Pakistán enfrenta purga histórica tras derrota en Lord's
La imagen parecía rutinaria: Babar Azam celebrando un sencillo catch para despedir a Ben Duckett en Lord’s, segundo Test de la serie ante Inglaterra. Pero mientras el capitán levantaba los brazos, algo mucho más oscuro empezaba a instalarse alrededor del equipo de Pakistán. En el mismo escenario donde en 2010 estalló uno de los mayores escándalos de spot-fixing del cricket moderno, el viejo fantasma ha vuelto a rondar.
La derrota por 194 carreras en el segundo Test no fue solo un golpe deportivo. Desencadenó una sacudida sin precedentes dentro del vestuario y en los pasillos de la Pakistan Cricket Board (PCB). En cuestión de horas, el equipo cambió de rostro.
Siete jugadores fuera del plantel. Dos entrenadores fuera del proyecto. Y un silencio incómodo.
Una purga en plena serie
Tras el tropiezo en Lord’s, la PCB decidió apartar de la serie a Mohammad Rizwan, Salman Ali Agha, Imam-ul-Haq, Ali Usman, Khurram Shahzad, Aamir Jamal y Muhammad Awais Zafar. La guillotina no se detuvo ahí: Sarfaraz Ahmed, entrenador principal, y Umar Gul, responsable del área de lanzadores, también fueron relevados de sus funciones.
En su lugar, entró un bloque prácticamente nuevo, con un aire de reconstrucción forzada más que de simple rotación. Siete incorporaciones, cinco de ellas sin debut internacional aún. Los dos jugadores con experiencia en Tests son los bateadores Saim Ayub y Abdullah Fazal. Junto a ellos, un grupo de debutantes: los all-rounders de ritmo Razaullah Khan y Mohammad Imran, el spinner zurdo Arafat Minhas, el wicketkeeper Saad Baig y el seamer zurdo Mohammad Imran Junior.
Demasiado para explicarlo solo con “mal rendimiento”.
Desde Pakistán, varias fuentes apuntan a que los cambios responden a motivos “más allá del cricket”. No se trata únicamente de un castigo deportivo por una serie mal jugada. Hay algo más en juego. Algo que remite a viejas heridas.
Los intentos de obtener una versión oficial de la PCB y de la England and Wales Cricket Board (ECB) no han tenido respuesta durante más de 72 horas. El vacío de comunicación solo alimenta las sospechas.
Investigación interna y teléfonos confiscados
En medio de la tormenta, el director de Medios y Comunicación Digital de la PCB, Amir Mir, emitió un comunicado público. No despejó todas las dudas, pero confirmó lo esencial: el tablero se está moviendo puertas adentro.
“La Pakistan Cricket Board ha iniciado una investigación disciplinaria interna tras informes en los medios sobre disciplina y conducta, que actualmente están siendo revisados internamente. La PCB maneja estos asuntos de acuerdo con sus procedimientos estándar. El proceso se está llevando a cabo bajo las regulaciones de la PCB, garantizando que todas las personas involucradas reciban la debida consideración”.
La frase clave no está en lo que dice, sino en lo que evita. No hay nombres, no hay detalles, no hay explicaciones sobre el alcance de la investigación.
El medio paquistaní 365 News fue un paso más allá. Según su información, los dispositivos móviles de ciertos jugadores han sido entregados a la PCB y permanecerán bajo custodia del organismo hasta el final del tercer y último Test de la serie. No se han revelado las identidades de los jugadores afectados. Tampoco la PCB ha hecho público el motivo exacto de la confiscación.
En un deporte marcado por la memoria de 2010, la sola idea de teléfonos retenidos y una investigación disciplinaria interna en plena serie en Inglaterra dispara todas las alarmas.
“No nos queda otra opción”: la línea dura de la PCB
Mientras se desplegaban los cambios, desde la estructura de alto rendimiento de la PCB llegó un mensaje contundente. Aaqib Javed, director de High Performance, apuntó directamente contra uno de los nombres más conocidos del grupo: Imam-ul-Haq.
El opener sufrió un desgarro leve en la pantorrilla en Lord’s y no salió a batear en ninguna de las dos entradas. Para Aaqib, eso no fue aceptable.
“La lesión de Imam es un gran signo de interrogación y una profunda decepción. Los jugadores en el pasado se lesionaban, pero se ponían yesos y aun así intentaban jugar. Tomaremos medidas al respecto. ¿Cómo es posible que un tirón muscular te deje fuera de las dos entradas? Debería haber intentado y luchado. Tendrá que enfrentar una investigación; no puedo decir que fingió, pero un tirón muscular así no puede impedirte batear por completo”.
Las palabras no dejan margen para interpretaciones suaves. En un equipo ya golpeado por la derrota y las sospechas, el mensaje es de tolerancia cero.
Aaqib también defendió la oleada de cambios en pleno desarrollo de la serie: los que regresan, los que entran, todos bajo la misma consigna: competir o quedarse atrás. El tono es de ultimátum.
En la cúspide de la estructura, el presidente de la PCB, Mohsin Naqvi, respaldó esa línea dura con un discurso igual de frontal.
“Cada partido de una serie es importante para nosotros y no nos queda ninguna opción, si un jugador no está rindiendo, más que buscar su reemplazo. El propósito detrás de estos cambios no es sacar a los jugadores de la contienda, sino simplemente reemplazarlos”.
La explicación es deportiva, pero llega en el contexto de una investigación interna y de teléfonos confiscados. La lectura es inevitablemente más amplia.
Lord’s, el escenario que nunca olvida
Todo esto sucede en un estadio que, para el cricket paquistaní, no es uno más. Lord’s no solo es “la catedral del cricket”. Es también el lugar donde, en 2010, se destapó uno de los mayores escándalos de spot-fixing de la historia reciente.
Entonces, el capitán Salman Butt y los lanzadores Mohammad Asif y Mohammad Amir terminaron en prisión y fueron inhabilitados por aceptar sobornos de un bookmaker para realizar no-balls deliberados en momentos pactados del Test. La imagen de aquellos over manchados aún persigue a toda una generación.
Catorce años después, Pakistán vuelve a Lord’s y se encuentra envuelto en otra tormenta de sospechas, purgas y comunicados medidos al milímetro. No hay acusaciones formales, no hay nombres vinculados públicamente a posibles irregularidades. De momento, solo una investigación interna, dispositivos retenidos y un plantel desarmado en plena serie.
La pelota sigue en juego, el último Test aún espera. Pero la verdadera pregunta no está en el marcador, ni en el siguiente XI inicial. Está en otra parte: ¿cuánto tardará Pakistán en dejar de jugar bajo la sombra de su propio pasado?






