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Piastri y un domingo complicado en el Gran Premio de España

Oscar Piastri se marchó de Madrid con un octavo puesto, pero la sensación fue la de haber vivido una carrera mucho más dura de lo que indica el resultado. El australiano volvió a chocar, esta vez de forma figurada, con su propio muro de McLaren en un Gran Premio de España plagado de incidentes, errores y frustración.

Salía séptimo. No tardó ni una vuelta en meterse en problemas.

En los primeros metros, Piastri se encontró dos veces con George Russell. Doble contacto con el Mercedes en la vuelta inicial y un daño claro en el alerón delantero del McLaren. El coche pedía cirugía; el muro optó por un simple vendaje.

En la primera parada, el equipo decidió no cambiar el ala. El australiano, incrédulo, lo dejó claro por radio: “¿Vais a arreglar mi alerón delantero o no?”. La respuesta del ingeniero fue tan técnica como fría: podían “añadir tres agujeros” sin perder el tiempo que supondría sustituir la pieza. Piastri, ya con la adrenalina disparada, pidió al menos claridad: “Vale, sí, pero decidme si lo vais a arreglar la próxima vez”.

El coche siguió en pista, pero nunca del todo fino. Y cuando parecía que el daño estaba contenido, llegó otro golpe, esta vez estratégico. McLaren le llamó a boxes y lo devolvió a la pista en tráfico pesado, enterrando cualquier opción de remontar limpia. Desde la cabina de televisión, Martin Brundle no se mordió la lengua: “No le ha salido nada bien. No ha tenido un gran fin de semana y no está teniendo una gran tarde. El tráfico le ha hecho mucho daño a Piastri”.

Octavo en meta, con la sensación de que el día había sido una sucesión de decisiones a contrapié.

Hamilton sin frenos, Verstappen furioso y un inicio al límite

La carrera ya venía torcida desde el principio. El Gran Premio arrancó con un choque de egos, radios encendidas y frenos al límite.

Lewis Hamilton partía cuarto, pero se lanzó con decisión en los primeros metros y llegó a colocarse tercero, por delante de Max Verstappen, que había salido desde la tercera posición. El británico reclamó por radio que el neerlandés debía devolverle la posición tras irse largo en una de las curvas. La respuesta de Verstappen no tardó en llegar en la segunda vuelta: “Lewis casi se me lleva por delante, estaba fuera de control. Si yo no me muevo, se me echa encima. Yo habría estado delante”.

En la misma vuelta, Hamilton avisó a su equipo: algo no iba bien atrás, pidió que revisaran su neumático trasero izquierdo tras tocar el muro. La tensión se palpaba y la dirección de carrera también entró en escena.

En la cuarta vuelta, llegó la orden: Verstappen debía pasar de segundo a cuarto, cediendo posición a Kimi Antonelli y al propio Hamilton. El campeón no se lo tomó precisamente bien: “¿Pero qué c… estáis diciendo? Él se habría estampado. ¿De qué habláis? Si me quedo en la trazada, estoy fuera de la carrera”.

Un giro después, la situación cambió de manos. Verstappen adelantó a Hamilton cuando los frenos del Mercedes empezaron a desfallecer. El mensaje del británico fue tan claro como preocupante: “No tengo frenos, chicos”. Poco después, abandono obligado. David Croft lo resumió desde la cabina: “Es una suerte cruel”.

No fue el único. Lance Stroll, con el Aston Martin, también se quedó sin frenos y tuvo que retirarse en la vuelta 15. Esa misma vuelta lo cambió todo.

El VSC golpea a Norris y lanza a Antonelli

La vuelta 15 trajo un Virtual Safety Car que alteró el guion de la carrera… y castigó con dureza al líder en ese momento, Lando Norris.

El británico ya había sobrepasado la entrada a boxes cuando se activó el VSC. Kimi Antonelli y Max Verstappen, en cambio, sí pudieron detenerse bajo ese régimen y ahorrarse un buen puñado de segundos. Norris, impotente, quedó atrapado por la norma y no por su ritmo.

Cuando volvió a pista tras su parada, lo hizo quinto. Desde ahí lanzó una remontada sólida, pero insuficiente: sólo pudo llegar hasta el tercer puesto. Antonelli, que había aprovechado el momento clave, cruzó la meta como ganador. Ocho triunfos en 14 carreras y un campeonato que empieza a tener dueño.

Norris, ante los micrófonos de Sky Sports, no escondió su enfado. Habló de “frustración” y cargó contra el peso de una regla que, a su juicio, decide demasiado: explicó que había perdido unos 20 segundos respecto al resto de la parrilla al no poder parar bajo VSC, y que ni él ni su equipo podían hacer nada para evitarlo. Insistió en que una carrera debería decidirse por rendimiento, por quien arriesga con una estrategia larga o por quien clava las vueltas decisivas, no por el simple azar de pasar o no por la entrada a boxes en el instante exacto.

Aceptó que otras veces él mismo se había beneficiado de ese tipo de situaciones, pero remarcó que pocas veces alguien había perdido una victoria así. Esta vez le tocó a él.

Un podio que se escapa, un título que se acerca

Mientras Norris digería la ocasión perdida y Piastri rumiaba otro domingo áspero con McLaren, Kimi Antonelli daba otro paso gigante hacia el título. Ocho victorias en 14 grandes premios hablan por sí solas.

El italiano no necesitó fuegos artificiales. Aprovechó el caos, leyó la carrera con frialdad y ejecutó en el momento exacto. En un domingo de radios encendidas, frenos rotos y decisiones polémicas, fue el que mantuvo la cabeza más fría.

Si mantiene este pulso, la pregunta ya no es si puede ser campeón. La cuestión es cuántas carreras antes de que el resto lo dé definitivamente por inalcanzable.