía en pista: una jugadora absorbida por el juego, ajena a todo lo demás.
En el segundo set, el duelo se estabilizó. Ya no hubo avalancha en el marcador, pero sí una diferencia clara: Zheng manejaba los momentos importantes con más claridad. Aprovechó la única bola de break de la manga, mantuvo sus turnos de saque con autoridad y cerró el partido con un 6-3 que reflejó mejor el dominio final que la angustia del inicio.
Cayó de espaldas sobre la pista tras convertir su cuarto punto de partido. No era solo la victoria. Era la séptima seguida en Nueva York, la confirmación de que vuelve a estar lista para pelear con las mejores y el fin de una larga espera sin triunfos ante jugadoras del top 10.
Swiatek, atrapada en sus propios errores
Para Swiatek, la noche terminó con una sensación demasiado familiar. La ex campeona de Wimbledon abandonó la pista entre lágrimas, superada por su propia estadística: 28 errores no forzados que fueron un lastre constante. Su tenis, tan sólido cuando domina desde el fondo, se fue deshilachando a medida que Zheng le devolvía cada golpe con más confianza.
Hay un patrón que empieza a pesar. Sus últimas cinco derrotas en Grand Slam desde que levantó el trofeo en Wimbledon 2025 han llegado en dos sets. La polaca se va del US Open con la certeza de que el problema ya no es solo táctico o físico, sino mental en los momentos en los que el partido se tuerce.
El cuadro se abre: Rybakina u Osaka, siguiente obstáculo
Zheng alcanza por tercera vez los cuartos de final del US Open y lo hace con un aura distinta. Ya no es solo la jugadora talentosa que puede sorprender un día grande; ahora es la tenista que, en días consecutivos, se levanta de dos 0-5 y derriba a una múltiple campeona de Grand Slam.
Su próximo reto saldrá de un cruce de altura: la segunda cabeza de serie Elena Rybakina o Naomi Osaka, campeona dos veces en Nueva York y una de las reinas recientes de este torneo. Sea cual sea el nombre, la historia está clara: ninguna querrá ver al otro lado de la red a una jugadora que, en esta ciudad, se niega a perder incluso cuando el marcador la da por muerta.
Andreeva también remonta, Potapova se rompe
La jornada en Flushing Meadows dejó otra remontada con un tono muy distinto. Mirra Andreeva, campeona de Roland Garros, también se metió en sus primeros cuartos de final del US Open tras vencer a Anastasia Potapova por 5-7, 6-4 y 6-3.
El partido iba camino de una batalla larga y limpia. Potapova, que representa a Austria y tiene 25 años, se llevó el primer set y se mantuvo dentro del tercero hasta el 3-5. Entonces llegó la imagen más dura del día: persiguiendo una derecha, se torció de forma muy fea la rodilla. Cayó al suelo entre gestos de dolor.
La rodilla fue vendada de forma aparatosa y, contra cualquier lógica, decidió seguir. Terminó el encuentro en pista, pero no volvió a sumar un solo punto. Andreeva cerró el duelo, sí, pero con un gesto serio, consciente de que el triunfo llegaba de la forma más amarga.
Al término, la rusa subrayó el vínculo personal con su rival y la incomodidad de ganar así. Recordó que Potapova es una amiga, que había sido una batalla intensa hasta la caída y que confía en verla regresar más fuerte, a la altura de la guerrera que ha mostrado ser.
Nueva York, mientras tanto, se queda con dos historias que apuntan al futuro inmediato del circuito: una campeona adolescente que confirma su peso en los grandes escenarios y una resucitada Qinwen Zheng que ha decidido convertir el US Open en su gran escenario de redención. La pregunta ya no es si puede seguir ganando, sino quién será capaz de frenar su escalada.






