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Los nuevos Hawks: un equipo más competitivo

Atlanta cerró la pasada temporada con un 46-36, sexto del Este y fuera en primera ronda. El dato frío no cuenta toda la historia. Lo que sí lo hace es esto: tras el All-Star, los Hawks fueron otro equipo. Once puntos por 100 posesiones mejor que antes del parón, el mayor salto post All-Star de los últimos 27 años. Algo se encendió. Y ese algo llega ahora a un curso completo.

El gran giro fue la salida de Trae Young y la llegada de CJ McCollum. No hubo jóvenes ni rondas de futuro en el traspaso, solo presente. Pero el presente cambió la cara de la franquicia: 27-14 con McCollum en pista, escalando del noveno al sexto puesto del Este en apenas dos meses. No fue casualidad, aunque el calendario ayudara.

Un perímetro que muerde

Quin Snyder ya tiene lo que siempre quiso: un equipo largo, con brazos en todas las líneas de pase y carácter defensivo en el perímetro. Dyson Daniels, Nickeil Alexander-Walker y Luguentz Dort forman una muralla exterior incómoda, agresiva, diseñada para forzar pérdidas y correr.

El quinteto que se perfila como base —McCollum, Alexander-Walker, Daniels, Jalen Johnson y Onyeka Okongwu— fue demoledor en sus minutos conjuntos el curso pasado: 20-10 de balance y un +20,3 de net rating. Ahora, a ese núcleo se le añaden Dort y Aaron Wiggins, dos piezas que encajan como guante en la filosofía de su entrenador.

Snyder lo tiene claro: defensa que roba, transición rápida y un volumen de triples que roce los 40 intentos por noche. El plan está trazado. Ahora falta ordenarlo todo.

Jalen Johnson, de promesa a pilar

La explosión de Jalen Johnson cambió la narrativa en Atlanta. All-Star, All-NBA y unos números que hablan por sí solos: 22,5 puntos, 10,3 rebotes, 7,9 asistencias y 1,2 robos por partido. De proyecto interesante a eje del proyecto. El balón pasa por sus manos, el ritmo lo marca él.

A su lado, Nickeil Alexander-Walker dejó de ser un complemento para convertirse en una estrella emergente. Ganó el premio a Jugador Más Mejorado con 20,8 puntos, 3,7 asistencias y 3,4 rebotes, tirando con una eficiencia de élite: 45,9% en tiros de campo, 39,9% en triples, 90,2% en libres. Producción y eficiencia, una combinación que Atlanta llevaba años buscando.

McCollum, con 18,7 puntos de media, completa un trío que ronda los 20 tantos por cabeza. No es el base eléctrico que fue Young, pero sí el veterano que ordena, el anotador fiable en finales apretados y la voz experimentada en un vestuario que quiere dar el siguiente paso.

Okongwu, por su parte, firmó 15,2 puntos, 7,6 rebotes y 3,1 asistencias. No es un pívot de focos, pero sí de impacto silencioso. Y en un equipo que quiere correr y cambiar en casi todas las posiciones, su movilidad es oro.

Profundidad real, decisiones difíciles

Si Snyder mira su banquillo, ve problemas. De los buenos. Si el quinteto titular se mantiene, la segunda unidad puede contar con Dort, Wiggins, Jock Landale, Zuby Ejiofor, Kingston Flemings, Asa Newell, Buddy Hield, Corey Kispert y Ryan Nembhard. Es decir, perfiles para cualquier tipo de rival y emparejamiento.

Dort aporta dureza, físico y el tipo de defensa que cambia el tono de un partido. Wiggins llega como campeón con Oklahoma City en 2025 y con experiencia en unas Finales del Oeste en 2026. Nunca ha pasado de los 24,2 minutos por noche —y eso fue en su año rookie—, solo una vez promedió dobles dígitos en puntos (12,0 en 2024-25), pero sus porcentajes son una promesa: 48,7% en tiros de campo, 38% en triples en su carrera.

