Novak Djokovic: el competidor que ayuda a sus rivales
Novak Djokovic divide al mundo del tenis como pocos. Ídolo absoluto para unos, villano para otros, su figura carga con deportaciones sonadas, descalificaciones históricas y una colección de 24 Grand Slams que no admite discusión. Pero detrás del gesto de acero y de las polémicas, hay un vestuario que cuenta otra historia.
Carlos Costa, su fisioterapeuta, la conoce de cerca.
El campeón que interrumpe su propio entrenamiento
Costa, invitado en el programa “A BOLA”, describió a un Djokovic muy distinto al personaje que suele incendiar debates.
“Le encanta ayudar a los jugadores más jóvenes. A menudo para su entrenamiento para dar consejos a otros tenistas, incluso a aquellos contra los que compite en el circuito”, explicó. No es una frase hecha. Es rutina.
Hace poco, Felix Auger-Aliassime se acercó a pedirle consejo. Djokovic no dudó. Lo mismo ocurrió con Joao Fonseca. Dos rivales directos, dos jóvenes a los que el serbio podría ver como amenazas futuras. Prefiere verlos como proyectos que puede impulsar.
Este año se ha cruzado con ambos. En Wimbledon, Djokovic superó a Auger-Aliassime en un maratón de cuartos de final: 7-6, 3-6, 6-3, 6-7, 7-6. En Roland Garros, en tercera ronda, fue Fonseca quien firmó una remontada mayúscula: 4-6, 4-6, 6-3, 7-5, 7-5. Dos batallas a cinco sets, dos generaciones midiéndose al límite. Y, aun así, el veterano sigue abriendo la puerta del conocimiento a quienes intentan destronarlo.
No se queda ahí. Djokovic también ha asesorado en varias ocasiones a la joven estadounidense Iva Jovic, otra promesa que crece con las indicaciones del serbio. No siempre ha sido el jugador más querido del circuito, pero su forma de “devolver” al deporte lo desmiente como egoísta puro.
La próxima vez que alguien cuestione su carácter, quizá convenga preguntar en silencio: ¿cuántos de los jugadores que apoyas no habrán recibido ya un consejo suyo en un pasillo, en un vestuario, en un entrenamiento interrumpido?
Obsesión por el detalle: el caso Jannik Sinner
Si Djokovic se entrega así a los demás, con él mismo es todavía más exigente. Costa lo define sin rodeos: “Nunca he visto nada como Novak Djokovic. Su visión, lo que pone cada día en la pista y su intensidad”.
No habla de un tópico. Habla de un hombre que mide todo. El tiempo que tarda el equipo en alcanzarle la toalla. La precisión de cada rutina. El orden de cada recuperación. Si algo no está planificado, salta la chispa.
“Presta atención a cada detalle. Llega hasta el punto de crear pruebas dentro del equipo para saber si realmente estamos buscando las mejores estrategias de recuperación y ofreciendo los mejores tratamientos”, detalla el fisioterapeuta.
Un ejemplo lo dice todo. En un momento dado, Djokovic preguntó por qué Jannik Sinner hacía entrenamientos específicos de visión y ellos no. No era curiosidad inocente. Era una exigencia. Si el número uno del mundo trabaja algo que él no está haciendo, quiere saber el motivo de inmediato.
Costa intenta ir siempre un paso por delante: se forma con fisioterapeutas de otros deportes, busca referencias fuera del tenis, amplía métodos. Aun así, el serbio llega al vestuario con nuevas ideas, vídeos vistos, rutinas observadas a otros jugadores. Pregunta. Presiona. No acepta respuestas lentas ni vagas. El margen de mejora es una obsesión diaria.
Sinner, el hombre al que Djokovic no puede perder de vista
Tiene sentido que Sinner sea una referencia constante en la mente de Djokovic. El italiano es hoy el número uno del mundo y ha conquistado cinco Grand Slams desde el último grande ganado por el serbio. Domina su cara a cara por 7-5 y este año lo derrotó con claridad en Wimbledon.
Para un competidor como Djokovic, esos datos no son simples estadísticas. Son un desafío. Una llamada a apurar hasta el último recurso para recuperar el trono y alcanzar ese ansiado 25º Grand Slam que lo separaría, aún más, de cualquier debate histórico.
Cada pequeño ajuste, cada nuevo ejercicio, cada pregunta incómoda dentro de su equipo responde a esa carrera contra el tiempo y contra una generación que ya no lo mira desde abajo, sino directamente a los ojos.
La próxima parada será Pekín. Djokovic volverá a competir por primera vez desde el US Open en el China Open, que arranca el lunes 28 de septiembre. Allí empezará a comprobarse si toda esa obsesión por el detalle, toda esa generosidad con los jóvenes y toda esa búsqueda incesante de ventajas le alcanzan para algo más que un legado: para volver, una vez más, a la cima.





