Navarro supera a Boisson en un tenso debut del US Open 2026
Emma Navarro necesitó dos días, tres sets y una buena dosis de paciencia para superar a Lois Boisson en una primera ronda del US Open que terminó con una imagen tan cruda como reveladora: la francesa destrozando la raqueta mientras la estadounidense levantaba los brazos hacia el cielo de Nueva York.
Marcador final: 7-6, 6-7, 6-3 para Navarro
Un partido partido en dos
Hasta la suspensión, el duelo había sido un pulso cerrado, más mental que brillante, entre una Navarro sólida desde el fondo y una Boisson que alternaba golpes afilados con ráfagas de frustración. El primer set cayó del lado de la estadounidense en un desempate ajustado, y el segundo siguió el mismo guion hasta que la lluvia lo barrió todo.
Cuando el encuentro se reanudó el lunes, el escenario era distinto. Otro día, otra luz, otra presión. Pero el marcador seguía ahí, congelado, recordando a Navarro el trabajo ya hecho.
“Fue realmente duro parar en el punto del partido en el que estábamos”, reconoció después. “Sentía que había trabajado muchísimo para llegar hasta ahí y, de repente, es como: vamos a salir mañana y las dos tenemos una hoja en blanco. Es muy único, porque sientes que deberías notar que vas por delante, pero en realidad no lo sientes”.
Boisson aprovechó ese reseteo emocional mejor que su rival en la segunda manga. Aguantó el intercambio, se aferró a cada punto y se llevó el tie-break para forzar el tercer set, alargando la tensión y el desgaste.
El quiebre decisivo y la explosión final
En el parcial definitivo, la presión cambió de lado. Navarro ajustó alturas, arriesgó un poco más con el primer servicio y empezó a castigar el revés de la francesa. El quiebre llegó como consecuencia lógica de ese dominio creciente, y con el 6-3 final la estadounidense cerró por fin una batalla que había durado mucho más que las tres horas de juego real.
La escena tras el último punto fue un contraste brutal.
Primero, el protocolo: saludo correcto en la red, miradas rápidas, respeto formal. Luego, la catarsis. Navarro se giró hacia la grada, levantó los brazos y celebró con una mezcla de alivio y satisfacción el pase a segunda ronda en su Grand Slam de casa.
Al fondo, casi fuera de plano, apareció la otra cara del deporte de élite. Boisson, 23 años, derrotada en un partido que sintió a su alcance, descargó toda su frustración contra la raqueta, estampándola con fuerza contra la pista. Un gesto de rabia pura, captado por las cámaras mientras el estadio miraba ya hacia la ganadora.
No hubo palabras, no hicieron falta. La imagen explicó por sí sola lo que significa quedar fuera en primera ronda de un grande tras dos días de esfuerzo interrumpido.
Un US Open que apenas empieza
El torneo apenas ha levantado el telón y ya deja escenas de alta tensión competitiva. El cuadro femenino avanzará a toda velocidad hasta la final del 12 de septiembre, mientras que el campeón individual masculino se coronará el día 13, en el cierre del último grande del año.
Navarro sale de este maratón emocional con algo más que una victoria: la certeza de que puede gestionar lluvia, interrupciones y nervios en uno de los escenarios más exigentes del circuito. Boisson, en cambio, se marcha con una derrota amarga y una imagen que dará vueltas, pero también con la prueba de que su tenis puede incomodar a jugadoras asentadas.
En Nueva York, el calendario no espera a nadie. La próxima ronda ya asoma, y el margen para digerir emociones es mínimo.






