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La nueva tasa de la Premier: el mercado que se compra y se vende a sí mismo

Durante años se repitió que los futbolistas ingleses salían caros. Hoy la frase necesita una corrección: lo que sale caro es cualquier jugador que ya esté en la Premier League.

En el último mercado estival, el gasto medio por futbolista fichado desde otro club de la Premier fue de 39,4 millones de libras. Casi el doble de los 20,2 millones pagados, de media, por jugadores procedentes del extranjero. Kieran Maguire, profesor de finanzas del fútbol en la Universidad de Liverpool, lo define con precisión quirúrgica: “un impuesto Premier League”.

No es una anécdota. Es una tendencia.

La liga que comercia consigo misma

Los clubes ingleses han perdido el pudor a venderse entre ellos. Incluso entre rivales directos. Aunque el volumen total de gasto sigue siendo mayor con clubes de fuera de Inglaterra, la proporción de grandes operaciones domésticas ya supera a las internacionales.

Los números dibujan el cambio de paisaje. En la temporada 2024-25 hubo 13 traspasos de 40 millones de libras o más. Este verano, 27. Más del doble en apenas dos años.

Pero lo llamativo no es solo la cantidad, sino el destino del dinero. Hace dos veranos, se cerraron siete operaciones de 40 millones o más con equipos del continente, por seis entre clubes de la Premier. Este verano, las operaciones de esa magnitud con clubes europeos fueron nueve. Entre equipos ingleses, en cambio, se dispararon de seis a 18. Se han triplicado. Y el gasto total en traspasos domésticos también se ha más que duplicado.

La Premier ya no es solo el gran comprador del planeta. Es, sobre todo, su propio mejor cliente.

El laboratorio inglés: fichar barato fuera, vender carísimo dentro

Maguire apunta a un factor clave: la sofisticación en el ‘scouting’ internacional. Los clubes ingleses rastrean el mercado global con tanta profundidad que captan antes que nadie a los talentos extranjeros, los desarrollan en la Premier… y luego los venden, a precios de élite, a los gigantes del propio campeonato.

“Tenemos una nueva hornada de clubes, una especie de ‘chavales del algoritmo’, que reclutan en los mercados internacionales”, explica el académico. “Traen jugadores a la Premier, y luego los Big Six fichan a los mejores”.

El caso de Carlos Baleba es un ejemplo perfecto. Brighton lo compró a Lille hace tres años por 23 millones de libras. La semana pasada lo vendió a Manchester United por 70 millones. El modelo está claro: Inglaterra como laboratorio, la Premier como escaparate definitivo.

Maguire lo resume con una imagen muy gráfica: una especie de placa de Petri en la que se prueba qué jugadores extranjeros funcionan en la liga. Si responden, el negocio es redondo para todos: el club que arriesga al ficharlo, el que lo compra a precio de estrella… y el jugador, que se instala en la élite.

Pero hay operaciones que solo parecen posibles dentro de esta burbuja inglesa. ¿Qué club europeo habría puesto sobre la mesa los 75 millones que pagó Tottenham a Manchester City por Savio? ¿O los 65 millones que Everton ingresó por Iliman Ndiaye? ¿O los 85 millones que West Ham recibió de los Spurs por Mateus Fernandes?

Mientras tanto, en el resto de Europa, solo se registraron siete fichajes de 40 millones o más entre clubes del propio continente, todos ellos firmados por Barcelona, Bayern Munich y Paris St-Germain. Un oligopolio dentro del oligopolio.

Una burbuja con sus propias reglas

Trevor Watkins, ex presidente de Bournemouth y ahora abogado especializado en deporte, lo describe sin rodeos: la Premier funciona casi como un ecosistema cerrado.

“Los ingresos superan con creces a los de otras ligas”, señala en la BBC. “Y lo que se ve este año es una gran cantidad de operaciones entre clubes ingleses. Mucho dinero bajando a divisiones inferiores, pero también moviéndose entre equipos de la Premier porque, siendo sinceros, probablemente son los únicos que pueden pagar esos salarios o esas tarifas”.

El mercado de fichajes se ha convertido en un juego de hojas de cálculo. No se trata solo de cuánto vale un jugador en términos de goles, asistencias, paradas o despejes. La clave es el beneficio contable que genera su venta, porque ese beneficio es el combustible que permite reinvertir sin romper las normas financieras.

Ahí entra en escena el nuevo marco regulatorio: el ‘squad cost ratio’ (SCR) de la Premier League.

Cómo un traspaso de 35 millones se convierte en un beneficio de 95

El ejemplo de Elliot Anderson ilustra la lógica. Nottingham Forest pagó 35 millones de libras a Newcastle por el jugador, y más tarde lo vendió por 116 millones. A simple vista, un beneficio de 81 millones. En los libros, la historia es distinta.

