Max Verstappen habla sin filtros sobre su futuro en Red Bull
Monza, 35 grados, el asfalto hirviendo y el motorhome de Red Bull convertido en un invernadero. Max Verstappen entra, mira el ventilador, lo gira un poco hacia su cara y sentencia: “Hace demasiado calor aquí”. Ni sonrisa, ni chiste. Está en modo serio. Más de lo habitual.
Acaba de renovar dos años más con Red Bull, hasta 2030 en teoría. En la práctica, poco cambia: siguen las cláusulas de rendimiento, sigue la puerta entreabierta a un futuro movimiento si el coche no responde. Pero Verstappen ha elegido quedarse. Y lo ha hecho en un momento en el que, por primera vez en años, admite abiertamente que no está donde quiere estar.
Un tricampeón sin título a la vista
“Por supuesto que no es donde quiero estar”, admite. No hay rodeos. “Como equipo estamos intentando aprender y entender muchas cosas para el año que viene. No estamos en una pelea por el título. Solo intentamos encontrar más rendimiento”.
El neerlandés no disimula la raíz del problema: el coche. No habla de mala suerte ni de detalles menores. Va al hueso.
“En general nos falta un poco de rendimiento. El coche no está donde quiero en cuanto a sensaciones, y el equilibrio en curva es demasiado irregular entre la entrada, el medio y la salida. Es algo fundamental en el coche que tenemos que trabajar para el próximo año”.
Ese “fundamental” pesa. Porque no es un bache puntual ni un simple desajuste dentro de este reglamento. Es una tendencia que viene de atrás, que se ha colado de una normativa a otra. Y dentro de Red Bull lo saben.
“Es exactamente eso. Dentro del equipo hablamos de cómo puede pasar, de cómo podemos arreglarlo. Es básicamente lo que estamos intentando hacer ahora. Algunas personas se han ido, otras nuevas han llegado. Con los nuevos estamos discutiendo qué podemos hacer. Si son solo algunos cambios, una filosofía diferente… ese tipo de cosas”.
Por qué se queda en Red Bull
Con ese panorama, la pregunta es inevitable: ¿por qué renovar? Verstappen baja el tono, pero no la claridad.
“Se reduce también a sentirte bien dentro de un equipo. Esto es como una segunda familia para mí. Creo que puedes darle la vuelta, construir hacia un futuro mejor con otra gente, gente nueva. Y al final no es solo la Fórmula 1 para mí. Hay muchas cosas que haré el año que viene en las que Red Bull también está involucrado. Me siento bien aquí. Para mí, este es el lugar correcto”.
No hubo grandes teatros de negociación. No lo presenta como una epopeya contractual.
“Siempre les dije: ‘No os estreséis por eso, trabajad en el coche’. Porque cuanto más rápido vaya el coche, más fácil es la decisión. Entiendo que a veces estuvieran un poco preocupados, pero yo solo estaba preocupado por lo que pasaba aquí. También estaba muy ocupado con mis cosas fuera de la Fórmula 1. Nunca pasé mucho tiempo hablando o intentando ir a otro sitio”.
La lealtad, en su caso, no es una pose. Es una elección consciente… y competitiva.
“No me importa el reto. No tengo ese deseo o necesidad de demostrar en otro coche que puedo ganar. Es fácil ir corriendo al coche más rápido y volver a hacerlo todo. Pero no soy así. No puedes ser el capitán del barco y, en cuanto algo no funciona, saltar del barco. Ha ido un poco hacia abajo después de los años dominantes, pero no me importa reconstruir. Es otro reto”.
Charlas con Mercedes y McLaren… y una decisión
En los últimos meses, su nombre ha sonado cerca de Mercedes y McLaren. Él no lo niega ni lo dramatiza.
“Cualquier conversación te la tomas en serio. Todas fueron muy respetuosas. No hay nada malo en eso. Sentí que quedarme era la elección correcta para mí. Tienes que seguir tu corazón. Podría haberme ido muy pronto en mi carrera en Red Bull para ir a otro sitio a intentar ganar. Si tienes un poco de paciencia, acabas ganando. Siento que ese es también mi enfoque ahora”.
