Pochettino renueva con USA: un verano salvaje y la Premier en mente
Mauricio Pochettino entra en la sala con la misma energía de siempre. Abrazo cálido, broma rápida, charla distendida sobre el verano. El suyo, sin embargo, ha estado a años luz del de cualquiera del equipo de televisión que le rodea. Mientras muchos desconectaban, él vivía un Mundial en casa con USA, lidiaba con Donald Trump, con FIFA, con el caso Folarin Balogun… y, de paso, se convertía en icono de estilo en la banda.
Todo eso, y después, una decisión inesperada: cuatro años más al frente de la selección estadounidense. Hasta 2030.
Un Mundial que le cambió como entrenador
El dato frío dice que USA cayó en octavos de final ante Bélgica. La realidad fue bastante más intensa. Mundial, país anfitrión, un presidente al que le gusta tanto el foco como el balón. El ruido alrededor fue constante.
Pochettino, sin embargo, se queda con otra cosa: lo que ha aprendido.
“Somos mucho mejores entrenadores ahora”, repite con convicción, incluyendo a su inseparable Jesús Pérez y al resto del cuerpo técnico. El torneo le recordó por qué le obsesionan los detalles. Cada decisión amplificada, cada matiz táctico sometido a escrutinio. Y el reto extra: trabajar con un grupo que se junta mucho menos que un equipo de club. “Todo tiene que ser perfecto”, remarca.
En un Mundial normal ya es difícil aislarse. En un Mundial en casa, con Trump entrando y saliendo del relato, el desafío se multiplica. Pochettino mide bien las palabras y se centra en el respaldo que recibió del presidente, evitando alimentar polémicas. El ruido ya fue suficiente durante el caso Balogun.
Balogun, FIFA y el ruido que casi se come al fútbol
El episodio Folarin Balogun fue el punto de ebullición. La suspensión, la “suspensión de la suspensión”, el cruce con FIFA y el clima envenenado antes de enfrentarse a Bélgica. Pochettino reconoció entonces que la “política y la manipulación” terminaron eclipsando el partido. Entendió la indignación, pero tuvo claro su papel.
“Si prestas atención al ruido, te vuelves loco”, repite. Cuando llegó la carta de FIFA, el día antes del partido, confirmando que Balogun podía jugar, la decisión fue inmediata. Nada que debatir.
Semanas después, el delantero volvió a las portadas por razones muy distintas: su fichaje desde Monaco a Everton se cayó en el último suspiro del Deadline Day. Pochettino no ha hablado aún con él. Ha preferido dejarle espacio, consciente del golpe que supone ver frustrado un salto a la Premier League. Le hubiera gustado verle allí, compitiendo semana tras semana en Inglaterra. Por ahora seguirá en Monaco. El seleccionador solo desea que recupere estabilidad y confianza.
El verano del traje azul marino
En medio del caos competitivo y político, otro asunto inesperado: su imagen. Pochettino siempre ha cuidado su estilo, pero su conjunto azul marino en la banda se convirtió en tendencia. Portadas, comentarios, imitaciones. Incluso Wayne Rooney fue a por el mismo look.
“Lo vi. Le quedaba bien, como a un entrenador top”, bromea el argentino. El Mundial dejó goles, polémicas y también un técnico convertido, sin buscarlo, en referencia estética. Un verano con de todo. Literalmente.
Cuatro años más con USA… pero la Premier no se ha ido de su cabeza
Acabado el Mundial, el mercado de entrenadores se agitó. Su nombre apareció ligado a varios banquillos. El runrún duró poco: Pochettino renovó con USA por cuatro años más. Hasta 2030. Una eternidad en términos de fútbol de clubes.
¿Significa eso que su historia con la Premier League está cerrada? Él lo niega de plano. Su objetivo inmediato es claro: liderar el proyecto de USA durante este ciclo. Después, su mirada vuelve a Inglaterra.
“Tengo la ambición”, admite. “Mi sueño ahora es estar en USA cuatro años, pero después, ¿por qué no? Somos jóvenes todavía, y volver siempre es mi objetivo: ganar la Premier League, estar en la Premier League y construir un proyecto con posibilidades reales de ganar”.
No habla de un regreso cualquiera. Habla de títulos, de un equipo armado para competir de verdad. “Amo el fútbol aquí. Tener otra oportunidad es uno de mis deseos y espero que ocurra”.
