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Moses Itauma: ¿Nace un nuevo rey del peso pesado en Londres?

La noche del sábado en el O2 Arena puede marcar un antes y un después para el boxeo británico. Moses Itauma, 21 años, apenas 14 peleas profesionales, se asoma al trono vacante de la IBF frente al croata Filip Hrgovic. Un talento en plena erupción contra un veterano endurecido a golpes. Juventud contra experiencia, velocidad contra dureza.

Si Itauma levanta el cinturón, se convertirá en el campeón mundial del peso pesado más joven desde Mike Tyson en 1986. No es un eslogan de promotor; es el peso real de la historia posado sobre los hombros de un chico de Chatham que ha despachado a 12 de sus 14 rivales antes del límite. Un depredador precoz en una división que rara vez perdona la prisa.

Enfrente, nada de sparring de lujo ni escalón cómodo. Filip Hrgovic, 34 años, bronce olímpico en 2016, llega con un registro de 20 victorias y una sola derrota, 15 de ellas por la vía rápida. Un pesado grande, fuerte, con oficio y orgulloso de su mandíbula. El tipo de rival que, en teoría, debería responder a todas las preguntas que aún no se han hecho sobre Itauma.

Pero el ambiente que rodea esta pelea va en otra dirección. Entre entrenadores, exboxeadores y analistas, el veredicto se repite con una seguridad que roza la osadía: es la noche de Moses.

Varios referentes del boxeo coinciden en que, “sobre el papel”, Hrgovic representa el examen ideal. Un paso adelante serio, un nombre con currículum. Sin embargo, casi todos añaden el mismo matiz: no esperan que se convierta en un verdadero tormento para el británico. Hay quien llega a decir que será “una de las noches más fáciles” de la carrera de Itauma, con final de cuento: título mundial al bolsillo.

El gran interrogante no es quién gana, sino cómo y cuándo.

La mayoría coloca a Itauma como claro favorito, destacando que es “sin duda un boxeador mejor”, aunque todavía no probado a larga distancia. Ahí se abre el único resquicio para la intriga. Hrgovic es duro, aguanta castigo, sabe sufrir. Hay voces que imaginan dos combates en uno: un inicio arrollador de Itauma, con la posibilidad de “volarlo temprano” gracias a su precisión, y una segunda mitad en la que el croata, si sobrevive a la tormenta, pueda convertir la pelea en algo más áspero, más físico, más incómodo.

Aun así, casi todos llegan al mismo destino: Itauma arriba en el desenlace. Hrgovic se corta con facilidad, y más de un experto ve el final en esas heridas, no en un solo golpe devastador. El razonamiento es simple: si Itauma conecta con la frecuencia que se espera, la piel del croata podría no resistir.

El análisis técnico se repite con matices, pero con una idea central. Hrgovic es valiente, resistente, pero se planta demasiado erguido, se ofrece al impacto. Itauma, en cambio, “tiene el paquete completo”: entra y sale de la distancia, es rápido, ligero de pies como un crucero, pero con la pegada de un pesado. Un cóctel que, en este nivel, suele decidir.

Algunos van aún más lejos. Hay quien lleva tiempo asegurando que respaldaría a Moses “contra cualquier peso pesado del planeta, salvo Oleksandr Usyk”, y que, tras la última actuación del ucraniano ante Rico Verhoeven, incluso esa excepción empieza a tambalearse. Puede sonar prematuro, pero refleja el nivel de fe que despierta el británico en los círculos internos del deporte.

Los pronósticos, eso sí, difieren en la duración del castigo. Hay quienes imaginan una ejecución fulminante “dentro de tres asaltos”, sin término medio, sin fase de control. O Itauma lo resuelve pronto, o se convierte en la famosa “prueba de fuego” que todos esperan. Otros proyectan un final en el sexto o séptimo, con uno o varios derribos en el camino. También se maneja el escenario de un nocaut entre el cuarto y el quinto, o un desenlace más tardío por cortes, con la cara de Hrgovic abriéndose bajo la precisión del joven aspirante.

La crítica a Hrgovic es tan clara como el elogio a Itauma. El croata es fuerte, resistente, pero “unidimensional” con los pies: avanza, algo torpe, se echa hacia atrás sin ángulo y se queda a tiro. Un tipo peligroso, pero previsible. Justo el tipo de oponente que un contraatacador rápido, con buen sentido del tiempo, puede destrozar cerrando la distancia o golpeando en retirada.

En medio de tanta confianza, asoma una pregunta que atraviesa la velada: ¿se puede soñar con un joven peso pesado capaz de cambiar el paisaje de la categoría? Muchos piensan que sí. Hablan de la velocidad, la agilidad y, sobre todo, de la manera en que Itauma piensa el boxeo, de su lectura de los intercambios, como el factor que lo separa del resto de los grandes cuerpos de la división.

La mayoría de las predicciones se concentran en un mismo rango: Itauma campeón “dentro de seis asaltos”, desgastando a un Hrgovic robusto, físicamente fuerte, pero incapaz de seguir el ritmo y la precisión del británico.

El O2 Arena verá si esa convicción estaba justificada o si todos subestimaron, una vez más, a un veterano que se niega a ceder su sitio. Lo único seguro es que, cuando suene la campana, no solo estará en juego un cinturón. Estará en juego la respuesta a una cuestión mucho más grande: ¿estamos presenciando el nacimiento de la próxima gran era del peso pesado británico, o el sueño va demasiado rápido para su propio bien?