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Mark Wood se despide del cricket internacional: el velocista inglés se retira

Mark Wood ya no volverá a correr con la camiseta de Inglaterra. El rápido de Durham, uno de los lanzadores más veloces que ha tenido el cricket inglés, ha anunciado su retirada del cricket internacional con efecto inmediato a los 36 años, agotado por un cuerpo que dejó de acompañarle mucho antes que su carácter.

“Parece un momento natural al final de mi contrato”, explicó en un comunicado en redes sociales. Natural para él. Doloroso para cualquiera que haya sentido el rugido de la grada cada vez que se lanzaba desde su larguísimo run-up.

Un cuerpo al límite

La última etapa de Wood con Inglaterra fue un combate constante contra las lesiones. Volvió al equipo en el primer Test de los Ashes en Perth, en noviembre, después de 15 meses fuera por una lesión de codo y una posterior operación de rodilla. Había peleado, otra vez, para regresar.

Duró 11 overs.

La rodilla izquierda volvió a hincharse. Mismo punto débil, mismo desenlace: vuelo de regreso a casa para tratamiento. No volvió a jugar para Inglaterra.

“Siempre he intentado ser resiliente y regresar de las lesiones para demostrar a la gente lo que podía hacer. Desgraciadamente, esta vez perdí la batalla”, admitió. Los médicos fueron tajantes: el Test cricket y el formato de 50 overs ya no eran posibles. El sueño de seguir con Inglaterra, como él mismo dijo, se fue desgastando durante el último año.

Aun así, dejó claro que quiere seguir vinculado al cricket de alguna forma. El fuego competitivo sigue ahí. Es el cuerpo el que ya no responde.

Cifras de impacto, carrera interrumpida

Debutó en 2015 y se despidió con 119 wickets en 38 Tests, parte de ellos en aquel verano en el que Inglaterra recuperó los Ashes en casa. Entre medias, un rosario de problemas físicos: tobillo, rodilla, codo. Siempre algo. Siempre un freno.

En 2018, para aliviar el castigo sobre su cuerpo, alargó su carrera de aproximación. Un gesto casi desesperado para seguir haciendo lo que mejor sabía: lanzar rápido. Muy rápido. El cambio no le quitó velocidad y le permitió estar en el centro de algunos de los mayores éxitos recientes de Inglaterra.

En el Mundial de 50 overs de 2019 fue pieza clave: 18 wickets y un lugar en el XI que levantó el trofeo en Lord’s. También formó parte de la plantilla que ganó el T20 World Cup en 2022, aunque se perdió los tramos finales del torneo por un problema en la pantorrilla.

Sus números en el cricket de bola blanca hablan de impacto inmediato: sexto máximo wicket-taker de Inglaterra en T20 masculino, con 54 en 38 partidos, y 80 wickets en 70 one-day internationals. Pocos partidos, mucha huella.

El vértigo de la velocidad

Cualquiera que haya jugado al cricket, en cualquier nivel, ha soñado con lanzar rápido. De verdad. Hacer que el bateador se encoja, que los stumps salgan volando. Mark Wood vivió ese sueño a máxima potencia.

La imagen era inconfundible: Wood entrando a toda velocidad, lanzándose literalmente fuera de sus pies tras soltar la bola. Una estampa que electrificaba estadios. No solo por la velocidad, sino por cómo la envolvía con su personalidad: cercano, bromista, siempre recordando que el cricket también es diversión.

Cuando el cuerpo le daba tregua, era devastador. En St Lucia, en 2019, destrozó a West Indies con ese nuevo run-up más largo, una exhibición que dejó claro de qué era capaz en la segunda mitad de su carrera.

En la desastrosa gira de los Ashes 2021-22, fue de los pocos ingleses que salieron con crédito. Y su regreso a la serie de 2023 fue de los que se quedan grabados.

Reservado hasta el tercer Test, con Inglaterra 2-0 abajo, irrumpió en Headingley como un relámpago. Lanzó “a la velocidad de la luz”, según muchos, y firmó uno de los grandes spells de los Ashes recientes, coronado por ese misil de 95 mph que tumbó a Usman Khawaja. Puro caos controlado.

En el cierre de aquel Test, en una persecución de runs agónica, fue él quien se quedó en el crease junto a Chris Woakes para rematar la victoria. Dos jugadores que Inglaterra había guardado hasta el tercer partido. Sin el verano que firmaron ambos amigos, la serie habría acabado en paliza australiana.

Campeón en todos los frentes

Wood fue un comodín de lujo para Inglaterra en todas las formas del juego. Estaba en el XI en el día inolvidable de Lord’s, en 2019, cuando el Mundial se decidió en un final de película. Salió a batear junto a Ben Stokes pese a arrastrar una lesión. Apenas podía correr. Aun así, ahí estaba.

También formó parte de la plantilla que levantó el T20 World Cup en 2022. Y pertenece a un grupo muy reducido: jugadores ingleses que han ganado los dos Mundiales y los Ashes. Formó parte del último equipo que recuperó la urna en 2015. Con su adiós, solo Joe Root sigue en el Test cricket inglés habiendo saboreado una victoria en los Ashes.

No hubo último baile en Australia. La larga recuperación de sus problemas de codo y rodilla no le devolvió la velocidad que Inglaterra necesitaba en la última gira. Solo pudo jugar el primer Test en Perth y llegó a decir el mes pasado que se sentía “avergonzado” por lo ocurrido. Un juicio duro, quizá excesivo, pero muy revelador de su nivel de exigencia.

Fin de una era para el pace inglés

Rob Key, director general del cricket masculino de Inglaterra, fue claro al valorar la despedida de Wood: “Ha sido un privilegio ver la última parte de una gran carrera. Ser un punto diferencial en victorias en los Ashes, en dos Mundiales, y emocionar a las gradas cada vez que tenía la bola en la mano es algo que muy pocos jugadores logran. Puede mirar atrás con un enorme orgullo por una carrera muy bien aprovechada”.

Su retirada no llega sola. Marca un corte generacional. Primero se fue Stuart Broad, luego James Anderson, después Chris Woakes y ahora Wood. Si se suma el desgaste de Ben Stokes, Inglaterra ha visto cómo desaparecían 1.871 wickets de Test en menos de tres años.

Queda el recuerdo del ruido, de la sensación en el estadio cuando el speaker pronunciaba su nombre y la grada se levantaba. Queda la imagen de un lanzador dispuesto a poner su cuerpo al límite en cada bola.

Mark Wood se va del escenario internacional con el cuerpo castigado, pero con algo que no se mide en estadísticas: la certeza de que, cuando el radar marcaba rojo y el público contenía la respiración, muy pocos en el mundo podían hacer lo que él hacía con una pelota en la mano.