El eterno vínculo con Spurs… que esta vez no se concretó
La conversación deriva inevitablemente hacia Tottenham. Esa sensación de “asunto pendiente” lleva años acompañándole. Hace unos 18 meses él mismo reconoció que quería volver algún día. Desde entonces, el club ha vivido un carrusel en el banquillo: Ange Postecoglou, luego Thomas Frank, después Igor Tudor. Una deriva peligrosa que les acercó demasiado al descenso.
¿Sonó el teléfono para pedirle que rescatara al club? Pochettino no cierra nunca la puerta del todo. “Siempre digo, un día, ¿por qué no?”, recuerda. Pero cuando se trata de esta última etapa, es tajante: “La gente habla y quizá recibimos algún acercamiento, pero nunca estuvo cerca”. Esta vez, no.
En paralelo, surgieron otros nombres. En un momento dado, AC Milan apareció como posible destino. Él marca una línea clara: “No estábamos abiertos durante el Mundial a hablar con clubes interesados”. ¿Los hubo? “Sí, siempre”, responde, como si formara parte natural del negocio. Siempre hay opciones. Otra cosa es cuánto se avanza.
¿Alguna llegó a tentar de verdad? Ahí se planta: “Nunca dimos la oportunidad de que estuviera cerca. Siempre cerramos la puerta antes de que se acercara demasiado”. El mensaje es nítido: durante el Mundial, la prioridad fue USA. Y lo sigue siendo.
Cómo ve hoy a sus antiguos clubes: Tottenham y Chelsea
Pochettino observa a la distancia, pero no con indiferencia. Tottenham, dice, está apostando fuerte. “Están invirtiendo como otros clubes”. El giro de estrategia es evidente: grandes desembolsos por futbolistas ya adaptados a la Premier League. Un contraste brutal con la etapa en la que él llevó al equipo a pelear la liga y a una final de Champions gastando bastante menos.
¿Qué habría hecho con 300 millones de libras para reforzar aquel Tottenham? La pregunta le arranca una sonrisa pícara. Se hace el despistado: asegura que ni siquiera sabe qué es esa cantidad. El gesto lo dice todo.
¿Cree que este nuevo plan funcionará? “Nunca se sabe”, responde. El fútbol no ofrece garantías, solo apuestas. “Necesitamos tiempo para ver si funciona o no. Como en los partidos: cuando tomas una decisión como entrenador, puede salir bien o no. Es una estrategia diferente, una forma distinta de operar”. Y ahí deja claro algo que no cambia: “Siempre deseo lo mejor para Tottenham porque está en mi corazón”.
En el otro lado de Londres, Chelsea también ha girado el timón. El puesto que él ocupó hace dos años ahora se llama “manager”, con más peso estructural, y la política de fichajes se ha reajustado: menos proyectos a largo plazo, más jugadores listos para rendir desde ya bajo Xabi Alonso.
Pochettino evita comparaciones directas, pero reconoce un punto común: la ambición. Y una consecuencia lógica: “Comprando este tipo de jugadores puedes esperar pelear, ser contendiente al título de la Premier League”.
La derrota ante Arsenal llegó pronto como baño de realidad. Tres jornadas, un golpe serio. Pochettino pide calma con Alonso. “Por supuesto que están decepcionados tras la derrota contra Arsenal, pero hay que darle tiempo en su primera temporada tras tres partidos en la Premier League”. Extiende ese mismo mensaje a Tottenham. “Para Tottenham, lo mismo”. Proyectos nuevos, exigencia máxima desde el primer día. Él sabe bien lo que es vivir en ese filo.
Arteta y Arsenal, la vara de medir
Desde su mirada de seleccionador, alejado del día a día de club, Pochettino traza su propio mapa del poder en Inglaterra. Y coloca a Arsenal en lo más alto.
“Mikel [Arteta] es el mejor entrenador de la Premier League hoy”, sentencia. No lo dice a la ligera. Le ve claro, sabe lo que necesita hacer y cómo quiere que juegue su equipo. En su opinión, vencer a Arsenal va a ser “muy duro” para cualquiera.
Mientras tanto, Pochettino se prepara para otro ciclo con USA, convencido de que él y su cuerpo técnico han salido del Mundial como entrenadores más completos. Con cuatro años por delante para pulir una selección que quiere competir de verdad en la élite internacional.
El futuro inmediato está en Estados Unidos. El siguiente paso, en su cabeza, sigue estando en Inglaterra. La pregunta ya no es si quiere volver a la Premier League. La cuestión es quién se atreverá a ponerle un proyecto a la altura de su ambición.






