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Mourinho y la derrota más hermosa en el Camp Nou

Hay noches que no se olvidan, aunque el marcador no te sonría. Para José Mourinho, el 28 de abril de 2010 en el Camp Nou no fue solo una derrota. Fue, como él mismo la bautizó, "la derrota más hermosa de su vida" y un "milagro histórico". Y cualquiera que recuerde aquella batalla entiende por qué.

Inter llegaba a Barcelona con una ventaja seria, pero no definitiva: 3-1 logrado en San Siro ante el campeón vigente y gran favorito a revalidar la Champions. El Barça de Pep Guardiola, el equipo que marcaba la pauta en Europa, el que jugaba de memoria alrededor de Lionel Messi, tenía 90 minutos para arreglarlo todo en su casa.

Lo que encontró fue un muro.

El plan: apagar a Messi, resistir al Camp Nou

El plan de Mourinho era simple de explicar y durísimo de ejecutar: cortar la conexión de Messi, cerrar todos los caminos interiores y sobrevivir. Inter sabía que iba a sufrir. Lo asumió desde el primer minuto.

El partido se torció pronto para los italianos. Thiago Motta vio la roja y dejó a su equipo con diez hombres durante una hora. Sesenta minutos de asedio ante un Barça obligado a remontar, con un Camp Nou encendido y con la sensación de que el gol acabaría cayendo una y otra vez.

Cayó solo uno.

Guardiola movió piezas, Messi buscó espacios donde no los había, el balón circuló, el Barça empujó. Inter retrocedió, se hundió cerca de su área, pero no se rompió. El 1-0 local no bastó. El plan de Mourinho había funcionado al límite, pero había funcionado: Messi quedó lejos de su versión más dañina y el campeón se quedó corto en su intento de remontada.

El dedo al cielo y los aspersores encendidos

El pitido final desató una de las imágenes más icónicas de la carrera de Mourinho. Índice alzado, gesto desafiante, el portugués irrumpió en el césped del Camp Nou corriendo hacia sus jugadores, celebrando como si la derrota fuera una goleada a favor.

Esa vuelta al campo no gustó a todos. La escena se volvió casi teatral cuando, en plena fiesta interista, comenzaron a encenderse los aspersores del césped. Agua sobre los campeones de Italia, como si alguien quisiera apagar la celebración y expulsarlos simbólicamente del templo blaugrana.

No lo lograron. Aquella noche quedó grabada como el gran golpe psicológico de Mourinho al Barça de Guardiola. Inter había perdido el partido, pero había ganado la eliminatoria y algo más: un lugar en la historia reciente de la Champions.

Pocas semanas después, el círculo se cerró en Madrid. En la final, Inter se impuso 2-0 al Bayern de Louis van Gaal y levantó la Champions, coronando un camino que tenía su capítulo decisivo en aquella sufrida noche de Barcelona.

De Milán a Madrid… y vuelta al punto de partida

El éxito europeo de 2010 cambió el rumbo de Mourinho. Ese verano dejó Milán para asumir el banquillo del Real Madrid. Permaneció en el club blanco hasta 2013, en una etapa marcada por duelos constantes con el Barça y por el intento de devolver al Madrid al trono continental.

El objetivo, sin embargo, quedó incompleto: no logró levantar la Champions con los blancos. Esa espina sigue ahí, incluso ahora, en su segunda etapa al frente del club más laureado de España.

Y el calendario ha querido que el pasado y el presente se crucen de nuevo. Este martes, en la primera jornada de la nueva fase de liga de la Champions, el Real Madrid de Mourinho se mide al Inter, el club con el que tocó el cielo europeo y escribió una de las historias más intensas de su carrera.

Aquella "derrota más hermosa" en el Camp Nou aún resuena. La pregunta es si, tantos años después, Mourinho puede transformar otra noche grande de Champions en el regalo que todavía le falta con el Real Madrid.