Paul Gallen vuelve del retiro para enfrentar a Asofa-Solomona
Paul Gallen dice que el dinero está bien. Pero que no va de eso. No esta vez. A los 45 años, el ex capitán de New South Wales vuelve a ponerse los guantes para algo que siente como una cuestión de orgullo, de códigos y de respeto. Del otro lado del ring, el gigante de Melbourne Storm: Nelson Asofa-Solomona.
El combate, pactado a cinco asaltos en peso pesado, se disputará en Sídney el 6 de noviembre. Un auténtico choque de colosos de la NRL trasladado al cuadrilátero, impulsado por una llamada de auxilio de No Limit Boxing… y por una serie de provocaciones que Gallen asegura no está dispuesto a dejar pasar.
Del retiro a la revancha moral
Gallen llevaba 16 meses retirado, desde aquella victoria ante Sonny Bill Williams, ex campeón mundial WBA de los pesados. Había cerrado el círculo. Había dicho basta. Hasta que, según él, Asofa-Solomona cruzó la línea.
El ex forward de Melbourne Storm, ahora con un contrato de varios años y nueve peleas con No Limit, no ha dejado de mencionarlo tras cada una de sus apariciones profesionales. Y eso, para Gallen, rompió el “código de mates” que rige entre viejos compañeros de batalla.
“Lo llamé a No Limit por él. Bueno, no por él exactamente, pero los llamé para decir que quería meterse en el boxeo”, recordó Gallen en declaraciones a AAP. De su versión se desprende una idea clara: él abrió la puerta, y ahora siente que Asofa-Solomona la ha usado para intentar derribarlo públicamente.
Un veterano contra un gigante
El duelo tiene un contraste visual evidente: Gallen, 45 años; Asofa-Solomona, 15 años más joven y 20 centímetros más alto. Un coloso de dos metros frente a un veterano que ha construido su carrera, en la liga y en el ring, a base de dureza y terquedad.
Gallen ya rechazó en un primer momento una oferta de un millón de dólares para pelear con “The Big Nasty”. No quería volver. No lo necesitaba: sus 16 victorias como rostro principal de No Limit le han reportado alrededor de 25 millones de dólares.
Pero los promotores insistieron, subieron la apuesta y, sobre todo, las palabras de Asofa-Solomona siguieron acumulándose. Hasta que el orgullo pesó más que el retiro.
El ex capitán de State of Origin no se intimida por la envergadura de su rival. Ya derribó a un púgil más alto como Sonny Bill Williams, y asegura no sentir un ápice de temor ante Big Nelson. Ni uno.
Respeto, códigos y fuego interno
En el fondo, el combate nace de algo más íntimo que un simple cruce deportivo. Gallen siente traición.
Según explica, Asofa-Solomona conocía de primera mano que él estaba retirado, que no quería seguir peleando. Y aun así, siguió usándolo como referencia, nombrándolo tras sus peleas ante Jeremy Latimore, Jarrod Wallace y George Burgess, tres ex forwards de la NRL a los que superó con claridad en sus primeras salidas profesionales.
“Después de su segunda pelea, cuando me volvió a llamar, pensé: ‘mate, parate por vos mismo. Sé un hombre. Hacete tu propio camino en el boxeo, dejá de usar mi nombre’”, contó Gallen. El mensaje es directo: si quiere respeto, que lo gane sin colgarse de su figura.
Gallen subraya que Asofa-Solomona no está llamando a otros nombres en activo como Curtis Scott o Junior Paulo. Va a por él, el veterano que ya había dicho que se bajaba del ring. Y eso, a ojos del ex forward, no es valentía. Es oportunismo.
Un regreso con promesa de guerra
Las palabras de Gallen no dejan espacio para la cordialidad. Habla de decepción, de falta de hombría, de un rival que, según él, ha roto los códigos. Y asegura que esa actitud le encendió algo por dentro, una chispa que creía apagada.
“Le dije que estaba terminado. Le dije que había acabado. Tenía toda esa información íntima y ahora no puede dejar de llamarme. Voy a destrozarle la cara”, lanzó sin rodeos.
También fue contundente con el nivel boxístico de Asofa-Solomona: lo considera un mal boxeador, sin futuro real en el deporte, pese a su racha inicial y al contrato que lo vincula a largo plazo con No Limit.
La escena está servida: un veterano millonario, con la reputación hecha y el cuerpo castigado, vuelve por orgullo; enfrente, un gigante en ascenso, invicto, al que muchos ven como el próximo gran producto del cruce entre NRL y boxeo.
El 6 de noviembre, en Sídney, no solo se medirán dos pesos pesados. Se pondrá a prueba algo más frágil y más feroz: la palabra de un hombre, el valor de un código y la pregunta que sobrevuela la pelea. ¿Es este el último rugido de Paul Gallen o el trampolín definitivo de Nelson Asofa-Solomona hacia la cima del boxeo australiano?





