logo

Naomi Osaka avanza en el US Open: victoria en tercera ronda

Durante un buen rato, el partido pareció un trámite. Naomi Osaka mandaba, el marcador obedecía y el público en Nueva York se preparaba para una noche tranquila. Set arriba, break arriba ante Katerina Siniakova. Todo bajo control. O eso parecía.

De pronto, la tensión entró en escena.

Osaka dejó escapar su ventaja en el segundo parcial, se enredó con sus propios nervios y terminó arrastrada a un tercer set que nadie esperaba unos minutos antes. Lo que vino después explicó por qué sigue siendo una campeona de Grand Slam: se recompuso, ajustó su tenis y arrasó en la manga definitiva para cerrar el triunfo por 6-2, 5-7, 6-1 y meterse en la tercera ronda del US Open.

De la duda al dominio

El arranque fue el de la Osaka que tantos recuerdan en Flushing Meadows. Golpes limpios, servicio pesado, ritmo controlado. Siniakova apenas encontraba resquicios. El 6-2 inicial y el break temprano en el segundo set dibujaban el guion clásico de una favorita que no se complica.

Pero el partido cambió de temperatura. Osaka empezó a apretar la raqueta, a mirar más al suelo que a la pista rival. El brazo se encogió en los momentos clave y Siniakova, sin nada que perder, se metió en el duelo a base de insistencia. La checa aprovechó las dudas, recuperó el break y, punto a punto, fue inclinando el set hasta forzar el 5-7.

La Arthur Ashe se quedó en silencio unos segundos. Osaka, también.

El tercer set fue otra historia. La japonesa tiró de oficio, de memoria competitiva. Redujo errores, recuperó profundidad con el drive y volvió a mandar con el saque. Siniakova ya no tuvo margen de respuesta. El 6-1 final fue contundente, casi terapéutico, después del bache emocional de la segunda manga.

La Osaka de los grandes escenarios vuelve a asomar

Este verano en pistas rápidas tenía un significado especial para Osaka. El tramo norteamericano del calendario siempre fue su territorio: ahí están los títulos del US Open de 2018 y 2020 como prueba. Pero, a diferencia de otros años, llegaba a Nueva York con algo más que recuerdos.

Por primera vez en mucho tiempo, su temporada sobre tierra batida y hierba no fue un simple tránsito. Alcanzó la cuarta ronda en Roland Garros y los cuartos de final en Wimbledon, sus mejores resultados de siempre en esas superficies. En Londres, sobre un césped históricamente incómodo para ella, firmó una victoria de enorme peso ante la número 1 del mundo, Aryna Sabalenka, en octavos de final. Luego pagó el esfuerzo en cuartos, agotada tras disputar la final de Bad Homburg la semana anterior, pero el nivel recordaba a la Osaka que levantó su último grande en el Australian Open de 2021.

Con ese impulso aterrizó en Estados Unidos. Con confianza. Y también con una mochila nueva: la de las expectativas elevadas.

Esas expectativas se han notado desde el primer día en Nueva York. En su debut, un 7-6(6), 7-6(3) ante Anastasia Zakharova, dejó escapar un break en cada set y necesitó dos desempates agónicos para cerrar el partido. Nerviosa, errática por momentos, pero ganadora. Ante Siniakova, el coste fue mayor: esta vez los nervios le robaron un set entero.

Lo que no le han quitado es la capacidad de encontrar soluciones cuando el partido se enreda. Osaka habló de la importancia de tirar de su “banco de memoria” competitiva, de recordar finales como la del Australian Open 2019 ante Petra Kvitova para saber cómo gestionar un tercer set cuando las piernas pesan y la cabeza duda. Esa experiencia, dice, es el gran tesoro de esta etapa de su carrera.

Tenis, moda y una figura que incomoda

Hablar de Osaka hoy ya no es solo hablar de tenis. Cada Grand Slam se ha convertido en una pasarela inesperada: entradas en pista y equipaciones pensadas al detalle, diseñadas para contar algo más allá del marcador. En este US Open, sus conjuntos rinden homenaje a Allen Iverson, icono de la NBA y símbolo de rebeldía y autenticidad.

Esas elecciones estéticas generan conversación, titulares y, también, una buena dosis de críticas. Una parte del público la acusa de buscar atención, de distraerse de lo “importante”. No es nuevo. Su exposición mediática, sus problemas de salud mental en 2021 y su activismo antirracista al inicio de la década la colocaron en el centro de un debate que muchas veces se ha movido en terreno pantanoso, con reproches en evidente mala fe.

Osaka, tímida por naturaleza, ha encontrado en la moda una vía más sencilla para expresarse que los micrófonos. No grita, no gesticula, no busca el foco con grandes frases. Lo hace con colores, formas y referencias culturales. Al final, como ella misma recuerda, es una deportista que corre detrás de una pelota para entretener a la gente. No hay tragedia en que lo haga con un vestido llamativo.

Un cuadro exigente y un horizonte tentador

El camino en este US Open no le regala nada. Entre las candidatas al título, Osaka carga con uno de los cuadros más duros: Elena Rybakina, segunda cabeza de serie, asoma como posible rival en octavos de final. Antes de pensar en ese duelo, necesita consolidar su tenis, domar los nervios y encadenar por fin un partido completo sin altibajos.

Mientras tanto, el torneo femenino va marcando posiciones. Iga Swiatek, octava favorita y campeona en 2022, dio un paso más en su reconstrucción en Nueva York con una victoria sólida por 6-3, 6-2 ante Nadia Podoroska para avanzar a segunda ronda. La británica Harriet Dart, procedente de la previa, apenas tuvo opciones frente a la cabeza de serie número 25, Marie Bouzkova, que se impuso con un claro 6-2, 6-2.

En el cuadro masculino, Félix Auger-Aliassime, tercer favorito y semifinalista el año pasado, se despidió antes de tiempo. Aquejado de mareos y malestar físico, cedió por 6-7(5), 6-3, 6-2, 6-2 ante Karen Khachanov, un golpe duro para uno de los jugadores llamados a pelear por las rondas finales.

Osaka, mientras tanto, sigue en pie. No ha encontrado todavía su versión más limpia, pero ha recuperado algo igual de valioso en un Grand Slam: la costumbre de ganar partidos complicados. En una quincena que ya ha visto caídas inesperadas y cuadros abrirse de golpe, su mezcla de talento, memoria y carácter vuelve a ser una amenaza real.

La pregunta es cuánto tardará en juntar todo a la vez. Porque si lo consigue en Nueva York, el torneo puede cambiar de dueño en un abrir y cerrar de ojos.