Moses Itauma pierde ante Filip Hrgovic en Londres
La noche que debía consagrar a Moses Itauma como uno de los campeones mundiales de peso pesado más jóvenes de la historia terminó en pesadilla. El invicto británico de 21 años salió del O2 Arena de Londres en camilla, rumbo al hospital, mientras Filip Hrgovic levantaba el cinturón mundial de la IBF y escribía su propia página de historia.
El croata, de 34 años, firmó un nocaut técnico en el noveno asalto, se adueñó del título vacante y se convirtió en el primer campeón mundial de los pesos pesados de su país. Un giro dramático en una velada que, durante varios asaltos, pareció hecha a medida para el chico prodigio.
Un inicio de película para Itauma
Desde la campana inicial, Itauma boxeó como si quisiera resolver la pelea rápido. Zurda recta, precisa, repetida. Mandó mensajes claros y duros. En el segundo asalto, un gancho de derecha perfecto obligó a Hrgovic a recibir una cuenta de protección. El O2 rugió. La historia parecía alinearse con él.
El británico marcaba el ritmo, mandaba con la distancia y castigaba con combinaciones limpias. Cada vez que aceleraba, el croata retrocedía, obligado a agarrarse a su experiencia y a un mentón probado. La sensación era inequívoca: Itauma estaba ante su gran noche.
El quinto asalto encendió aún más el ambiente. En los últimos segundos, un uppercut potente levantó literalmente al público de sus asientos. El grito fue unánime, casi de celebración anticipada. Hrgovic tambaleaba, pero no caía. Aguantó, respiró hondo en la esquina y se negó a desaparecer.
El giro: del dominio al sufrimiento
A partir de ahí, el combate cambió de tono. Despacio, casi sin que el público lo notara al principio, el reloj empezó a jugar a favor del croata. Itauma nunca había pasado del sexto asalto como profesional. Esa frontera invisible empezó a pesarle en las piernas y en los pulmones.
El joven seguía lanzando, pero ya no con la misma chispa. Los golpes llegaban un poco más tarde, el regreso a la guardia un poco más lento. Hrgovic, curtido y paciente, comenzó a caminar hacia delante, a absorber castigo y a responder con manos cada vez más pesadas.
El croata sabía lo que estaba haciendo. Lo reconocería después: sentía que perdía asaltos, pero confiaba en su ritmo, en que el desgaste haría su trabajo. Y lo hizo. Itauma empezó a “vaciarse” a la vista de todos.
Noveno asalto: el campeón emerge
En el noveno, el combate entró en territorio cruel. Las piernas de Itauma ya no respondían igual. Cada paso atrás parecía una negociación con el equilibrio. Hrgovic olió la debilidad y se lanzó.
Golpes arriba, golpes abajo, presión constante. El británico se tambaleaba, cerca de desplomarse sin necesidad de un golpe definitivo. El croata no dejó respirar al joven aspirante, y la sensación de peligro se volvió alarmante.
El árbitro Howard Foster decidió intervenir. Al mismo tiempo, desde la esquina de Itauma, su entrenador Ben Davison arrojó la toalla. Doble señal de alto. El combate se acabó ahí, con Hrgovic completando una remontada impresionante ante un rival que, hasta entonces, no conocía la derrota.
Silencio en el O2 y preocupación por Itauma
Lo más inquietante llegó después del final. Mientras el nuevo campeón celebraba, las cámaras se giraron hacia una escena mucho más sombría: Itauma abandonaba la zona de ring en camilla, inmovilizado, camino del hospital.
El promotor Frank Warren explicó que el joven había sufrido una lesión en la pierna, un problema que podría ayudar a entender sus crecientes dificultades de movilidad en los asaltos finales. El dato no resta mérito a Hrgovic, pero sí añade una capa de preocupación sobre el estado del británico y sobre cómo se torció la noche.
Hrgovic, campeón y juez del futuro
Ya con el cinturón en la cintura, Hrgovic habló con una mezcla de alivio y asombro por lo que había logrado en ese noveno asalto. Reconoció que no sabía de dónde había sacado la energía en ese tramo final y lo atribuyó a una fuerza casi espiritual.
Sobre Itauma, fue rotundo: elogios sin reservas. Lo definió como un boxeador “único”, el mejor con el que ha compartido ring, aunque todavía necesitado de más experiencia. Una frase lo resumió todo: “Yo soy el presente, él es definitivamente el futuro”.
La victoria, además, le sirve para enterrar el mal sabor de boca de su derrota en 2024 ante Daniel Dubois, la única mancha de su carrera profesional hasta ahora, en una pelea por el título interino de la IBF. Aquella noche dejó dudas. Esta las despejó.
El horizonte del nuevo rey croata
Con el título de la IBF ya en su poder, Hrgovic mira más arriba. Piensa en unificar la división y ya ha apuntado directamente al campeón del WBC, Agit Kabayel, con quien incluso conversó sobre un posible choque futuro dentro del propio ring tras la pelea.
Frank Warren, por su parte, deslizó otro nombre sobre la mesa: Frank Sanchez, que cobró dinero por hacerse a un lado y permitir que este combate titular se llevara a cabo. El cubano aparece como una opción real para el próximo capítulo del croata.
Pero la noche, pese al drama y la preocupación, tuvo un dueño claro. Hrgovic se marcha de Londres como campeón del mundo, verdugo del invicto Itauma y guardián de un lugar en la historia que el británico soñaba con compartir junto a Mike Tyson.
La pregunta ahora no es solo cómo responderá el joven Moses a su primera derrota, sino cuánto tiempo tardará en volver a llamar a la puerta del título en un peso pesado que, de repente, tiene un nuevo campeón con ambición de mandar en toda la división.






