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Pakistán enfrenta un desafío emocionante en Inglaterra

El tour de Pakistán por Inglaterra se desmorona a ojos vista, pero dentro del vestuario el discurso es otro. Sin haber pasado aún de los 200 runs en cinco intentos en la serie, con el marcador en 52/2 y todavía a 268 carreras de obligar a Inglaterra a batear de nuevo en el Test final en Edgbaston, el coach de bateo Michael Smith asegura que el ambiente sigue siendo “bueno” y que el futuro pasa por los jóvenes.

En el campo, los números son implacables. Fuera de él, el ruido es ensordecedor.

Un tour marcado por el caos fuera del campo

La gira no solo se ha torcido por lo deportivo. El PCB decidió recordar a casa a siete jugadores y al seleccionador Sarfaraz Ahmed tras la derrota en Lord’s, además de abrir una investigación sobre la conducta de algunos miembros del plantel. Un terremoto institucional en plena serie.

Smith, recién llegado al cargo antes de esta gira, evitó entrar en ese terreno. No quiso vincular el desplome del bateo con los problemas internos ni con la investigación en curso.

“De eso no sé nada, así que no puedo comentar”, se limitó a decir tras el segundo día en Edgbaston. Primera línea roja. Nada de polémica, nada de interpretaciones. Su discurso se centró en lo que tiene delante: un grupo en transición, verde en experiencia, pero que él ve cargado de talento.

Transición cruda: talento sí, tiempo no

De los siete primeros bateadores que están jugando este Test, solo Babar Azam y Shan Masood habían pisado antes Inglaterra en un tour. El resto está aprendiendo a golpes en una de las ligas más duras para un bateador visitante.

“Hay mucha calidad en Pakistán. Lo hemos visto durante muchos años”, insistió Smith. El problema no es el techo, sino el presente: esta alineación no consigue sostener las entradas. Aparecen destellos, se insinúan innings sólidos… y se apagan demasiado pronto.

“Mostramos cosas muy buenas, pero no durante el tiempo suficiente”, admitió. Ese es el diagnóstico. El tratamiento, claro: horas en el crease, no solo medias sesiones. Smith citó nombres propios: Saud Shakeel, Azan Awais, el propio Shan Masood. Todos han dejado señales de lo que pueden ser, pero el equipo necesita algo más que chispazos.

El contexto tampoco ayuda. Para varios de ellos es la primera gira por Inglaterra y cuentan con muy poca experiencia en Test cricket. Están aprendiendo en directo, a cielo abierto, contra un ataque local afinado y en condiciones que no perdonan errores.

Un vestuario golpeado, pero no roto

Pese a los marcadores y a la presión externa, Smith defiende que el grupo mantiene el ánimo. No vende humo: reconoce que ha sido “duro” y “desafiante”, pero pone el foco también en la calidad del rival.

Han chocado contra un ataque inglés en casa, cómodo, preciso, implacable. Y ahí se mide hoy la resistencia mental de este Pakistán.

Según Smith, todavía es pronto para dictar sentencia sobre esta generación de bateadores. Su vara de medir no es esta serie, sino la próxima visita a Reino Unido, cuando estos jóvenes vuelvan con cicatrices, memoria y más oficio. Ahí, dice, será el momento de juzgarlos de verdad.

Mientras tanto, se aferra a algo que no aparece en las estadísticas: el grupo, asegura, está abrazando el tour, disfrutando de estar juntos pese al contexto y al ruido exterior. Una especie de trinchera compartida en plena tormenta.

Un desafío que seduce al coach

Smith llegó justo antes de la serie, sin tiempo para rediseñar estructuras ni preparar un plan a largo plazo específico para estas condiciones. Y lo admite. Necesita más tiempo para decidir si el sistema que alimenta al equipo nacional realmente prepara a los bateadores para escenarios como este.

Lo que sí tiene claro es cómo vive el reto: “Tengo un desafío sangrantemente emocionante entre manos porque hay jugadores serios”, afirmó. Para él, el problema no es la falta de potencial, sino la velocidad a la que pueden elevar ese potencial al nivel que exige el cricket fuera de Pakistán.

Jugar lejos de casa, en superficies que se mueven, ante ataques con experiencia, es el gran examen. Y él quiere ser el arquitecto de esa adaptación.

El ahora: romper la barrera de los 200… o hundirse

Todo ese discurso de futuro choca con una realidad inmediata: Pakistán necesita, como mínimo, forzar una cuarta entrada en Edgbaston. Para lograrlo, antes debe superar por primera vez en la serie la barrera psicológica y estadística de los 200 runs.

Nada de planes a largo plazo si el presente no responde. El equipo está 268 carreras por detrás, con ocho wickets en mano y una serie entera cargando sobre cada error. Inglaterra huele sangre. Pakistán, orgullo.

Entre la promesa de un “futuro emocionante” y la crudeza del marcador hay una línea muy fina. Esa línea se escribe ahora, en este Test, bola a bola, mientras un grupo joven decide si esta gira quedará como una herida abierta… o como el inicio de algo mucho más grande.