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La polémica participación de Raygun en los Juegos Olímpicos

La escena olímpica suele desnudarte. A veces, más que cualquier juez.

En un nuevo documental sobre la participación de Raygun en los Juegos, el presidente de la Australian Breaking Association, Lowe Napalan —que también ejercía como seleccionador nacional— admite que apenas pudo implicarse en la preparación de la breaker australiana por la carga administrativa ligada a la campaña olímpica del país.

“Estaba haciendo mucho más trabajo administrativo. En cuanto al entrenamiento de Raygun específicamente, solo estuve allí ayudando un puñado de veces”, reconoce Napalan, que calcula que asistió a menos de diez sesiones.

Ese vacío técnico se hizo evidente en la recta final. Napalan revela que tuvo muy poco contacto con Gunn en los últimos meses antes de los Juegos y que no vio la rutina completa hasta poco antes de que ella saliera a competir. Cuando por fin la presenció, ya en el entorno olímpico, la sorpresa le golpeó de lleno.

En el episodio, cuenta que le costó contener la reacción mientras observaba desde un lateral del escenario. La imagen es clara: un seleccionador que descubre a destiempo lo que su principal representante va a mostrar ante el mundo.

Buena parte del trabajo diario de Gunn recayó en su marido, el también breaker Samuel Free. Él asumió el peso de los entrenamientos, en un contexto en el que el equipo nacional se movía entre la burocracia y la falta de estructura de alto rendimiento.

Tras los Juegos, la pareja quedó en el centro de la tormenta. Las redes se llenaron de críticas a sus credenciales y de teorías conspirativas que les acusaban de haber manipulado el proceso de clasificación, según recoge el Daily Mail. En el documental, ambos rechazan con firmeza esas acusaciones.

Gunn, por su parte, admite que antes de llegar a la cita olímpica ya sabía que no tenía el nivel técnico para desafiar a las mejores del mundo. Aun así, nunca contempló seriamente renunciar a la plaza. Sentía que, si lo hacía, cargaría con ese peso durante años.

“No me gusta tener remordimientos y creo que, en el fondo, sabía que si me retiraba lo habría lamentado más”, explica.

La actuación, muy criticada y convertida en objeto de burla en algunos rincones de internet, no la ha apartado del breaking. Al contrario. Pese al ruido, al escrutinio y a las dudas sobre el camino que la llevó hasta los Juegos, Gunn asegura que sigue comprometida con la disciplina y que piensa seguir compitiendo.

Entre la polémica y la perseverancia, su futuro en la escena del breaking internacional queda abierto. La próxima batalla ya no será solo en la pista, sino también en cómo se construye —o se rehace— una carrera después de que el mundo entero haya visto tu peor día.