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Mercedes domina en el nuevo Madring rápido y peligroso

El sol cae a plomo sobre el nuevo Madring, a las afueras de Madrid, y el asfalto empieza a contar sus primeras historias serias de Fórmula 1. De momento, el guion tiene protagonistas claros: los Mercedes.

George Russell y Kimi Antonelli fueron los dueños del viernes. El británico encabezó la primera sesión con un margen de 0.286 sobre su compañero, mientras las referencias iban llegando a trompicones en un circuito nuevo, muy rápido y con un agarre tan alto como traicionero. Por detrás, los Ferrari de Charles Leclerc y Lewis Hamilton, y el Red Bull de Max Verstappen, completaron el primer mapa competitivo del Madring.

En la segunda sesión, cambio de nombre en lo alto, pero no de color: Antonelli firmó el mejor tiempo del día con un 1:33.662, seguido de cerca por Leclerc y Hamilton. Mercedes, sólido. Ferrari, al acecho. Red Bull, algo más tapado, pero siempre peligroso.

Un circuito que no perdona

Russell no se anduvo con rodeos al describir la pista. “Sin duda, es un circuito de muy alto riesgo”, advirtió el británico, que llega al fin de semana 66 puntos por detrás de Antonelli en el campeonato. Y fue más allá al compararlo con uno de los grandes iconos del calendario: para él, el Madring ofrece “menos margen que Mónaco, puramente por la velocidad”.

La idea es clara: en Mónaco los muros están encima del coche, pero la velocidad es mucho menor. Aquí, las curvas rápidas se suceden y las barreras parecen meterse en la trayectoria. Si te vas largo, no impactas paralelo a la marcha del coche; el muro te viene de frente, te “entra” en el ángulo. El error no solo se paga, se multiplica.

Todo esto sobre un asfalto nuevo que está poniendo a prueba a pilotos, ingenieros y neumáticos. Russell habló sin disfrazar el problema: el agarre es altísimo, pero los coches se deslizan con violencia. Con la degradación vista en la primera sesión, calculó, una carrera a seis paradas habría sido la opción más rápida. La segunda tanda mejoró algo el panorama, pero la gran incógnita del domingo sigue siendo cuánto durará realmente la goma.

Neumáticos, el rompecabezas del sábado

El arranque de la última sesión de libres ha dejado una fotografía clara del trabajo de los equipos. Los dos Audi han salido con el compuesto medio amarillo, mientras el resto de la parrilla ha optado por el blando. Solo Liam Lawson, que se sube al Red Bull en lugar de Isack Hadjar, ha decidido ir a contracorriente: duro montado y a rodar.

La apuesta no ha sido tímida. Lawson ha llevado su coche hasta la segunda posición en la tabla de tiempos, solo por detrás de Nico Hülkenberg. Un mensaje directo: incluso con el compuesto más conservador, el Red Bull está en la pelea.

En el otro extremo del garaje de Faenza, el día se ha torcido pronto. El Racing Bulls de Arvid Lindblad ha pasado buena parte de la mañana en alto, sobre borriquetas, con los mecánicos trabajando bajo el coche. No hay prisa en sacarlo a pista porque, sencillamente, no está listo. Después del fuerte accidente del viernes camino de la curva 13, cada minuto de reparación cuenta. Cada vuelta perdida, también.

Estrategia en un trazado sin respiro

La gestión de neumáticos se ha convertido en el eje de todas las conversaciones en el paddock. Alice Powell, analista y piloto, recordó que en los libres del viernes ningún piloto de cabeza utilizó el duro. Los Mercedes se centraron en tandas largas con el medio, mientras Leclerc y Verstappen apostaron por stints más prolongados con el blando, un gesto de confianza en la capacidad del compuesto para aguantar bajo alta exigencia.

El detalle no es menor: hacer tandas largas con el blando, en un asfalto nuevo y abrasivo, implica creer que el neumático “se queda debajo del coche”, que no se desintegra al primer sobrecalentón. Y, de momento, las sensaciones acompañan algo más de lo esperado.

El precedente de la Fórmula 3 añade otro matiz. En la carrera de la categoría telonera, la degradación no fue tan dramática como suele ser en otros trazados. Eso abre la puerta a estrategias menos conservadoras en Fórmula 1, pero con una advertencia clara: aquí se adelanta poco. Powell fue tajante: va a ser difícil pasar coches en pista.

En un circuito de alto riesgo, con poca escapatoria efectiva y muros que se acercan al radio de las curvas rápidas, salir atrás no es solo un problema estratégico; es un problema de supervivencia.

Madrid brilla, el Madring muerde

El contraste es curioso. En la pista, tensión. Fuera de ella, un ambiente casi festivo. Cielo completamente despejado, ni una nube, sin apenas viento; la bandera al final del pit lane cuelga casi inmóvil, como si también estuviera observando el estreno del trazado madrileño.

Los que caminan por el pit lane hablan maravillas de la ciudad, pero no pueden evitar la comparación: el Madring, situado cerca del aeropuerto, tiene algo de circuito incrustado en una zona funcional, casi industrial. Más de uno bromea con la sensación de estar corriendo alrededor de un Heathrow español.

La estética, sin embargo, importa poco cuando se encienden los motores. Lo que cuenta es lo que viene ahora.

Última llamada antes de la verdad

La tercera sesión de entrenamientos libres, a las 11:30 BST, es la última oportunidad para que los 22 pilotos terminen de domar un circuito nuevo, rápido y sin perdón. Después solo quedará la criba: a las 15:00 BST se encienden los semáforos de Q1.

Mercedes llega con autoridad, Ferrari con colmillo afilado y Red Bull, como casi siempre, con la sensación de que aún no ha enseñado todas sus cartas. El asfalto, los neumáticos y el riesgo extremo del Madring ponen el resto.

La pregunta ya no es si el circuito está a la altura. La cuestión es quién se atreverá a ir más cerca del muro cuando de verdad cuente.