Pakistán enfrenta crisis en Edgbaston tras derrota en la gira por Inglaterra
Pakistán llega a Edgbaston con el orgullo en carne viva. La gira por Inglaterra ha sido un naufragio y el tercer Test, que arranca el miércoles, se presenta más como intento de rescatar algo entre los escombros que como una batalla por la serie, ya perdida con dos derrotas descomunales.
Primero cayó por una entrada en Headingley. Después, por 194 carreras en Lord’s. Dos golpes tan contundentes que el 2-0 no solo cerró la eliminatoria, sino que destapó, otra vez, la vieja volatilidad del cricket paquistaní.
Terremoto en la plantilla
La reacción del Pakistan Cricket Board (PCB) fue tan drástica que sorprendió incluso a quienes llevan décadas siguiendo de cerca el caos permanente que rodea a este equipo. Siete jugadores, enviados de vuelta a casa. Otros siete, convocados, cinco de ellos sin un solo Test en su currículum.
No se quedó ahí. El PCB despidió al entrenador de Test, Sarfaraz Ahmed, y al responsable de los lanzadores, Umar Gul. En su lugar, nombró a los técnicos del equipo de bola blanca: Mike Hesson y Ashley Noffke. Un giro brusco a mitad de camino.
Entre los sacrificados, nombres de peso reciente. Salman Ali Agha, capitán en Headingley ante la lesión de Babar Azam, fue uno de los descartados. También el zurdo Ali Usman, protagonista con un cinco wickets en ese mismo encuentro. La guillotina alcanzó además al experimentado guardabosques Mohammad Rizwan y al abridor Imam-ul-Haq, lastrado por una lesión en la pantorrilla que le impidió batear en ambas entradas en Lord’s.
En ese contexto, Hesson, exseleccionador de su Nueva Zelanda natal, dejó una frase que retrata bien el clima: los jugadores, dijo, probablemente están “más acostumbrados a un poco de caos” que él mismo. Y remató con el objetivo inmediato: armar un equipo equilibrado, no solo para este Test, sino para recuperar algo que definió durante años al cricket paquistaní.
Pakistán, recordó, se hizo famoso por su ritmo, sus acciones poco ortodoxas, su spin enigmático. “No hemos sido capaces de mostrar nada de eso”, admitió. Y las cifras en esta gira lo respaldan.
Señalados en los despachos
Las miradas, sin embargo, no se detienen solo en el vestuario. Azhar Ali, miembro de aquel Pakistán que lideró el ranking mundial de Test hace una década, apuntó directamente al alto mando. En concreto, a Aaqib Javed, director de alto rendimiento del PCB desde 2024.
Ali, excapitán, cargó con dureza en declaraciones al diario británico The Guardian: cada decisión de Javed, dijo, le sale mal, y después se desentiende de la responsabilidad. Jason Gillespie, que también pasó por el banquillo de Pakistán, fue igual de claro: Javed, aseguró, necesita mirarse al espejo.
El PCB respondió anunciando el lunes una investigación sobre la conducta del equipo durante la gira por Inglaterra. Otro frente abierto. Otra distracción en medio de una crisis deportiva.
Pero los recién llegados al plantel tienen un problema más inmediato: no habrá partidos de preparación entre el segundo y el tercer Test. Saltarán a Edgbaston casi a ciegas, sin tiempo real para adaptarse a las condiciones locales.
Inglaterra, en modo trituradora
Al otro lado, Inglaterra llega con un plan sencillo: completar la faena. Joe Root, de vuelta como capitán y segundo máximo anotador de la historia del cricket Test, habló tras la victoria en Lord’s de una “tormenta perfecta” para los bateadores: superficies favorables al seam, cielos encapotados y bolas muy reactivas.
En teoría, un escenario duro para ambos bandos. En la práctica, Pakistán se ha hundido. No ha alcanzado los 200 runs en ninguna de sus cuatro entradas en la serie. Una estadística demoledora frente a un cuarteto de ritmo inglés renovado y feroz: Ollie Robinson, Jofra Archer, Josh Tongue y Gus Atkinson.
Inglaterra ha cambiado el tono. Se acabaron los excesos del final de la era Bazball. El equipo se ha instalado en una profesionalidad sobria, clínica, que ya le ha dado su primera victoria en una serie de Test en más de un año. Ahora quiere rematar con un 3-0 que selle el regreso de Root al mando con una blanqueada.
El miedo de fondo en Pakistán
Mientras tanto, entre los seguidores paquistaníes late un temor paradójico. Incluso un triunfo en Birmingham podría resultar dañino a largo plazo. Podría maquillar las grietas de una estructura que hoy parece disfuncional de arriba abajo.
Durante años, uno de los clichés más repetidos del cricket fue que Pakistán era un equipo “mercurial”. Capaz de lo sublime y de lo desastroso en cuestión de días. Hoy, esa etiqueta suena casi romántica.
Este equipo ha perdido 15 de sus últimos 20 Test. La sorpresa ya no forma parte del guion. Azhar Ali lo resumió con crudeza: “Nos hemos vuelto totalmente consistentes… en el sentido más negativo”.
Edgbaston no solo dictará el marcador final de la serie. También dirá si Pakistán sigue cayendo en esa consistencia oscura o si, por una vez, el caos sirve para algo más que para destruir.






