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Middlesex y Lancashire: Un Duelo de Cricket en el County Championship

En Merchant Taylors' School, en Northwood, el cricket inglés vivió una de esas jornadas que explican por qué el país sigue mirando al pasado mientras tantea su futuro. Vieja escuela desde una punta, promesa emergente desde la otra. Y, en medio, un desfile de bates derrotados.

Al final del segundo día, Middlesex manda el duelo de Division Two del County Championship con una ventaja de 212 carreras sobre Lancashire: 247 y 116-2 contra los 151 de la Rosa Roja. El marcador es frío. La historia, no.

Anderson, la vieja obra maestra

James Anderson, con la pantorrilla aún en guerra y a punto de no salir al campo, se pasó más de una hora bajando la colina desde el Benham End con el balón atado a una cuerda imaginaria. Costuras hacia arriba, ritmo justo, la pelota escapándose al último momento. Una exhibición de costura clásica que dejó a los bateadores de Middlesex pescando aire.

Terminó con 3-40, pero su impacto fue mucho mayor que esos números. El gran veterano solo cobró una víctima con una bola que, irónicamente, rompió el guion: se arrastró por el suelo y se coló por debajo del bate de Luke Hollman, que no sumó a su sobresaliente 54* de la víspera. No fue el típico golpe de genio; fue un error del terreno. El resto, pura presión.

Esa presión, acumulada bola a bola, abrió la puerta a sus compañeros. George Balderson atrapó lbw a Ben Geddes con la primera bola de su spell, cuando el bateador parecía asentarse. Ben Walkden, a su vez, arrancó los palos centrales de Harry Duke y Zafar Gohar en el espacio de tres entregas, una demostración limpia de cómo rematar un trabajo que otro ha preparado.

Ryan Higgins, que había sido dejado caer en slip con solo seis, se rehízo para aportar 44 de resistencia combativa, con drives firmes y un audaz ramp sobre Walkden por encima de la cabeza del guardameta Matty Hurst. Toby Roland-Jones respondió con tres fours por encima del lanzador, y Tom Helm conectó el único six de la entrada, un golpe de rabia tardía. Aun así, Middlesex se quedó otra vez corto del punto de bateo.

Allí parecía que el día sería de Lancashire. Pero el guion dio un giro brusco.

Helm y Sharma cambian la marea

Con una ventaja inicial de 96, Middlesex necesitaba respaldo con la bola. Lo tuvo, y de sobra. Helm abrió la herida. Keaton Jennings cayó lbw por uno, sin tiempo para asentarse. Harry Singh siguió poco después, obligado a tocar una bola brutal que se levantó desde apenas corta de longitud y acabó en manos del guardameta. Marcus Harris se convirtió en el quinto lbw del partido. Lancashire se desmoronaba.

Entonces apareció Naavya Sharma. Ya internacional con England Lions, el joven se plantó con una frialdad que contrastaba con el caos a su alrededor. Cuando arrancó el off-stump de Rocky Flintoff, la Rosa Roja estaba marchita en 35-4.

Hurst, improvisado como opener y sin fama de especialista en la posición, decidió que no se iba a rendir. Sobrevivió a un posible catch detrás y a un pelotazo en la rejilla del casco tras un bouncer de Helm. Aguantó, remendó, se aferró al crease. Sus 46 no fueron brillantes, fueron tercos, y sostuvieron el intento de reconstrucción.

Arav Shetty le dio algo de aire, incluso se permitió mandar a Helm por encima de long leg directo a la carpa de la cerveza. El propio Helm se cobró la revancha con un catch detrás que cortó de raíz esa osadía. Walkden sumó un 28 con varios boundaries que adornaron su jornada de all-rounder, pero Sharma volvió a intervenir, encontrando movimiento lateral para deshacerle la defensa. Y remató también a Hurst, al que dejó sin respuesta con otra bola que hizo lo justo para besar los palos.

Balderson intentó pastorear la cola, pero Helm (4-40) y Higgins (3-39) terminaron el trabajo. Lancashire, 151 y una montaña por escalar.

Holden pisa el acelerador

Middlesex volvió a la crease con la oportunidad de matar el partido a largo plazo. El comienzo, sin embargo, fue nervioso. Sam Robson prolongó su mala racha cuando Tom Bailey le arrancó el off-stump. Poco después, Balderson desparramó los palos de Hollman. Dos openers fuera, tensión en el ambiente.

Entonces Max Holden decidió que ya estaba bien.

Había empezado el día “en un pair”, con la amenaza de marcharse del encuentro sin un solo run. Lo que siguió fue un contraataque feroz. Golpeó la bola por todo el campo, marcando el ritmo a más de un run por bola, y alcanzó un 50 vibrante en el último over de la jornada. No fue solo una cifra; fue una declaración. Middlesex no se conformaba con la ventaja, quería el control absoluto.

Cuando cayó la luz, el tablero decía que Middlesex lideraba por 212 con ocho wickets en mano. Lancashire tenía tres puntos, los mismos que Middlesex, pero sensaciones muy distintas. Anderson había demostrado que su arte sigue intacto. Sharma, que alguien tendrá que recoger ese legado algún día.

La pregunta es si Lancashire encontrará mañana a alguien capaz de sostener el bate con la misma autoridad con la que sus lanzadores defendieron el orgullo hoy. Porque el tiempo, y el marcador, ya corren en su contra.