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Novak Djokovic cae en primera ronda del US Open ante Mariano Navone

La noche en Nueva York dejó una imagen que el tenis llevaba años sin ver: Novak Djokovic, exhausto, descompuesto, encadenando errores y sin respuestas, cayendo en primera ronda de un Grand Slam. No ocurrió en sus inicios, sino a los 39 años, ante un rival 14 años más joven, en el torneo donde nunca había perdido a las primeras de cambio.

Mariano Navone, argentino de 25 años, firmó el partido de su vida y derribó al dueño de 24 títulos grandes: 7-6(5), 5-7, 4-6, 6-2 y 6-1, en 4 horas y 36 minutos. El duelo se estiró hasta rozar la medianoche y se convirtió en el estreno más largo de Djokovic en un major. También en su eliminación más temprana en un grande en dos décadas, desde el Abierto de Australia 2006. En el US Open, jamás había dicho adiós tan pronto.

Un gigante vulnerable

Djokovic no fue Djokovic. No el que ha dominado una era. Desde el inicio se le vio peleando contra algo más que el rival: malestar físico, gestos de dolor, una incomodidad que no desaparecía. El número 4 del mundo llegó a ir 3-0 y 4-1 arriba en el primer set. Lo tenía bajo control. Lo perdió.

Era la primera vez desde 2006 que cedía el set inicial en una primera ronda en Nueva York. Y no fue un accidente aislado: terminó el encuentro con 70 errores no forzados, una cifra demoledora para cualquiera, letal incluso para alguien de su talento.

El serbio vomitó al menos una vez en pista, se tocó la pierna izquierda con claros signos de calambres, pidió pastillas al médico, recibió masaje en la zona lumbar en un tiempo médico entre el cuarto y el quinto set y gesticuló de dolor en numerosos golpes. Cada gesto subrayaba la misma realidad: el cuerpo ya no respondía como antes.

En la grada, Jelena, su esposa, miraba con el ceño fruncido, reflejo de la inquietud que recorría el estadio. Aun así, en ráfagas, apareció el campeón de siempre. Cerró el segundo set con rabia, puño al aire. En el tercero se encendió, se llevó la mano a la oreja, reclamó ruido, calor, apoyo. Parecía que la historia de siempre se iba a repetir: Djokovic sufriendo, Djokovic remontando, Djokovic sobreviviendo.

Esta vez no.

El partido de la vida de Navone

Del otro lado de la red, Mariano Navone no se encogió. Ni un segundo. Ni siquiera cuando el contexto amenazaba con devorarlo: Arthur Ashe, luces, primera ronda del US Open, el rival más laureado de la historia de los Grand Slams.

Navone, que este año levantó su primer título ATP, jugó con descaro y convicción. No se dejó intimidar por el nombre ni por el escenario. Aguantó los vaivenes del marcador y del físico de Djokovic, sostuvo el pulso mental y, cuando el serbio empezó a deshilacharse en el cuarto set, apretó.

“Fue muy duro para mí porque estás jugando con el ‘GOAT’ en esta pista”, admitió después el argentino, que creció idolatrando al propio Djokovic. “Seguro que es lo mejor que he vivido en una pista. Esta pista es increíble y es el escenario más grande. Es increíble la forma en que jugamos, cinco sets… Estoy muy feliz. No sé. ¿Qué puedo decir?”.

En el cuarto parcial, tras un tiro ancho, Djokovic cayó mal, soltó la raqueta y, en la práctica, entregó el set. Navone olió la sangre. Igualó el partido y entró al quinto con la energía del que persigue un sueño y la tranquilidad del que ya ha derribado varias barreras mentales.

Djokovic, en cambio, apenas pudo ofrecer resistencia. Lo que tantas veces había sido territorio suyo —el quinto set, la épica, el sufrimiento— se le escapó entre calambres, errores y miradas perdidas. Navone cerró su primera victoria a cinco sets justo donde muchos han firmado las derrotas más dolorosas de sus carreras.

“Es increíble”, dijo el argentino. “Esto significa mucho. Es un sueño hecho realidad”.

Un futuro en el aire

La derrota no llega sola. Djokovic ya había caído en primera ronda en el torneo de Cincinnati, su único ensayo en pista dura antes de Nueva York, en lo que ya entonces encendió algunas alarmas. Ese fue su primer partido desde la derrota ante Jannik Sinner en las semifinales de Wimbledon.

El sábado, en la previa del US Open, intentó ver el lado positivo de aquella salida prematura: más días para preparar el último grande del año. Al mismo tiempo, admitió una preocupación que se ha vuelto recurrente: el primer partido de cada torneo se le ha hecho cada vez más cuesta arriba.

En Flushing Meadows, esa cuesta se convirtió en un muro. No hubo remontada, no hubo reacción final, no hubo magia. Solo un cuerpo castigado, una cabeza que ya no pudo sostener el peso de la historia y un rival que se negó a desaparecer.

La fecha añade un matiz simbólico difícil de ignorar: 21 años exactos desde su debut en el US Open. De adolescente prometedor a leyenda absoluta. De aspirante a referencia. De chico que llega a hombre que, por primera vez en mucho tiempo, escucha una pregunta que nadie se atrevía a formular en voz alta:

¿Ha sido este el último partido de Novak Djokovic en este escenario, o incluso en un Grand Slam?