El coste de fichaje se reparte a lo largo de la duración del contrato. Cuando Anderson se marchó a Manchester City, a Forest le quedaban alrededor de 21 millones por amortizar. A efectos contables, el beneficio no es de 81, sino de 95 millones de libras. Y esa ganancia se distribuye a su vez en tres años: unos 31,67 millones por temporada para el cálculo del SCR.

Resultado: ya no sirve vender a un jugador para lograr un “arreglo rápido” en una sola ventana, ni para evitar a última hora una infracción financiera. Todo se estira en el tiempo. Todo obliga a pensar en promedio, no en impacto inmediato.

Por eso cada millón en el precio de venta cuenta tanto. Cuanto más alto el traspaso, mayor el beneficio medio que entra en el cálculo del SCR. Y ese SCR se mira temporada a temporada.

¿Quién se adapta mejor a este sistema? Los más poderosos, claro.

El músculo de los gigantes

Los seis grandes —Arsenal, Chelsea, Liverpool, Manchester City, Manchester United y Tottenham— juegan en otra liga, incluso dentro de la Premier. Sus ingresos comerciales están a años luz del resto. Este verano gastaron 1.658 millones de libras en fichajes.

“Esos clubes se han blindado de cara al futuro intentando generar más ingresos”, explica Maguire. “Spurs es un ejemplo clásico. Ahora tienen un estadio multiusos, multideporte, del que el club de fútbol es la parte principal. Es una recompensa para los clubes que han ampliado sus estadios o han pensado fuera de lo convencional para generar ingresos adicionales”.

Para los otros 14 clubes, que en conjunto gastaron 1.833 millones, el ‘player trading’ no es una opción, es una necesidad. Comprar bien, vender caro, repetir.

Aston Villa y Newcastle, por ejemplo, cerraron entre ambos cinco operaciones de 40 millones o más. Pero solo pudieron hacerlo después de ingresar cientos de millones en ventas. Sin plusvalías, no hay salto competitivo.

La consecuencia es evidente: si la Premier recicla cada vez más dinero dentro de sus fronteras, menos flujo llega al resto de Europa. Pero el impacto se siente igual.

Europa, atrapada por la inflación inglesa

Desde LaLiga ya han levantado la voz. Javier Gómez, director general corporativo del campeonato español, criticó el “modelo deficitario” de la Premier y sus efectos colaterales.

“Tiene otras consecuencias”, advirtió. “Inflaciona todo el sector: inflaciona la Premier League, la Bundesliga, la liga francesa, y al final también a nosotros”.

Algunos de los grandes nombres históricos del continente ya no pueden competir con los clubes punteros ingleses. Salvo cuatro gigantes globales —Real Madrid, Barcelona, PSG y Bayern Munich—, el resto se ve superado en casi cualquier puja.

“Con la excepción de algunas marcas globales del fútbol, y ahí se incluiría a Real Madrid, Barcelona, PSG y Bayern Munich, la Premier puede gastar más que cualquiera”, recuerda Maguire. El último informe de la Deloitte Money League lo dejó claro: 14 equipos de la Premier entre los 30 clubes con más ingresos del mundo. Real, Barça, PSG y Bayern ocupan los cuatro primeros puestos; Liverpool lidera a los seis ingleses que completan el ‘top 10’.

La hegemonía económica se traslada al césped. Andre Villas-Boas, presidente de FC Porto, admite que el club portugués ha tenido que redoblar esfuerzos en la detección temprana de talento. No pueden entrar en guerras de ofertas que están perdidas de antemano.

“Para Porto, significa que competimos por talento no con Man City o Liverpool, sino con clubes como Coventry o Brentford, con todo el respeto”, explica. “El hecho de que tengan ese poder de gasto lo hace difícil para nosotros. La Premier está por encima del resto, lo que significa que los clubes ingleses son cada vez más dominantes en las competiciones europeas”.

La última temporada lo reflejó sin pudor: Aston Villa ganó la Europa League, Crystal Palace se llevó la Conference League y Arsenal solo cayó en la final de la Champions frente a Paris St-Germain.

Una burbuja que no explota… y agranda la brecha

El mercado de fichajes de la Premier se comporta como una burbuja que se niega a estallar. Cada verano parece el techo. Cada verano se perfora.

Mientras el dinero circula entre Manchester, Londres, Birmingham o Newcastle, Europa observa cómo los precios se recalientan y los salarios se disparan. Los clubes medianos del continente ya no miran hacia arriba para competir con los grandes ingleses; miran de reojo a los modestos de la Premier, que pueden pagar más que ellos por el mismo jugador.

La pregunta ya no es si la Premier domina el mercado. Eso está resuelto. La cuestión es cuánto tiempo tardará el resto de Europa en asumir que el juego, tal y como lo conocían, ha cambiado para siempre.