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Murray complica el cierre de Inglaterra con su feroz final

El tramo final de la entrada de Inglaterra, que apuntaba a un cómodo acelerón hacia los 300, terminó convertido en un campo minado por la mano firme de Cara Murray y la disciplina de Irlanda. De golpe, el marcador, que respiraba con soltura, empezó a encogerse.

Inglaterra cae de 260-4 a 288-8. Tres wickets por solo 10 carreras. Y siempre, el mismo nombre en el centro del huracán: Murray.

La ráfaga de Murray cambia el guion

El primer aviso serio llega con Freya Kemp. Con 23 carreras a su nombre y la intención clara de castigar a la spinner, Kemp avanza y la levanta por el centro. El golpe parece limpio, casi de manual. Pero en long-off espera Gaby Lewis, capitana de Irlanda, que se estira hacia su izquierda, controla el cuerpo, la pelota y el equilibrio al borde mismo de la cuerda. Kemp cede, Inglaterra se queda en 260-5 y la sensación de seguridad empieza a resquebrajarse.

El golpe psicológico es inmediato. Charlie Dean, capitana de Inglaterra, entra con determinación. Su primera bola de Murray la manda con autoridad por mid-wicket para cuatro. Declaración de intenciones. Pero la respuesta de la spinner es igual de tajante: siguiente entrega, ligero desvío, un toque apenas perceptible, y Amy Hunter cierra las manos detrás del wicket. Dean cae por 4. Inglaterra, de repente, se ve en 264-6 y con el mando en duda.

El trabajo de Hunter detrás de los palos también pesa. No solo por la captura, sino por la rapidez con la que rompe los stumps, hasta el punto de que durante un instante el método de la eliminación genera dudas. Da igual: el daño ya está hecho y Murray suma otro wicket a su cuenta.

La presión no se detiene. Mady Villiers intenta devolver el golpe, busca altura y distancia por mid-wicket. No encuentra ninguna de las dos. El balón cae en las manos de Louise Little, unos metros por delante de la cuerda. Villiers se va por 3, y el marcador se hunde hasta 270-7. Tres wickets, diez carreras. Inglaterra entra en territorio peligroso justo cuando debía despegar.

Kelly se despide con wicket, Lewis y Hunter blindan el campo

El asedio irlandés no solo lleva el sello de Murray. En su último partido internacional, Arlene Kelly también deja huella. Ryana MacDonald-Gay intenta forzar en el deep, pero el golpe encuentra a Cara Murray corriendo desde la frontera. Toma la pelota con suavidad, casi con naturalidad, y MacDonald-Gay se marcha por 7. Inglaterra, 288-8, y la entrada que parecía encaminada a un cierre cómodo se convierte en un ejercicio de supervivencia.

Antes de ese colapso, Irlanda ya había marcado el tono. Kia McCartney completa su cuota con 1-53, limitando daños en un momento en el que Inglaterra buscaba acelerar. Cada over ajustado, cada single rascado, iba sumando presión.

En los laterales, el trabajo de manos también sostiene el plan. Lewis brilla de nuevo en la frontera con esa captura frente a Kemp, una acción que deja a la inglesa en estado de incredulidad. Hunter, por su parte, combina reflejos y lectura del juego para aprovechar cada mínima opción detrás del wicket. Irlanda no regala nada.

Gibson resiste, pero la meta cambia

En medio del derrumbe, Dani Gibson intenta mantener viva la entrada. Suma límites con autoridad: un corte preciso a Lara McBride a través de la cobertura, otro golpe final al over de Orla Prendergast, adelantándose en el crease y levantando la pelota por encima del lado leg. Su potencia, acompañada de ese backlift alto que le permite golpear con violencia a través de la línea, ofrece a Inglaterra un respiro y algunas carreras vitales.

Sin embargo, el contexto ya no es el mismo. Lo que hace unos overs parecía una plataforma ideal para un 300 largo se transforma en una carrera a contrarreloj para asegurar, al menos, esa cifra redonda. Irlanda ha ido “picando piedra”, como quien talla una entrada a base de paciencia, hasta encontrar la grieta.

Murray, con cuatro wickets en el partido y ocho en la serie, se consolida como la gran protagonista con la bola. Su plan es claro: más directa, más bolas a los palos, más preguntas incómodas para las bateadoras inglesas. El resultado está a la vista en el marcador y en los rostros.

Inglaterra debería alcanzar los 300. Esa sigue siendo la lógica. Pero ya no se trata solo de cuánto sumará, sino de si esa cifra bastará ante un equipo irlandés que ha cerrado la entrada rival con carácter y que ahora sabe que, si batea con la misma claridad con la que ha lanzado, tiene una oportunidad real de cambiar el guion de la serie.