Paciencia. Una palabra que rara vez se asocia a Verstappen en pista. Fuera de ella, parece ser su brújula.
El piloto que arrasó en el Infierno Verde
Cuando habla de su mejor carrera del año, no elige una cita de Fórmula 1. Se le iluminan los ojos con otro escenario: el Nordschleife, las 24 Horas de Nürburgring.
“Probablemente el Nordschleife. Fue súper guay poder hacer una prueba de resistencia con mis compañeros de equipo, los chicos que ganaron con el coche durante la temporada principal. Sabíamos que íbamos a ser muy fuertes. Alcanzamos nuestro pico en el momento justo, pero por desgracia el coche se retiró. Fue una experiencia increíble. Y pura. Puro motorsport”.
Su primer relevo, del décimo al primero, dejó a muchos boquiabiertos. Él lo cuenta como si fuera un ejercicio más.
“Lo estaba disfrutando. No eran condiciones fáciles. Empezó a lloviznar. La pista estaba resbaladiza. Accidentes. ‘Code 60’. Algunos decían: ‘A ver cómo lo hace en carrera bajo presión, con todos esos escenarios que nunca ha vivido’. Pero los he hecho un millón de veces en el simulador. He dado tantas vueltas y corrido tantas 24 horas en el simulador… Nunca me sentí fuera de mi profundidad. Estaba totalmente concentrado. Me lo pasé genial. Una vez en la carrera, cambias de nivel. Estaba en una especie de zona. Es muy disfrutable”.
No es una aventura aislada. Es un aviso de futuro.
“Todas las carreras de resistencia. Y, con el tiempo, por supuesto también Hypercar. No quiero precipitarme. Quiero hacerlo en el entorno adecuado. En mis términos. Y siendo competitivo”.
Le Mans y un sueño compartido con Alonso
Hay un nombre que aparece en cuanto se menciona Le Mans: Fernando Alonso.
“Hemos hablado de ello. Mira a Fernando. Tiene 45 años y sigue volando. Especialmente para Le Mans, con su experiencia, podría ser una buena opción. Tiene que encajar en nuestros calendarios. Tiene que tener sentido. Tiene que ser en mis términos. Y tiene que haber una posibilidad real de ir allí y ganarla”.
No es nostalgia. Es planificación. Verstappen ya dibuja una segunda vida deportiva, sin soltar todavía la primera.
Un campeón en guerra con los motores híbridos
Si hay un tema que le enciende de verdad, son las normas de motor actuales y las que vienen. Este año, en Japón, dejó caer una frase que resonó en todo el paddock: “¿Merece la pena?”. ¿Qué le hizo seguir?
“La esperanza de que sea mejor en el futuro. Aceptar dónde estamos ahora. Sigue estando el amor por el deporte. No por la conducción en este momento. Pero sí por el deporte. Me encanta la competición, de forma natural. Solo espero que en los próximos años, hacia 2030, solo pueda ir a mejor. Y empezar a sacar lo mejor de esto, porque estas son las reglas para los próximos cuatro o cinco años”.
¿Por qué estos híbridos estrangulan al piloto? Verstappen lo explica con una sencillez brutal.
“En la historia del deporte, normalmente el piloto más comprometido, el que frena más tarde, el que acelera antes, el que se lanza en las curvas rápidas, es el que se ve recompensado, porque ganas ese tiempo en la curva. Pero ahora estás pensando constantemente: ‘En esta curva quizá tenga que contenerme un poco. Acelerar más tarde. O frenar antes. O levantar. Y así tendré más velocidad punta’. Ese tipo de cosas. Es tan antinatural. No es como debería ser”.
Su crítica va más allá de la sensación personal. Apunta al propio ADN de los coches.