Atlanta fue un buen equipo de tres puntos el curso pasado, pero necesita más eficiencia. Ahí entra Wiggins. Con más minutos y más tiros, el alero tiene una ventana clara para convertirse en el gran salto oculto de esta plantilla. Es el candidato evidente a irrumpir.

Hield y Kispert añaden tiro puro. Nembhard y Flemings ofrecen manejo y lectura. Landale y los rookies interiores dan centímetros y energía. La cuestión no es si hay piezas, sino cómo encajarlas.

Un equipo que ya rozó algo grande

Los Hawks no solo cerraron bien la fase regular. En playoffs tuvieron al futuro campeón, New York Knicks, contra las cuerdas. 1-0, luego 2-1 arriba en la serie. En ese momento, nadie veía a los Knicks como un equipo de título. Después, tres derrotas seguidas para Atlanta y solo una más de New York en el resto de las eliminatorias.

Ese 2-1 no se olvida en el vestuario. Menos aún cuando Atlanta sumó dos victorias ante los Knicks, más que los otros tres rivales de New York juntos en toda la postemporada. Hay frustración, sí, pero también una certeza: el techo está más arriba de lo que indica un simple “eliminado en primera ronda”.

Un calendario con cuentas pendientes

El curso regular trae fechas subrayadas en rojo.

  • El 21 de octubre, Hawks vs. Magic. El Sudeste está cargado: al menos cuatro equipos se ven en playoffs. La temporada pasada, los cuatro primeros de la división quedaron separados por solo tres partidos. Este duelo enfrenta a los que terminaron 1º y 2º. Es una declaración de jerarquía temprana.
  • El 29 de noviembre llega Hawks vs. Knicks. Revancha emocional. El recuerdo de esa serie de 2026 sigue fresco: ventaja 1-0, luego 2-1, sensación de tener el control… hasta que New York encadenó tres triunfos y se lanzó hacia el anillo. Atlanta no ha olvidado cómo se le escapó esa oportunidad.
  • El 1 de febrero, Wizards vs. Hawks. El regreso de Trae Young a Atlanta. No es un partido más, ni lo será. El base vuelve como visitante por primera vez desde el traspaso a Washington. La grada hablará, y mucho, de pasado y presente.
  • El 8 de febrero, Heat vs. Hawks, justo antes del cierre de mercado del día 11. Dos aspirantes al trono del Sudeste, en un momento en el que toda la liga se pregunta quién aprieta el gatillo para el último gran movimiento.
  • El 4 de abril, Hawks vs. 76ers, octavo partido fuera de casa en una racha de 11. Tramo duro, rival con estrellas y la clasificación apretándose. Ahí se verá si el crecimiento post All-Star del año pasado fue un espejismo o el nuevo estándar.

La pretemporada, laboratorio de Snyder

Antes de todo eso, Quin Snyder tiene trabajo fino. Con tanta profundidad, la primera tarea es clara: decidir quién empieza y quién acepta ser revulsivo. El dato del año pasado pesa: 20-10 y un +20,3 de net rating con McCollum, Alexander-Walker, Daniels, Johnson y Okongwu juntos. Pero ahora están Dort y Wiggins, y alguien perderá minutos importantes.

Kingston Flemings, elección de lotería, será uno de los focos de la pretemporada. Cómo se adapta, cuánto aprende de McCollum, si puede asumir pronto responsabilidades de creador secundario. Detrás de Johnson, el puesto de ala-pívot suplente está abierto: Mouhamed Gueye, Asa Newell y Ejiofor se disputan un rol que puede ser clave en una temporada larga.

Atlanta terminó 14º en eficiencia ofensiva y 10º en defensiva. Hay margen por los dos lados. El salto tras el All-Star y el impacto inmediato de McCollum demostraron que la base funciona. Ahora, con más defensa exterior, más tiro y más profundidad, la pregunta deja de ser si los Hawks son competitivos.

La cuestión real es otra: ¿están listos para dejar de ser una buena historia de segunda mitad de temporada y convertirse, por fin, en un problema serio en mayo?

Los nuevos Hawks: un equipo más competitivo