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Naufragio histórico de Pakistán en Inglaterra

En Edgbaston, bajo una lluvia intermitente y un ambiente pesado, Pakistán firmó una página de historia que nadie quiere protagonizar. Su top cinco cayó entero en cifras individuales en la primera entrada de un Test en Inglaterra. Nunca había pasado. No así. No tan pronto.

Es apenas la 12ª vez en la historia que los cinco primeros bateadores de un equipo se quedan en un dígito, pero siempre había ocurrido en segundas entradas, con el marcador ya presionado por el contexto. Esta vez fue de inicio. Un hundimiento desde la salida.

Inglaterra huele sangre

El marcador lo dice todo: Pak 60-5. Antes, Pak 48-5. Y aún antes, 35-4. Una caída en cascada, casi sin resistencia.

Josh Tongue encendió la mecha con un hechizo corto pero demoledor. “Rápido y furioso”, como lo describieron en la radio. Su premio mayor: Babar Azam. Un envío lleno, rápido, angulado hacia dentro, que impactó con violencia en la parte alta del off stump. Babar, anclado atrás, sin tiempo para reaccionar, quedó superado por el ritmo. Babar b Tongue 7, Pak 48-5. Completamente batido. Sin excusas.

La sensación en el campo era clara: Pakistán no tenía respuestas. Cada over de Inglaterra parecía un paso más en una procesión hacia el vestuario.

Saud Shakeel, belleza en medio del caos

Y, sin embargo, entre los escombros, Saud Shakeel ofreció destellos de clase que casi dolían de ver, por el contraste con el marcador.

Un cover drive glorioso, la pelota deslizándose por extra cover como si el partido fuera otro. Luego, otro más. Golpes limpios, elegantes, que confirmaban lo evidente: el pitch no tenía nada de diabólico. Era “bastante decente”, como apuntaban los analistas. Precisamente por eso el colapso pakistaní resultaba aún más alarmante.

Saud repitió el gesto en la siguiente bola, esta vez mucho más suelto, demasiado. Un inside edge rozó la pierna y pasó silbando junto al leg stump. Cuatro más, pero con el corazón en la boca. Más tarde, en el mismo over, otro drive perfecto por las coberturas. Tres límites en un abrir y cerrar de ojos. Una pequeña obra de arte en medio de un derrumbe.

Cuando Ollie Robinson probó, de forma poco habitual, un corto, Saud lo castigó con un pull por square leg. No llegó al límite gracias a un buen trabajo en la profundidad, y Robinson regresó de inmediato a lo que mejor le funcionaba: la bola llena, el swing alejándose del bate, preguntas constantes alrededor del off stump.

Oportunidades y nervios

Inglaterra, dominante con la bola, aún encontró margen para el suspense. Gus Atkinson, que ha lanzado mucho mejor de lo que indica su única wicket en la serie, provocó un edge grueso de Saud Shakeel. La pelota salió alta y rápida hacia el primer slip. Ben Duckett llegó, tocó… y la dejó caer. Segundo fallo del día para él, aunque esta vez el esfuerzo fue mayor y la dificultad evidente. Pak 43-4 y una vida extra para el único bateador que parecía cómodo.

Atkinson, que sustituyó a Jofra Archer, volvió a quedarse sin recompensa inmediata. Su cifra en la serie, un solitario wicket a 125, no refleja ni su ritmo ni su consistencia. A veces el cricket se obstina en ser cruel con los lanzadores.

Un inicio de serie para el olvido

Las cifras de Andy Zaltzman ponen en contexto el desastre. Ningún equipo había empezado sus entradas en una serie en Inglaterra tan mal como Pakistán en esta ocasión. La caída del segundo wicket ha llegado con marcadores de 6 y 13 en Leeds, 16 y 7 en Lord’s, y ahora 14 aquí. En total, apenas 56 carreras acumuladas antes de perder el segundo wicket en la serie.

La media de las primeras dos asociaciones: 5,6 y 11,2 carreras. Números que rozan lo increíble a este nivel. Pakistán va camino de destrozar un registro que llevaba en manos de Australia desde 1888, cuando promediaron solo 16 para la caída de su segundo wicket en una serie en Inglaterra. Un récord que nadie quiere arrebatar… salvo que el bateo se desplome como lo está haciendo ahora.

Mientras tanto, el marcador seguía avanzando a trompicones: byes por un error de línea de Ollie Robinson hacia el leg side, la pelota apenas rozando los guantes de Jamie Smith, que subía hasta los stumps. Un edge grueso de Saud añadía un par más, justo cuando la lluvia volvía a hacer acto de presencia sobre Edgbaston.

Lluvia, nervios y un abismo estadístico

La lluvia llegó a los drinks. Las cubiertas entraron, se detuvieron a mitad de camino, y se marcharon de nuevo cuando el aguacero se apagó de golpe. Los árbitros decidieron seguir. Buenas noticias para Inglaterra, malas para un Pakistán que quizá agradecía cualquier respiro.

Porque más allá de los drives de Saud Shakeel, el relato del día es otro: un top cinco borrado sin oposición, en un terreno que no justificaba semejante derrumbe, y una serie que se desliza hacia una humillación histórica en los libros de estadísticas.

La pregunta ya no es si Pakistán puede salvar esta entrada. Es si puede salvar su reputación con el bate antes de que este tour quede marcado para siempre por un número: 5,6 de media antes de perder el segundo wicket. ¿Encontrarán respuesta, o este será el estándar por el que se recuerde su visita a Inglaterra durante décadas?