Naomi Osaka avanza a octavos del US Open tras un intenso duelo
Naomi Osaka volvió a sentir el pulso de Nueva York. Bajo los focos del Louis Armstrong Stadium, la japonesa se agarró al torneo y tumbó a Elise Mertens en un duelo tenso, cambiante, que se decidió por detalles: 6-3, 3-6, 7-5. Victoria de carácter, más que de control. De supervivencia, más que de brillo.
Arranque imponente de la bicampeona
Desde el primer set, Osaka dejó claro que no había vuelto a Flushing Meadows para hacer turismo. Tomó la iniciativa, ajustó la mira con el servicio y, en cuanto encontró ritmo, encadenó tres juegos consecutivos para pasar del 1-1 al 4-1.
Con la ventaja en el marcador, protegió su saque con una serie de primeros servicios pesados, casi inabordables para la belga. Cerró el parcial por 6-3 con la autoridad de quien conoce cada rincón de este estadio y sabe cómo se juega de noche en Nueva York.
Mertens responde y voltea el guion
La historia cambió en el segundo set. Osaka salió igual de agresiva, dominando desde el fondo y logrando un quiebre en el tercer juego que parecía encarrilar el partido. Pero la belga se negó a ser simple comparsa.
Mertens ajustó la devolución, alargó los intercambios y obligó a Osaka a golpear siempre una bola más. La japonesa empezó a fallar, cedió inmediatamente el break y, con él, la iniciativa. La belga encadenó dos juegos seguidos, se metió de lleno en el duelo y acabó nivelando el encuentro en sets con un 6-3 que reflejó mejor su reacción que cualquier estadística.
De un dominio casi total, Osaka pasó a tener dudas. Y Mertens olió sangre.
Un tercer set de vaivenes y nervios
El desenlace se jugó en el filo. En el set decisivo, Mertens aprovechó una racha de errores no forzados de Osaka para tomar ventaja. La japonesa perdió precisión, encogió el brazo por momentos y se vio obligada a pedir un tiempo médico, una pausa que congeló el ambiente y abrió un nuevo capítulo en el partido.
A partir de ahí, la dinámica cambió otra vez. Osaka regresó a pista con gesto serio, redujo riesgos en los intercambios y empezó a recuperar terreno bola a bola. Cuando el duelo entró en su tramo final, ya no había margen para especular.
La presión terminó por caer del lado de Mertens. Osaka logró el break en los últimos juegos, apretó el puño y, con el marcador 5-5, encontró de nuevo la mejor versión de su saque. Un ace limpio la llevó al 6-5, una estocada directa en un momento crítico. En el juego siguiente, ya con la cinta del partido en la mano, no la soltó: cerró el 7-5 y se aseguró el billete para los octavos de final.
Osaka, sincera ante la grada
Al terminar, Osaka no disimuló su sorpresa por cómo había girado la noche. “Honestamente, no puedo creer que haya ganado este partido”, admitió sobre la pista, dirigiéndose a un público que la había acompañado en cada punto apretado.
También se tomó un momento para disculparse por su comportamiento durante algunos pasajes del encuentro, incluido un gesto de frustración en el que lanzó la raqueta. Un detalle que muestra el nivel de tensión que alcanzó el duelo y la exigencia que se impone a sí misma en un escenario donde ya sabe lo que es levantar el trofeo.
Un reto mayor en el horizonte
El premio a esta victoria sufrida es una cita en octavos de final ante Elena Rybakina o Yulia Starodubtseva. Dos perfiles muy distintos, un mismo desafío: elevar todavía más el nivel.
Osaka ya ha demostrado que el instinto competitivo sigue intacto. Ahora falta saber hasta dónde puede llevarlo en un torneo que, una vez más, parece dispuesto a escribir su nombre en grande o a ponerla al límite. En Nueva York, casi nunca hay término medio.