“Sin faltar al respeto, y espero que nadie lo malinterprete. Pero mira a Yuki Tsunoda. Se sube al coche de Racing Bulls en Zandvoort sin haberlo pilotado nunca. Inmediatamente competitivo. Liam Lawson pasa de Racing Bulls a Red Bull y también es inmediatamente competitivo. Es porque estos coches están anestesiados frente a los inputs del piloto. Sí, todavía tienes que hacer una buena vuelta y comprometerte. Los más rápidos siempre estarán delante. Pero está muy, muy limitado, como un estrangulamiento. Te tienen sujetado”.
El grito por el regreso del V8
La Fórmula 1 ya ha reconocido que debe ajustar el rumbo. El reparto entre combustión y parte eléctrica cambiará hasta un 60-40 para 2028. Verstappen va más lejos. Su ideal para 2030 no tiene medias tintas.
“Tiene que volver un V8, solo por la manejabilidad. Cuando conduces los coches antiguos, no te puedes imaginar la diferencia en cómo responde el motor, la manejabilidad que tienes. Y lo terrible, lo horrible que es ahora comparado con tener un V8”.
Ni siquiera salva a los últimos turbo-híbridos.
“También horrible, la sensación comparada con un V8. El V8 es mucho mejor. Mucho más libre, más ligero. Los coches ahora son muy pesados. Es mejor tener un V8 más pequeño, mucho más ligero. Intentar limitar de verdad el tamaño de la batería, quizá a algo tipo ‘push-to-pass’. Pero no deberías tenerla involucrada en el rendimiento normal”.
¿Y sin turbo?
“Idealmente no, porque eso introduce ‘turbo lag’”.
Lo que añora no es solo el tacto mecánico, sino la emoción sensorial.
“He tenido la suerte de que los últimos años han sido bastante decentes en resultados. No como yo quería en el lado de la batería. Pero la emoción del V8, del V10, cuando era niño… Caminabas por el paddock, escuchabas salir a los coches, se te ponía la piel de gallina. Aunque vayas a 300 km/h comparado con ahora, a veces 350, 360, da igual. Es la emoción del ruido, de la vibración. Es otro nivel. Y de verdad espero que eso vuelva”.
El “máquina de ganar” que sabe desconectar
Desde fuera, Verstappen se percibe como una máquina de ganar, fría, implacable. Él matiza.
“Soy una máquina de ganar cuando tengo que serlo. Pero también puedo desconectar y disfrutar de mi vida fuera de las carreras. Cualquier cosa relacionada con las carreras, por supuesto que soy una máquina de ganar. Exijo mucho a la gente del equipo. Ellos también esperan que yo rinda y haga el mejor trabajo posible. Para eso te pagan al final del día. Tenemos el mismo objetivo”.
Esa exigencia no se queda en la Fórmula 1.
“Puedo ser muy directo. Es lo que me gusta. Es también nuestra cultura. Y es cómo enfoco mi vida fuera de la F1, con mi equipo de GT3. No nos guardamos nada. Para mí, tienes que ser así para sacar lo mejor de todos”.
Un piloto sin máscara
Verstappen no se esconde detrás de discursos pulidos. No lo ha hecho nunca. Y no tiene intención de empezar ahora.
“Solo quiero ser yo mismo. Sé que hay mucha política en la Fórmula 1, y entiendo que entre los equipos también. Siempre hablarás por ti mismo en cuanto a dónde crees que puedes tener una ventaja o no como equipo. Es normal. Con los motores y los chasis, igual. Cuando es bueno, es bueno. Cuando es malo, es malo. Lo vas a oír de mí, porque es como me gusta operar. Y no me voy a contener”.
Suda en un hospitality recalentado, ajusta un ventilador, habla de V8, de Le Mans, de barcos que no se abandonan. No tiene el coche dominante, ni el campeonato en la mano. Tiene otra cosa: un nuevo reto dentro del mismo equipo.
La pregunta ya no es si Verstappen seguirá ganando. Es cuánto está dispuesto a cambiar la Fórmula 1 para no perder a un piloto que, incluso en su momento más crítico, sigue diciendo que se queda… pero solo si le devuelven la esencia de las carreras.






