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NCS arrasa con Bordeleau como figura ante SMU

NCS no ganó un partido. Impuso una goleada. Y en el centro de todo apareció un nombre propio: Jade Bordeleau, imparable, clínica de definición en un encuentro en el que la defensa de SMU jamás encontró respuestas.

Desde el arranque, NCS marcó territorio. La presión alta ahogó la salida rival y el primer golpe llegó pronto: Bordeleau abrió el marcador tras una jugada bien trenzada, culminada con asistencia de Daisy Duda y Madison Casteen. Un aviso. Y, acto seguido, la confirmación: la misma combinación, el mismo desenlace. Bordeleau, otra vez, castigando y poniendo a SMU contra las cuerdas con un doblete tempranero.

SMU intentó reaccionar con un disparo de Kaia Samuelsen Elverum desde la frontal, desviado por encima del arco. Pareció un punto de inflexión. No lo fue. NCS mantuvo el ritmo, empujó líneas y encontró más premio con dos tantos firmados como “TEAM”, fruto del dominio colectivo y del asedio constante sobre el área de Aubrey Brown.

Cuando el marcador ya pesaba, SMU se aferró al único resquicio que encontraba: la pelota parada. Brooke Bunton asumió la responsabilidad desde el punto de penalti y no falló. Uno. Y luego otro. Dos penales convertidos por Bunton devolvieron algo de vida a su equipo y pusieron a prueba la solidez mental de NCS.

La respuesta fue contundente. NCS no se descompuso. Siguió llegando. Emily Wong probó suerte, Jade Bordeleau rozó el triplete con un disparo alto, y Mana Nakata empezó a aparecer con insistencia desde segunda línea. Primero se marchó fuera por poco, luego obligó a Brown a una gran intervención con un tiro ajustado a la escuadra derecha.

El alivio para NCS llegó cuando la presión volvió a encontrar a su mejor ejecutora. Bordeleau firmó su tercer gol de la noche, esta vez tras una asistencia precisa de Yuna Aoki. Control, definición y partido encarrilado. El tándem Aoki–Bordeleau repitió la fórmula: otra asistencia de la lateral y otro remate letal de la delantera, que convirtió su exhibición en una actuación de referencia.

Con el duelo roto, se sumaron más protagonistas. Daisy Duda lo intentó desde lejos, sin puntería, pero el siguiente zarpazo llevó la firma de Erica Roberts. La atacante de NCS se unió a la fiesta con un gol que amplió aún más la brecha. Y no se quedó ahí: Roberts volvió a ver puerta poco después, rematando una actuación coral de un ataque que no dio tregua.

El guion pudo ser todavía más duro para SMU. NCS generó ocasiones de sobra: Carly Montgomery probó desde fuera del área, Roberts se topó con Brown con un tiro raso a la base del poste, y Katie Richter también obligó a la guardameta a intervenir con un disparo ajustado al palo izquierdo. Brown, pese a la goleada encajada, evitó un resultado aún más escandaloso.

En el otro área, cuando SMU encontró un resquicio, apareció Riley Pickels. La portera de NCS frustró un remate centrado de Kaylee Noble, que poco después se tomó la revancha con un gol que maquilló el marcador y recompensó su insistencia en ataque.

Los banquillos explicaban buena parte del choque. SMU alineó a Brown bajo palos, acompañada por Jessica Osborne, Libby Jannereth, Julianne Richter, Nicole Stryker, Zoe Parkhurst, Brooke Bunton, Maleeya Martin, Abigail Goldean, Kaia Samuelsen Elverum y Kamiya Beck. Enfrente, NCS presentó un bloque compacto con Pickels en la portería, Aoki, Alex Mohr, Nakata, Roberts, Casteen, Montgomery, Bordeleau, Duda, Wong y Mary Frances Symmes.

Hasta el final, NCS mantuvo el colmillo. Nakata siguió probando desde media distancia, rozando el larguero, mientras Bunton, ya en el tramo final, buscó su hat-trick personal con un disparo alto que se marchó por encima.

La estadística deja un mensaje claro: NCS dominó, golpeó con frecuencia y encontró en Jade Bordeleau una referencia demoledora. SMU, sostenido a ratos por Brown y por la eficacia de Bunton y Noble, nunca logró equilibrar un duelo que se jugó, casi siempre, donde NCS quiso.

Si esta noche es un adelanto de lo que viene, la pregunta no es si NCS puede competir arriba. La cuestión es quién será capaz de frenar a un ataque que, cuando huele sangre, no perdona.